La sala quedó en silencio después de las palabras de Ethan Gu.
“Me casaré contigo.”
Nadie esperaba esa respuesta.
Ni mi padre.
Ni mi madrastra.
Ni siquiera Iris.
Ella permaneció junto a la mesa con una expresión imposible de ocultar.
Por primera vez desde que entré en la habitación, su seguridad desapareció.
—¿Ethan? —preguntó mi hermana con una sonrisa forzada—. ¿Ni siquiera vas a pensarlo?
Él la miró.
—Ya lo pensé.
—Pero ella no es…
Iris se detuvo.
No terminó la frase.
Todos sabíamos lo que quería decir.
Que yo no tenía sus estudios.
Que yo no tenía su elegancia.
Que yo no había vivido en la ciudad.
Que yo era solo la hija que siempre estaba en la cocina.
Ethan bajó la mirada hacia mí.
—Lena Shen.
Me puse recta.
—Sí.
—¿Aceptarías casarte conmigo aunque nuestra vida no sea como imaginas?
La pregunta me sorprendió.
Porque no sonaba como una prueba.
Sonaba como una advertencia.
Pensé en nuestra pequeña casa con el techo roto.
En mi abuela acostada en una cama vieja, respirando con dificultad.
En las noches donde fingía no tener hambre para dejarle más comida a ella.
—No necesito una vida perfecta.
Respondí.
—Solo necesito una vida donde mi familia pueda estar segura.
Ethan permaneció callado unos segundos.
Después asintió.
—Entonces estamos de acuerdo.
El comandante Gu sonrió por primera vez.
—Bien.
—El compromiso queda decidido.
Mi madrastra inmediatamente dio un paso adelante.
—Comandante, esto es demasiado rápido.
—Lena es joven y no conoce la vida militar.
Ethan giró lentamente hacia ella.
Su voz era tranquila.
Pero la habitación se enfrió.
—Señora Du.
—¿Acaso su familia no acaba de permitir que ella eligiera?
Helen apretó los labios.
No pudo responder.
Porque había sido exactamente eso.
Iris había rechazado.
Yo había aceptado.
No había ninguna razón para culparme.
Cuando salimos de la casa, escuché a Iris detrás de mí.
—Lena.
Me detuve.
Ella se acercó.
Ya no parecía la hermana perfecta que todos admiraban.
Parecía molesta.
—Crees que ganaste algo, ¿verdad?
La miré.
—¿Qué quieres decir?
Ella soltó una risa fría.
—Ethan Gu no es un hombre sencillo.
—Vive en el ejército.
—Pasa meses fuera.
—No tendrá tiempo para ti.
Guardé silencio.
Porque por primera vez, sus palabras no me dolían.
Antes, siempre había querido que mi hermana me reconociera.
Que me dijera que yo también era importante.
Pero ahora entendía algo.
Iris no estaba preocupada por mí.
Estaba molesta porque alguien había aceptado algo que ella había rechazado.
—Gracias por advertirme.
Dije.
Su expresión cambió.
—¿Eso es todo?
Asentí.
—Sí.
Me fui.
Esa noche, mientras preparaba las pocas cosas que llevaría a la familia Gu, aparecieron nuevamente aquellas letras luminosas.
“Ella todavía piensa que Ethan Gu la rechazará después de conocer la verdad.”
“Qué lástima.”
“Porque él recuerda perfectamente a la chica que encontró bajo la lluvia hace tres años.”
Mi mano se detuvo.
¿La chica bajo la lluvia?
No entendía.
Yo nunca había conocido a Ethan.
O eso creía.
A la mañana siguiente, Ethan volvió a nuestra casa.
Traía una bolsa de medicinas.
—Para tu abuela.
Me quedé sorprendida.
—¿Cómo supiste?
—El comandante me habló de ella.
Mi abuela salió lentamente apoyándose en la pared.
Cuando vio a Ethan, sus ojos se abrieron.
—Tú…
Ethan también se quedó inmóvil.
—Anciana Shen.
Mi abuela lo miró durante mucho tiempo.
Después me miró a mí.
—Lena.
—¿Conoces a este joven?
Negué lentamente.
Pero Ethan habló antes.
—Hace tres años, durante una tormenta, me ayudaste.
Lo miré confundida.
—¿Yo?
Él asintió.
—Estaba regresando de una misión.
—Mi bicicleta se rompió cerca del pueblo.
—Todos cerraron sus puertas porque llovía demasiado.
Hizo una pausa.
—Pero una chica salió con un paraguas viejo y me dio su única comida caliente.
Sentí que mi respiración se detenía.
Recordé aquella noche.
Un hombre empapado junto al camino.
Un desconocido con uniforme.
Le di la comida que había preparado para mi abuela.
Porque pensé que él parecía más hambriento que yo.
Pero nunca vi claramente su rostro.
—Eras tú.
Susurré.
Ethan asintió.
—Sí.
—Desde entonces pregunté por ti.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
—¿Por qué?
Me miró directamente.
—Porque quería saber quién era la persona que, teniendo tan poco, todavía era capaz de darle algo a un extraño.
Las letras aparecieron sobre mi cabeza una vez más.
“Ahora ella entiende.”
“El matrimonio no empezó cuando aceptó el compromiso.”
“Empezó tres años antes, cuando Ethan Gu ya había decidido no olvidar su nombre.”
Miré a Ethan.
Por primera vez pensé que quizá aquel matrimonio no era una cuerda para escapar de mi antigua vida.
Quizá era la puerta hacia una nueva.
Pero justo cuando creía que todo estaba decidido…
Iris apareció en la entrada con una carta en la mano.
Y su rostro estaba completamente pálido.

—Lena.
—Tenemos que hablar.
—Porque acabo de descubrir algo sobre Ethan Gu que puede cambiar este matrimonio para siempre.