PARTE 2: EL PLAN PARA ROBARME A MI HIJO

Durante toda la noche no pude dormir.

Min-jun dormía en mis brazos, completamente ajeno a la tormenta que acababa de descubrir.

Su pequeña respiración era tranquila.

La mía no.

Miraba una y otra vez aquellos documentos.

El nombre de mi hijo aparecía junto al de la Fundación de la Familia Kwon.

No era una coincidencia.

No era un simple error administrativo.

Alguien había estado preparando algo.

Algo que me excluía a mí.

A la madre de ese niño.

Apreté los puños.

Durante seis años pensé que Tae-hyun era el hombre que me protegería de cualquier cosa.

Ahora entendía que el mayor peligro estaba dentro de mi propia casa.

A la mañana siguiente, no dije nada.

Preparé el desayuno.

Sonreí frente a él.

Actué como si no hubiera descubierto nada.

Porque por primera vez en mi matrimonio, decidí no reaccionar.

Decidí observar.

Tae-hyun llegó tarde esa noche.

Demasiado tarde.

Cuando entró, tenía el teléfono en la mano y una expresión preocupada.

Pensó que yo dormía.

Pero escuché cada palabra.

—Chae-rin, cálmate.

Pausa.

—Te dije que todavía no es el momento.

Mi corazón se detuvo.

Me levanté en silencio y me acerqué a la puerta.

—No puedes aparecer así otra vez.

Silencio.

Después su voz bajó.

—Cuando termine el proceso, Min-jun estará con nosotros.

Sentí que mis dedos se enfriaban.

Min-jun estará con nosotros.

No conmigo.

Con ellos.

Me alejé de la puerta antes de que pudiera escuchar más.

Esa noche entendí algo.

Tae-hyun no estaba dividido entre dos mujeres.

Había elegido.

Solo estaba esperando el momento adecuado para quitarme lo único que más amaba.


Al día siguiente contacté a un abogado.

No al abogado de la familia.

No a alguien relacionado con los Kwon.

Necesitaba a alguien que no pudiera ser comprado.

—Señora Seo-yeon, ¿está segura de querer iniciar una investigación?

Asentí.

—No quiero saber si mi esposo me engaña.

—Quiero saber si intentó quitarme a mi hijo.

El abogado revisó los documentos que le entregué.

Después de varios minutos, levantó la mirada.

—Esto no parece una simple infidelidad.

—¿Qué significa?

Señaló las transferencias.

—Su esposo está creando una estructura legal.

—Una donde su familia podría reclamar derechos sobre el niño.

Sentí un peso en el pecho.

—¿Pueden hacer eso?

—Si han preparado suficientes documentos y tienen influencia, podrían intentarlo.

Respiré profundamente.

—Entonces necesito estar preparada.


Esa tarde, Tae-hyun volvió a casa antes de lo habitual.

Demasiado amable.

Demasiado tranquilo.

—Seo-yeon.

Me miró mientras yo alimentaba a Min-jun.

—He estado pensando.

No respondí.

—Quizá deberíamos mudarnos.

Levanté la mirada.

—¿Mudarnos?

Asintió.

—A una casa más grande.

—Mi familia podría ayudarnos con el bebé.

Sonreí ligeramente.

Ahí estaba.

La misma idea.

El mismo plan.

—¿Tu familia?

Tae-hyun evitó mi mirada.

—Mis padres tienen experiencia.

—Chae-rin también podría ayudar.

El nombre salió de su boca como si fuera normal.

Como si esa mujer no hubiera empujado el carrito de mi hijo.

Como si no hubiera estado preparando una vida junto a él.

Lo miré fijamente.

—¿Quieres que otra mujer cuide a mi hijo?

Su expresión cambió.

—No exageres.

—Ella quiere mucho a Min-jun.

Una madre sabe cuándo algo está mal.

Y en ese momento lo sentí.

Tae-hyun no hablaba de ayuda.

Hablaba de reemplazo.


Dos días después recibí un paquete anónimo.

Dentro había fotografías.

Muchas.

En una aparecía Tae-hyun entrando al apartamento de Cheongdam-dong.

En otra, Chae-rin sosteniendo ropa de bebé.

Pero la última fotografía fue la que hizo que mi corazón se rompiera.

Era una habitación infantil.

Pintada.

Decorada.

Con una placa de madera en la pared.

“Min-jun Kwon”.

La fecha de la fotografía era de tres meses atrás.

Antes de que yo supiera nada.

Antes de que mi esposo admitiera cualquier cosa.

Ellos ya estaban construyendo una vida para mi hijo.

Sin mí.

Esa noche esperé a Tae-hyun en la sala.

Cuando entró, dejé las fotografías sobre la mesa.

Su rostro cambió.

Solo necesitó un segundo para entender.

—Seo-yeon…

—¿Desde cuándo?

No respondió.

—¿Desde cuándo planeabas quitarme a mi hijo?

—No es así.

Su respuesta llegó demasiado rápido.

—Entonces explícame.

Se quedó callado.

Y ese silencio fue suficiente.

Me levanté.

—Durante seis años pensé que eras un esposo imperfecto.

—Ahora sé que eras un hombre que sonreía mientras construía una salida para abandonarme.

Tae-hyun dio un paso hacia mí.

—Nunca quise hacerte daño.

Negué con la cabeza.

—Pero lo hiciste.

Antes de que pudiera continuar, mi teléfono sonó.

Era el abogado.

Contesté.

Su voz sonaba seria.

—Señora Seo-yeon.

—Encontramos algo más.

Miré a Tae-hyun.

—¿Qué?

Hubo una pausa.

Entonces el abogado dijo:

—La Fundación Kwon no solo estaba preparando documentos de custodia.

—También existe un acuerdo firmado.

Sentí que mi respiración se detenía.

—¿Firmado por quién?

La respuesta llegó lentamente.

—Por su esposo.

—Y por Yoo Chae-rin.

Mis manos comenzaron a temblar.

Porque si ese documento era real…

significaba que Tae-hyun no solo había planeado llevarse a mi hijo.

También había planeado reemplazarme legalmente como madre.

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