Marqué un número que conocía de memoria.
—Soy Elena. Necesito activar el protocolo de emergencia.
Al otro lado guardaron silencio durante un segundo.
—¿Confirmamos el archivo Mayak?
—Sí.
—Entonces ya está hecho.
Colgué.
Por primera vez desde que Andrei me rompió la pierna, pude respirar sin miedo.
Tres días después, Lyudmila y Nikolai aparecieron en el hospital.
Venían vestidos como si estuvieran asistiendo a una celebración.
Lyudmila llevaba flores.
Nikolai llevaba la misma sonrisa arrogante.
Y Andrei caminaba detrás de ellos con las manos en los bolsillos.
—Pobrecita —dijo Lyudmila al entrar—. ¿Todavía finges estar herida?
No respondí.
Andrei miró la cama.
—¿Dónde está Elena?
La enfermera levantó la vista.
—La señora ya no está aquí.
Los tres se quedaron inmóviles.
—¿Cómo que no está aquí? —preguntó Nikolai.
—Fue trasladada esta mañana.
Andrei frunció el ceño.
—¿A qué hospital?
La enfermera cerró la carpeta.
—No puedo revelar esa información.
Lyudmila golpeó el mostrador.
—¡Somos su familia!
La enfermera la miró tranquilamente.
—No, señora. Ustedes son las personas que aparecen en el expediente de la policía.
El silencio fue inmediato.
Andrei palideció.
—¿Policía?
Entonces apareció el médico que había tratado mi pierna.
Llevaba una carpeta negra bajo el brazo.
Miró a los tres.
—Antes de que sigan buscando a la señora Elena, deberían preocuparse por ustedes mismos.
Nikolai soltó una risa nerviosa.
—¿Qué significa eso?
El médico abrió la carpeta.
—La paciente nos entregó instrucciones antes de ser trasladada.
Andrei dio un paso adelante.
—¿Qué instrucciones?
El médico lo miró directamente.
—Que todas las lesiones, conversaciones y visitas relacionadas con su caso fueran preservadas para una investigación criminal.
Lyudmila dejó caer las flores.
—Eso es imposible.
El médico pasó una página.
—También dejó constancia de que ustedes intentaron obligarla a transferir el cuarenta por ciento de Mayak Logistics.
Nikolai perdió el color.
Andrei retrocedió.
—Ella no puede demostrar nada.
El médico levantó la mirada.
—Eso pensé que dirían.
Sacó una memoria USB de la carpeta.
—Por eso ella también entregó esto.
En la pantalla del ordenador apareció una grabación.
Andrei vio su propio rostro.
Su propia voz.
“Te caíste por las escaleras. Esto es exactamente lo que le dirás a todos.”
Nadie habló.
Entonces el teléfono de Andrei comenzó a sonar.
Miró la pantalla.
Era el director financiero de Mayak.
Contestó con manos temblorosas.
—¿Qué ocurre?
La voz al otro lado respondió:
—Tu acceso acaba de ser revocado.
—¿Por quién?
Hubo una pausa.
—Por la verdadera propietaria.
Andrei levantó lentamente la cabeza.
El médico cerró la carpeta.
—Y hay algo más.
Los tres lo miraron.
—La señora Elena no fue trasladada a otro hospital.
Andrei tragó saliva.
—Entonces, ¿dónde está?
El médico sonrió apenas.

—En la sede central de Mayak.
—Sentada frente a la junta directiva.
—Y acaba de presentar una denuncia formal contra ustedes tres.