PARTE 2: EL PRIMER ERROR

El silencio se volvió insoportable.

Todos miraban a Tom Barker.

Luego a Lily.

Después otra vez a mí.

Tom tragó saliva con tanta fuerza que incluso se escuchó en la habitación.

Lily fue la primera en reaccionar.

—¡Está intentando confundirnos! —gritó, secándose las lágrimas—. ¡Eso hacen las personas culpables!

Sonreí.

No porque hubiera ganado.

Sino porque acababa de cometer el error que esperaba.

—¿Confundir?

Di un paso hacia ella.

Seguía envuelta únicamente en la sábana, pero por primera vez desde que desperté en ese cuerpo, nadie parecía fijarse en mi aspecto.

Solo escuchaban.

—Entonces acláranos algo.

Lily retrocedió medio paso.

—Yo…

—Acabas de decir que escuchaste ruidos y pensaste que Elena estaba en peligro.

Ella asintió rápidamente.

—Sí.

—Pero cuando abriste la puerta no gritaste “¿Estás bien?”.

Silencio.

—No llamaste a un médico.

Silencio.

—No corriste hacia mí.

Silencio otra vez.

La miré fijamente.

—Lo primero que hiciste fue acusarme de infidelidad.

Un murmullo recorrió la habitación.

Algunas de las esposas de militares comenzaron a intercambiar miradas.

Era cierto.

Nadie que creyera encontrar a una amiga en peligro reaccionaría de aquella manera.


Marcus habló por primera vez desde hacía varios minutos.

—Eso no prueba nada.

Giré lentamente hacia él.

—¿No?

Él apretó la mandíbula.

—Podría haber entendido la situación al instante.

Negué con la cabeza.

—No, Marcus.

Mi voz salió tranquila.

—Las personas no entienden una situación antes de verla.

Hice una breve pausa.

—Solo la reconocen de inmediato cuando ya saben lo que van a encontrar.

Marcus frunció el ceño.

Era evidente que aquella idea acababa de sembrar una duda que no esperaba.


Tom intentó levantarse de la cama.

—Capitán… yo ya dije la verdad.

Lo observé unos segundos.

Después hice una pregunta sencilla.

—¿Cómo me llamo?

Él parpadeó.

—¿Qué?

—Si soy tu amante…

Incliné ligeramente la cabeza.

—¿Cómo me llamo?

Tom abrió la boca.

Nada.

Volvió a cerrarla.

Intentó otra vez.

Seguía sin salir una sola palabra.

La habitación quedó completamente inmóvil.

—No… no recuerdo…

—Qué extraño.

Sonreí apenas.

—Llevamos suficiente tiempo juntos como para destruir un matrimonio… pero ni siquiera recuerdas mi nombre.

Varias personas soltaron un murmullo.

Un soldado bajó la vista para ocultar una sonrisa.


Tom empezó a sudar.

—Estaba nervioso.

—Claro.

Asentí.

—Entonces dime otra cosa.

Señalé la habitación.

—¿De qué color son las cortinas de mi casa?

Silencio.

—¿Dónde está nuestra cocina?

Silencio.

—¿Cuál es mi comida favorita?

Nada.

Tom parecía buscar desesperadamente una respuesta en el techo.

No encontró ninguna.

Porque no existía.

Nunca había estado conmigo.


Lily dio un paso adelante.

—Eso no significa…

La interrumpí sin levantar la voz.

—Tú dijiste que yo lo llamé.

Ella asintió.

—Sí.

—Entonces, ¿cómo obtuvo mi número?

La expresión de Lily cambió apenas un instante.

Era suficiente.

—¿Lo anotó?

—¿Dónde?

No respondió.

—¿En un papel?

Silencio.

—¿En su teléfono?

Silencio otra vez.

Me giré hacia Tom.

—Enséñeles mi número.

Él se quedó completamente inmóvil.

—Enséñeles la llamada.

Nada.

—Enséñeles un mensaje.

Seguía sin moverse.

Levanté lentamente una ceja.

—Porque no existe.


Una de las vecinas levantó tímidamente la mano.

—Es verdad…

Todos giraron hacia ella.

La mujer tragó saliva.

—Si ella lo llamó… debería haber algún registro.

Otra esposa militar asintió.

—O al menos un mensaje.

Los murmullos comenzaron a extenderse.

Por primera vez…

La multitud ya no me miraba como a una adúltera.

Miraba a Lily.


Margaret Reed seguía con el rostro endurecido.

Pero ya no gritaba.

Observaba en silencio.

Pensando.

Eso era suficiente.

La duda acababa de entrar también en ella.


Marcus respiró profundamente.

—Tom.

El jornalero levantó la cabeza.

—Entrégame tu teléfono.

Todo el color desapareció del rostro de Lily.

—Marcus…

Él no la miró.

Solo extendió la mano.

—Ahora.

Tom empezó a temblar.

—Yo… lo perdí.

—¿Cuándo?

—Esta mañana.

—¿Dónde?

—No… no lo recuerdo.

Marcus permaneció inmóvil durante varios segundos.

Después bajó lentamente la mano.

Era un oficial.

Había interrogado a suficientes personas para reconocer cuándo alguien improvisaba.

Y Tom acababa de hacerlo.


En ese momento, desde el fondo del pasillo, se escuchó la voz apresurada de otro soldado.

—¡Capitán Reed!

Todos giraron.

El joven corría sosteniendo una pequeña bolsa transparente de evidencias.

Llegó jadeando hasta la puerta.

—Encontramos esto detrás del almacén.

Dentro de la bolsa había un pañuelo blanco.

Empapado por la lluvia.

Y una pequeña botella de vidrio con una etiqueta medio desprendida.

El soldado respiró hondo antes de añadir:

—El médico de la base dice que aún queda líquido suficiente para analizarlo… y sospecha que podría tratarse de un sedante de acción rápida.

Por primera vez desde que comenzó todo…

El rostro de Lily dejó de mostrar lágrimas.

Y empezó a mostrar miedo.

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