El subastador tomó la tarjeta negra de mi mano con ambas manos.
No porque fuera necesaria.
Todos en Northbridge sabían perfectamente quién era yo.
Adrian no.
O quizá llevaba tantos años viviendo de mi poder que había empezado a creer que era suyo.
—Señora Sullivan —dijo el subastador con una inclinación—, su autorización está confirmada.
La pantalla principal cambió.
MI PUJA: 30.000.000
SALDO DISPONIBLE: APROBADO
Después apareció la verificación del palco cinco.
Durante unos segundos, no pasó nada.
Luego una línea roja cruzó la pantalla.
PALCO CINCO: FONDOS NO DISPONIBLES.
El salón estalló en susurros.
Adrian se quedó inmóvil junto a la puerta, incapaz de mirar a nadie.
Olivia seguía en el palco, con una mano sobre el pecho y la otra apretando el borde de su vestido.
—Debe haber un error —dijo Adrian—. Mi empresa tiene activos de sobra.
—Activos no son efectivo inmediato —respondí—. Y las tarjetas suplementarias que usabas fueron suspendidas hace diez minutos.
Su rostro se volvió hacia mí lentamente.
—¿Tú hiciste esto?
—Protegí mi dinero.
—Ese proyecto era mío.
La frase casi me hizo sonreír.
—El proyecto lleva mi inversión, mi garantía y mi firma. Tú solo estabas autorizado a gestionarlo. Hay una diferencia.
Olivia bajó la cabeza.
—Ari, no importa el diamante. Podemos irnos.
Pero ya no le tembl