PARTE 2: EL PARCHE QUE REVELÓ LA TRAICIÓN DE LUCA VANCE

Rachel sostuvo la bolsa transparente con el parche dentro y la observó durante varios segundos.

—Dices que este hombre conoce exactamente la alergia de su esposa.

Iván asintió.

—No solo la conoce. La vio casi morir hace veinte años por la misma sustancia.

La detective dejó el parche sobre la mesa.

—Entonces la pregunta no es cómo llegó esto a su piel.

Miró a Iván directamente.

—La pregunta es quién quería que llegara ahí.

El silencio llenó la oficina.

Durante cuarenta años, Iván había defendido a Luca.

Habían crecido juntos.

Habían compartido secretos de juventud, celebraciones familiares e incluso momentos difíciles.

Pero esa madrugada, mientras veía a Jessi conectada a máquinas luchando por respirar, algo dentro de él había cambiado.

Ya no estaba mirando a su mejor amigo.

Estaba mirando al hombre que quizá había intentado destruir a la mujer que decía amar.

—Necesito revisar todas las cámaras del restaurante donde cenaron —dijo Rachel.

Iván abrió una carpeta.

—Ya lo pedí.

La detective levantó una ceja.

—¿Sin una orden?

—Soy médico de urgencias. No detective.

Iván cerró la carpeta.

—Pero después de treinta años salvando vidas, aprendí algo. Cuando algo parece un accidente demasiado perfecto, normalmente alguien trabajó para que pareciera así.

Dos horas después, las cámaras de seguridad llegaron a manos de Rachel.

La cena había sido una celebración privada por el aniversario de bodas de Jessi y Luca.

Las imágenes parecían normales.

Una pareja sonriendo.

Copas levantadas.

Conversaciones tranquilas.

Hasta que Rachel detuvo el video.

—Espera.

Amplió la imagen.

Luca estaba sentado frente a Jessi.

Durante unos segundos, no hizo nada extraño.

Después, cuando ella se levantó para ir al baño, Luca miró alrededor.

Sacó algo del bolsillo interno de su chaqueta.

Iván se acercó a la pantalla.

Su rostro perdió color.

—Ese es el parche.

Rachel continuó observando.

Luca no parecía nervioso.

No parecía alguien cometiendo un crimen.

Parecía alguien haciendo una tarea rutinaria.

Cuando Jessi regresó, él volvió a sonreír.

Minutos después, ella empezó a sentirse mal.

La ambulancia llegó veinte minutos más tarde.

—Esto cambia todo —dijo Rachel.

Pero Iván negó lentamente.

—No es suficiente.

—¿Por qué?

—Porque Luca sabe cómo funcionan los medicamentos.

La detective frunció el ceño.

—Explícate.

Iván tomó aire.

—Si alguien quiere hacer daño a otra persona, puede cometer errores. Pero Luca no.

Miró la pantalla.

—Él sabe qué dosis usar. Qué síntomas esperar. Cuánto tiempo tardaría en aparecer una reacción.

Rachel entendió inmediatamente.

—Y también sabe cómo hacerlo parecer un accidente.


A las nueve de la mañana, Jessi abrió los ojos en la unidad de cuidados intensivos.

Lo primero que vio fue a Iván sentado junto a la cama.

Intentó hablar.

Su voz salió débil.

—¿Dónde está Luca?

Iván dudó.

—Está fuera.

Los ojos de Jessi se llenaron de miedo.

No tristeza.

Miedo.

Iván lo notó.

—Jessi…

Ella movió lentamente la cabeza.

—No lo dejes entrar.

La frase hizo que Iván se quedara inmóvil.

—¿Por qué?

Las lágrimas empezaron a correr por el rostro de Jessi.

—Porque él sabe.

—¿Sabe qué?

Jessi cerró los ojos.

Durante años había protegido una verdad.

Pero ahora ya no podía hacerlo.

—Iván… Luca no cometió un error.

El corazón del médico se aceleró.

—¿Qué quieres decir?

Jessi respiró con dificultad.

—Hace seis meses encontré algo.

—¿Qué?

Ella miró hacia la puerta de la habitación.

Como si temiera que alguien estuviera escuchando.

—Documentos.

—¿Qué documentos?

Jessi apretó la sábana.

—Deudas.

Iván frunció el ceño.

—¿Deudas de las farmacias?

Ella negó.

—Millones.

Hubo un silencio.

—Luca estaba perdiendo todo.

Iván recordó las tres farmacias, la casa grande, los autos de lujo.

Todo parecía perfecto desde fuera.

—¿Y qué tiene que ver eso contigo?

Jessi tragó saliva.

—Mi seguro de vida.

Iván sintió un frío recorrerle el cuerpo.

—¿Cuánto?

Ella cerró los ojos.

—Cinco millones de dólares.

En ese instante, alguien llamó suavemente a la puerta.

Ambos se quedaron inmóviles.

La manija comenzó a moverse.

Iván se levantó.

La puerta se abrió lentamente.

Era Luca.

Con flores en una mano.

Y una expresión de esposo preocupado en el rostro.

—Jessi…

Ella empezó a temblar.

Iván se colocó delante de la cama.

—No puedes estar aquí.

Luca lo miró confundido.

—¿Qué está pasando?

Rachel apareció detrás de él con dos agentes.

La sonrisa de Luca desapareció.

—¿Qué significa esto?

La detective sacó una orden.

—Señor Vance, necesitamos hacerle algunas preguntas.

Luca miró a Jessi.

Después a Iván.

Y finalmente al parche dentro de la bolsa de evidencia.

Por primera vez, su rostro perdió la calma.

Pero antes de que pudiera decir una palabra, uno de los agentes recibió una llamada.

Escuchó unos segundos.

Luego miró a Rachel.

—Detective…

Su expresión cambió.

—Encontraron algo más en la casa de los Vance.

Rachel tomó el teléfono.

—¿Qué encontraron?

La respuesta hizo que todos guardaran silencio.

Porque no era solo un intento de asesinato.

Era una prueba de que Luca llevaba años preparando la caída de su propia esposa.

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