Warren Voss salió de la oscuridad con las manos levantadas.
—Samuel, deja el bate.
No obedecí.
Pero tampoco avancé.
—Primero dime dónde está mi hija.
Daniel tragó saliva.
—Está en casa de su padre.
—Mentira.
Warren cerró los ojos por un instante.
—Samuel, escucha.
—No. Ahora ustedes escuchan.
Dejé el bate apoyado contra el suelo.
—Mi hija llegó a mi puerta esta madrugada herida y aterrorizada. Dijo que Daniel la había echado a la calle y que nadie le creería.
Daniel intentó interrumpir.
—Ella está exagerando.
Lo miré.
—Eso decidirá un médico. Y después un juez.
Warren palideció.
—¿Llamaste a la policía?
—Todavía no.
Daniel sonrió con nerviosismo.
—Entonces podemos arreglarlo entre familias.
Saqué mi teléfono.
—Ya no.
Abrí una grabación.
La voz de Claire llenó el silencio.
“Dijo que nadie me creería porque mi padre no era nadie.”
Daniel perdió la sonrisa.
Warren miró a su hijo.
—¿Dijiste eso?
Daniel guardó silencio.
Entonces Warren se volvió hacia mí.
—Samuel, no sabíamos lo que ocurría dentro de nuestra casa.
—Pero sabían algo.
Su expresión cambió.
—¿Qué quieres decir?
—Mi hija me dijo que no era la primera vez.
Warren bajó la mirada.
Yo continué:
—Y tengo fotografías. Mensajes. Informes médicos. Todo lo que Claire pudo conservar.
Daniel dio un paso atrás.
—Papá…
Warren levantó una mano.
—Cállate.
Por primera vez, el hombre que siempre había parecido intocable estaba mirando a su propio hijo como si no lo reconociera.
Entonces escuché una sirena a lo lejos.
Daniel me miró horrorizado.
—¿Llamaste a la policía?
—No.
Saqué otro teléfono del bolsillo.
—La doctora Ellis lo hizo.
El rostro de Daniel quedó completamente blanco.
Dos minutos después, las luces de una patrulla iluminaron la entrada.
Warren permaneció inmóvil.
Antes de que los agentes llegaran a la puerta, se volvió hacia mí.
—Samuel, hay algo que debes saber.
—Habla.
—Daniel no fue quien comenzó todo esto.
Sentí un escalofrío.
Warren señaló el despacho.
—Hace meses encontré documentos que demostraban que alguien estaba usando a mi hijo para ocultar transferencias de dinero y propiedades.
Miré hacia la puerta del despacho.
—¿Y qué tiene eso que ver con Claire?
Warren tragó saliva.
—Mucho.
Luego sacó una carpeta negra de debajo de su chaqueta.
—Porque el nombre de Claire aparece en esos documentos.

La policía llegó a la puerta.
Y comprendí que aquella noche no solo iba a terminar el matrimonio de mi hija.
Iba a destapar un secreto que podía destruir a toda la familia Voss.