—Entendido —respondió Víctor—. Dame diez minutos.
Colgué.
Chloe soltó una pequeña carcajada.
—¿Eso era todo?
No respondí.
Quité las manos de los oídos de Sophia y me agaché frente a ella.
—Cariño, vamos a subir.
—¿A ver a papá?
Miré el collar de papel que todavía apretaba entre sus dedos.
—Sí.
Chloe se interpuso.
—Ya te dije que no estás invitada.
En ese instante, las puertas del ascensor se abrieron.
Un hombre de traje oscuro salió acompañado por dos miembros de seguridad.
Era Marcus Hale, presidente del consejo.
Cuando me reconoció, se detuvo en seco.
—¿Señorita Sterling?
La sonrisa de Chloe desapareció.
—¿Sterling? —repitió.
Marcus caminó directamente hacia mí.
—No sabía que asistiría esta noche. Si sus hermanos hubieran avisado…
—No vine como Sterling.
Miré hacia los ascensores.
—Vine como esposa de Dominic.
El rostro de Marcus cambió.
Entendió inmediatamente.
—¿Dónde está?
—Arriba —respondió Chloe apresuradamente—. Pero está acompañado por…
La miré.
—Su esposa y su hijo. Ya lo mencionaste.
Marcus palideció.
Subimos.
Cuando las puertas se abrieron en el piso cuarenta y dos, escuché los aplausos.
Dominic estaba sobre el escenario.
A su lado había una mujer de vestido blanco llamada Rebecca Hayes.
La conocía.
Consultora de la empresa.
Su mano descansaba sobre el brazo de Dominic.
Junto a ellos había un niño de unos ocho años.
Entonces el presentador anunció:
—Celebremos también la próxima etapa personal de nuestro vicepresidente, acompañado esta noche por Rebecca y su hijo, Oliver.
Sophia levantó la cabeza.
—Mamá… ¿por qué esa señora está agarrando a papá?
Dominic nos vio.
Su rostro se vació.
—Vivienne…
Sophia corrió hacia él.
—¡Papá!
Durante un segundo creí que Dominic reaccionaría como padre.
No lo hizo.
Miró primero a los inversores.
Después a Rebecca.
Finalmente a nuestra hija.
—¿Por qué la trajiste aquí? —me preguntó entre dientes.
Aquella frase terminó nuestro matrimonio.
Sophia se detuvo.
El collar de papel cayó lentamente de sus manos.
Dominic lo miró en el suelo.
Ni siquiera se inclinó para recogerlo.
Yo sí.
Lo guardé cuidadosamente en mi bolso.
—Vámonos, Sophia.
Dominic me sujetó del brazo.
—Espera. Puedo explicarlo.
Su teléfono vibró.
Luego volvió a vibrar.
Después comenzaron a sonar teléfonos por toda la sala.
Marcus sacó el suyo.
Su expresión cambió.
Dominic miró su pantalla.
Primero apareció la cancelación de una línea de crédito.
Después, la retirada de un fondo de inversión.
Luego otra.
Y otra.
Los murmullos comenzaron.
—¿Qué está pasando?
—Sterling Capital retiró su posición.
—North Atlantic Bank congeló la refinanciación.
—Tres fondos acaban de cancelar.
Dominic levantó la cabeza.
Me miró.
Por primera vez había miedo auténtico en sus ojos.
—Vivienne… ¿qué hiciste?
—Yo no hice nada.
Las puertas del salón se abrieron.
Víctor entró.
Traje negro.
Sin escolta visible.
No la necesitaba.
Dominic lo reconoció de las noticias financieras.
—Víctor Sterling…
Mi hermano pasó junto a él y se acercó a Sophia.
Se agachó.
—Hola, pequeña.
Sophia lo abrazó.
—Tío Víctor.
El silencio fue absoluto.
Dominic pareció dejar de respirar.
—¿Tío?
Víctor se levantó.
—Dominic, durante seis años mi familia financió discretamente esta empresa porque mi hermana nos pidió que no interfiriéramos en su matrimonio.
Dominic me miró.
—¿Tu hermana?
Víctor pasó un brazo alrededor de mis hombros.
—Vivienne Sterling.
Chloe retrocedió.
Rebecca soltó lentamente el brazo de Dominic.
Víctor continuó:
—El edificio que alquilas pertenece a un fondo controlado por nuestra familia.
Otro silencio.
—La deuda principal de la compañía está en un banco dirigido por nuestro hermano.
Dominic empezó a negar con la cabeza.
—Esto es absurdo.
—Y aproximadamente el cuarenta por ciento del capital que mantuvo viva tu expansión durante los últimos cuatro años llegó mediante vehículos vinculados a Sterling.
Víctor lo miró sin emoción.
—Creías haber construido un imperio.
Hizo una pausa.
—Mi hermana estaba sosteniendo el suelo debajo de tus pies.
Dominic se volvió hacia mí.
—Vivienne, escucha. Rebecca no es mi esposa.
—Lo sé.
Aquello lo desconcertó.
Miré al niño.
—Y sospecho que Oliver tampoco es tu hijo.
Rebecca palideció.
Dominic giró hacia ella.
—¿Qué?
Saqué mi teléfono.
Víctor ya me había enviado un informe preliminar.
Chloe había cometido un error enorme al humillarme públicamente.
Le había dado a mi hermano un nombre.
Rebecca Hayes.
Y Víctor había investigado.
—Oliver tiene ocho años —dije—. Tú conociste a Rebecca hace tres.
Dominic se quedó helado.
Rebecca abrió la boca.
—Puedo explicarlo.
Casi sonreí.
Qué curioso.
De repente todos podían explicarlo.
Pero ya no quería explicaciones.
Tomé la mano de Sophia.
—Mi abogado te enviará los documentos.
Dominic avanzó.
—Vivienne, no puedes destruirme por una equivocación.
Lo miré por última vez.
—No te estoy destruyendo.
Señalé las pantallas donde seguían apareciendo cancelaciones.
—Solo estoy retirando todo lo que mi familia puso debajo de ti.
Sophia y yo caminamos hacia el ascensor.
Pero antes de que las puertas se cerraran, Dominic gritó:
—¡Vivienne! ¡Tenemos una hija!
Sophia apretó mi mano.
Yo no respondí.
Porque él había tenido una hija también cinco minutos antes.
Solo que entonces estaba demasiado preocupado por proteger a su falsa familia para recordar que ella existía.
Las puertas comenzaron a cerrarse.
Entonces Víctor recibió una llamada.
Escuchó durante unos segundos.
Su expresión cambió.
—Viva.
Me giré.
—¿Qué ocurre?
Víctor miró hacia Dominic.
—Encontramos algo en las cuentas.
Dominic palideció.
—¿Qué cosa?
Mi hermano guardó lentamente el teléfono.
—Rebecca no es el verdadero problema.

Miró directamente a Chloe.
—Durante tres años, alguien ha estado desviando dinero de la compañía utilizando la firma digital de Dominic.
Chloe retrocedió.
Víctor sonrió sin alegría.
—Y acabamos de descubrir quién.