PARTE 2: EL INFORME OCULTO

Emily sintió que las manos le temblaban mientras tomaba la carpeta.

El monitor cardíaco aceleró su ritmo.

La doctora apoyó una mano sobre la cama.

—Respire despacio. Necesita mantenerse tranquila por el bebé.

Emily bajó la vista hacia el informe.

En la parte superior aparecía su nombre completo.

Debajo figuraban los resultados de una prueba genética prenatal realizada tres meses atrás.

Pero la línea que le heló la sangre estaba al final de la página.

“Presunto padre analizado: Daniel Harper.”

No decía David.

No aparecía el apellido de su esposo por ninguna parte.

Emily levantó la cabeza de golpe.

—Eso es imposible.

La doctora asintió lentamente.

—También pensamos que había un error.

Sacó otro documento.

—Por eso revisamos quién autorizó el cambio de identidad del paciente.

Había una firma.

No era la de Emily.

Tampoco la del laboratorio.

Era la de David.

Junto a ella aparecía otra rúbrica.

Linda Harrison.

Emily sintió que el mundo comenzaba a girar otra vez.

—Jamás me hicieron una prueba con otro hombre.

—Lo sabemos.

La doctora habló con absoluta calma.

—El laboratorio confirmó hace una hora que alguien sustituyó la muestra masculina antes del análisis.

Los golpes volvieron a escucharse detrás de la puerta.

—¡Emily! —gritó David—. Solo queremos hablar.

La doctora ignoró la voz.

—Hay más.

Sacó una fotografía.

Era una captura de la cámara del laboratorio.

En ella podía verse a David entrando por una puerta restringida acompañado de una mujer.

Emily tardó apenas un segundo en reconocerla.

Linda.

La fecha coincidía exactamente con el día de la prueba prenatal.

—¿Cómo…?

—La investigación aún continúa, pero todo indica que alguien manipuló deliberadamente el expediente.

Emily apretó los labios.

Entonces recordó otra conversación.

Dos meses antes había preguntado varias veces por los resultados.

David siempre respondía igual.

—Todavía no llegan.

Ahora comprendía por qué.

Nunca quiso que ella los viera.

La doctora pasó a la siguiente página.

—También encontramos otra anomalía.

El sedante hallado en su sangre no suele aparecer por accidente.

Necesita una receta médica específica.

Emily cerró los ojos.

La limonada.

El sabor amargo.

David oliendo el vaso antes de devolvérselo.

Linda diciéndole que estaba fingiendo.

Todo comenzó a encajar.

En ese instante alguien abrió violentamente la puerta desde fuera.

Dos agentes de policía entraron primero.

Detrás de ellos aparecieron David y Linda.

David corrió hacia la cama.

—Emily, gracias a Dios despertaste.

Intentó tomarle la mano.

Ella la retiró inmediatamente.

Linda dio un paso adelante con expresión indignada.

—Doctora, esto es un malentendido. Mi nuera siempre ha sido muy dramática.

Uno de los policías levantó una mano.

—Señora Harrison, permanezca donde está.

David frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

El agente sostuvo una bolsa transparente.

Dentro había un vaso alto con restos de limonada.

—La empleada del restaurante conservó esta evidencia antes de que el personal limpiara la mesa.

David perdió el color.

Linda tragó saliva.

—¿Y eso qué demuestra?

El segundo agente respondió.

—Las huellas encontradas en el vaso pertenecen a tres personas.

La camarera.

La señora Emily Harrison.

Y una tercera persona que manipuló el borde del vaso antes de servirlo.

David comenzó a hablar demasiado rápido.

—Eso no significa…

El policía lo interrumpió.

—Ya enviamos esa huella al laboratorio.

Silencio.

Nadie respiraba.

Entonces sonó el teléfono del agente.

Escuchó unos segundos.

Su expresión cambió por completo.

Colgó lentamente.

Miró primero a David.

Después a Linda.

—Acaban de confirmar la coincidencia.

David dio un paso hacia atrás.

—¿Coincidencia con quién?

El agente levantó la bolsa de evidencia.

—La huella encontrada en el vaso pertenece exactamente a una de las personas presentes en esta habitación.

Linda dejó escapar un jadeo.

Pero el policía no la miró a ella.

Su vista permanecía fija sobre David.

—Señor Harrison…

—queda detenido de forma preventiva mientras investigamos un posible intento de envenenamiento y la manipulación de documentos médicos.

Antes de que David pudiera reaccionar, la doctora tomó otra carpeta del escritorio.

Su voz sonó aún más grave.

—Agentes… aún no se lo he contado todo.

Todos giraron hacia ella.

La doctora abrió el último sobre.

—Hace veinte minutos recibimos el resultado definitivo del análisis repetido con muestras correctamente identificadas.

Miró directamente a Emily.

—Y confirma algo que cambiará por completo este caso.

El padre biológico del bebé…

sí era David.

Eso significaba que alguien no solo había intentado intoxicarla.

También había falsificado deliberadamente la prueba de paternidad para hacerle creer que el hijo que esperaba no era de su propio esposo.

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