PARTE 2: EL NOMBRE QUE RICARDO HABÍA OCULTADO

Lucía apagó la pantalla del teléfono justo cuando Ricardo salió del baño.

—¿Qué haces despierta?

—Nada. Estaba ordenando unas cosas.

Ricardo la observó durante unos segundos.

—¿Viste mi portafolio?

Lucía sintió un golpe en el pecho.

—No.

Él se acercó, lo cerró y lo tomó.

—Bien.

Aquella respuesta fue demasiado rápida.

A la mañana siguiente, Lucía no mencionó a Paola.

Tampoco preguntó por el anillo.

En cambio, llamó a su amiga Verónica, que trabajaba como contadora.

—Necesito que revises algo por mí.

Le envió las fotografías.

Veinte minutos después, Verónica llamó.

—Lucía, esto es mucho más serio de lo que parece.

—¿Qué encontraste?

—La cuenta desde la que salió el dinero no es una cuenta personal de Ricardo.

Lucía se quedó inmóvil.

—¿Entonces?

—Es una cuenta vinculada a una empresa.

—¿Qué empresa?

Verónica tardó unos segundos.

—Constructora Salgado.

Lucía cerró los ojos.

Era la empresa donde Ricardo trabajaba desde hacía doce años.

—¿Estás segura?

—Completamente. Pero hay algo más.

—¿Qué?

—Paola Méndez Rivas aparece como representante legal de una sociedad registrada hace ocho meses.

Lucía sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Cómo se llama la sociedad?

Verónica le dio el nombre.

Lucía lo reconoció inmediatamente.

Era el nombre del proyecto inmobiliario del que Ricardo hablaba desde hacía meses.

El proyecto que, según él, todavía estaba buscando inversionistas.

—Ricardo me dijo que ese desarrollo apenas estaba comenzando.

—Pues alguien ya está comprando propiedades a nombre de otra persona.

Lucía miró hacia el dormitorio.

Ricardo seguía durmiendo.

Entonces recibió un mensaje.

Era de un número desconocido.

“NO LE PREGUNTES TODAVÍA POR PAOLA.”

Lucía respondió:

“¿Quién eres?”

La respuesta llegó casi inmediatamente.

“LA MUJER DEL PARAGUAS.”

Lucía se quedó helada.

Antes de poder escribir otra cosa, apareció otro mensaje.

“Tu marido no está comprando una casa para su amante.”

“Está comprando una salida para toda tu familia.”

Lucía sintió que el corazón le golpeaba las costillas.

“¿Qué significa eso?”

Pasaron casi dos minutos.

Entonces llegó la última respuesta:

“Revisa el contrato de tu casa.”

Lucía corrió hacia el estudio.

Abrió el cajón donde guardaba los documentos del matrimonio, escrituras y contratos.

Encontró la escritura de la casa.

La revisó una vez.

Después otra.

Y finalmente vio algo que nunca había notado.

Una cláusula adicional había sido registrada seis meses atrás.

Su firma aparecía al final.

Pero Lucía sabía algo con absoluta certeza.

Ella nunca había firmado ese documento.

En ese momento escuchó pasos detrás de ella.

Ricardo estaba parado en la puerta.

Ya no parecía sorprendido.

Parecía furioso.

—¿Quién te dijo que buscaras ahí?

Lucía levantó lentamente la escritura.

—¿Por qué mi firma está en un documento que jamás firmé?

Ricardo palideció.

Y entonces dijo algo que confirmó que la mujer bajo la lluvia había sabido mucho más de lo que Lucía imaginaba:

—Porque si encuentras la segunda copia de ese contrato, vas a descubrir quién está realmente detrás de Paola.

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