El ascensor todavía no había llegado al vestíbulo cuando el teléfono de Chloe vibró.
Ella lo miró distraídamente, convencida de que sería otro mensaje relacionado con la gala.
Su sonrisa desapareció.
Frunció el ceño.
—¿Qué…?
Antes de que pudiera leer el resto del mensaje, otro teléfono comenzó a sonar detrás del mostrador de recepción.
Luego otro.
Y otro más.
En menos de treinta segundos, todo el vestíbulo se convirtió en una sucesión de timbres, vibraciones y voces confundidas.
Los empleados intercambiaban miradas de desconcierto.
Los guardias de seguridad recibían instrucciones por sus auriculares.
Los organizadores corrían de un lado a otro.
Sophia levantó lentamente la vista hacia mí.
—Mami… ¿pasó algo?
Me incliné para acariciarle el cabello.
—Todo estará bien, princesa.
Siempre.
En ese mismo instante, a treinta pisos sobre nuestras cabezas, Dominic estaba de pie sobre el escenario principal.
El enorme salón de cristal resplandecía bajo cientos de lámparas de araña.
Empresarios.
Inversionistas.
Funcionarios.
Periodistas.
Todos esperaban el anuncio más importante del año.
Dominic sonreía con absoluta confianza.
A su lado estaba Amelia, la mujer que Chloe acababa de llamar “su esposa”, sosteniendo de la mano a un niño de unos siete años.
Los fotógrafos no dejaban de disparar sus cámaras.
La imagen de la familia perfecta.
El futuro presidente ejecutivo.
El heredero.
La nueva vida.
Dominic levantó la copa.
—Esta noche representa un nuevo comienzo para nuestra empresa…
No alcanzó a terminar.
El director financiero irrumpió por una puerta lateral.
Su rostro estaba completamente blanco.
—¡Dominic!
El tono de su voz hizo que todo el salón guardara silencio.
Dominic frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
El hombre apenas podía respirar.
—Acaban de cancelar la línea de crédito.
Dominic soltó una pequeña risa.
—¿Solo eso?
—Llama al banco.
—Que solucionen el error.
El director financiero tragó saliva.
—No es un banco.
—Son todos.
El silencio cayó como una losa.
—¿Qué quieres decir con “todos”?
—Sterling National.
—Atlantic Capital.
—Union Trust.
—Hamilton Financial.
—Todos retiraron el respaldo financiero hace exactamente cuatro minutos.
Amelia dejó escapar una expresión de desconcierto.
Dominic sintió un extraño vacío en el estómago.
Eso era imposible.
Su empresa dependía de varias líneas de liquidez, sí.
Pero jamás desaparecerían al mismo tiempo.
Jamás.
Su teléfono vibró.
Era el presidente del consejo.
Contestó inmediatamente.
—Señor…
Ni siquiera pudo terminar la frase.
La voz al otro lado explotó de rabia.
—¿Qué demonios hiciste?
Dominic parpadeó.
—No entiendo…
—¡Los Sterling retiraron todo!
Por primera vez en muchos años…
Dominic dejó de respirar durante un segundo.
Los Sterling.
Ese apellido.
¿Por qué aparecía ahora?
El presidente continuó.
—Acabamos de recibir notificaciones de todos nuestros fondos institucionales.
—Las inversiones fueron congeladas.
—Los contratos de expansión quedaron suspendidos.
—Nuestros socios internacionales cancelaron las reuniones.
—La calificación crediticia acaba de ser puesta en revisión.
Dominic sintió cómo las piernas comenzaban a fallarle.
—Eso… eso no tiene sentido.
—Nunca hemos trabajado con los Sterling.
La respuesta llegó como un disparo.
—Eso creías tú.
La llamada terminó.
Dominic permaneció inmóvil.
A pocos metros, las enormes pantallas LED del escenario cambiaron repentinamente.
El logotipo de la empresa desapareció.
La presentación corporativa se interrumpió.
Un enorme aviso ocupó toda la pantalla.
“REUNIÓN EXTRAORDINARIA DEL CONSEJO. TODOS LOS ANUNCIOS QUEDAN CANCELADOS.”
Los invitados comenzaron a murmurar.
Los periodistas levantaron inmediatamente sus teléfonos.
Los inversionistas abandonaban lentamente sus mesas.
El ambiente festivo desapareció en cuestión de segundos.
Mientras tanto…
En el vestíbulo.
Victor Sterling salió del ascensor privado reservado para miembros del consejo.
Vestía un impecable traje oscuro.
No traía escoltas.
No los necesitaba.
Detrás de él caminaban cuatro abogados, dos auditores y el presidente del mayor banco de inversión del país.
Todos avanzaban directamente hacia mí.
Chloe los vio acercarse.
Primero sonrió con nerviosismo.
Después reconoció a Victor.
Su rostro perdió completamente el color.
Retrocedió un paso.
Luego otro.
Victor ni siquiera la miró.
Se detuvo frente a Sophia.
Se arrodilló.
Sonrió con una ternura que muy pocas personas conocían.
—Hola, pequeña.
Sophia observó al desconocido con curiosidad.
—¿Usted quién es?

Victor levantó los ojos hacia mí.
—Perdóname por haber tardado tanto, Viv.
Después volvió a mirar a mi hija.
—Soy tu tío.
Y hemos venido a llevar a tu mamá de regreso a casa.