PARTE 2: EL HOMBRE QUE TODOS CREÍAN MUERTO

Nadie habló cuando el hombre entró en la sala.

Caminaba lentamente con un bastón negro en una mano y una carpeta de cuero en la otra.

Tenía el cabello completamente blanco y una cicatriz fina junto a la ceja.

Julian dejó caer el mouse.

—No…

Martin Cole parecía incapaz de respirar.

—Señor Veyron.

Vanessa miró de uno a otro.

—¿Quién es él?

El anciano levantó los ojos hacia ella.

—La persona que creó el acuerdo que acabas de intentar robar.

Julian retrocedió.

—Eso es imposible.

El hombre sonrió.

—Eso mismo dijiste hace ocho años.

Me quedé observándolo.

Había escuchado su nombre muchas veces.

Victor Veyron.

Fundador de uno de los primeros fondos de inversión que apostaron por HelixCare.

Después de una enfermedad repentina, todos habían recibido la noticia de que había muerto en Europa.

Al menos eso era lo que Julian me había contado.

Victor colocó la carpeta sobre la mesa.

—Nunca morí.

Martin cerró los ojos.

—Julian, yo te advertí.

—¡Cállate! —gritó Julian.

Victor abrió la carpeta.

Dentro había un contrato antiguo, amarillento en los bordes.

—En 2018, Elena Cross aportó capital, propiedad intelectual y derechos de voto a una estructura fiduciaria.

Vanessa frunció el ceño.

—Pero Julian era el accionista mayoritario.

Victor negó con la cabeza.

—Eso era lo que él quería que todos creyeran.

Julian me miró.

—¿Tú sabías esto?

No respondí.

Victor respondió por mí.

—Ella no solo lo sabía.

Puso un dedo sobre el contrato.

—Ella era la beneficiaria principal.

La sala quedó en silencio.

El director financiero se levantó lentamente.

—Entonces la transferencia de la semana pasada…

—No tiene validez sobre los activos protegidos —dijo Victor.

Vanessa palideció.

—Pero firmé documentos.

Martin la miró con cansancio.

—Y acabas de descubrir por qué te dije que no los firmaras.

Vanessa giró hacia Julian.

—¡Me dijiste que todo estaba asegurado!

Julian no respondió.

Yo finalmente hablé.

—Porque nunca quiso darte la empresa.

Vanessa me miró.

—¿Qué?

—Quería utilizarte para ocultar una transferencia.

Julian apretó los puños.

—Elena, basta.

—No.

Saqué otro documento de mi bolso.

—Ahora me toca a mí hablar.

Lo dejé frente a él.

Era una auditoría privada.

—Durante los últimos ocho meses investigué todas las transferencias realizadas desde HelixCare.

Julian miró las páginas.

Su expresión cambió.

—No pudiste…

—Sí pude.

Señalé una lista de cuentas.

—Fondos desviados a empresas vinculadas contigo.

Luego señalé otra.

—Pagos personales.

Después una tercera.

—Y esta es la más interesante.

Martin tomó el documento.

Sus ojos recorrieron las cifras.

Entonces dejó escapar el aire lentamente.

—Dios mío.

Julian se volvió hacia él.

—¿Qué?

Martin no respondió.

Victor sí.

—Utilizaste dinero de la empresa para financiar la compra de acciones que luego transferiste a Vanessa.

Julian se quedó completamente inmóvil.

Vanessa retrocedió.

—Entonces… ¿ni siquiera eran tuyas?

Nadie contestó.

Porque la respuesta estaba delante de todos.

Yo cerré mi bolso.

—La reunión terminó.

Julian dio un paso hacia mí.

—¿Y crees que puedes quitarme todo?

Lo miré directamente.

—No voy a quitarte nada.

Pausa.

—Voy a recuperar lo que ya era mío.

Victor levantó su carpeta.

—Y yo me aseguraré de que todos los documentos sean entregados a las autoridades correspondientes.

La seguridad del edificio apareció en la puerta.

Detrás de ellos había dos abogados externos.

Julian comprendió entonces que aquella reunión nunca había sido una negociación.

Había sido una entrega.

Su imperio estaba siendo desmontado pieza por pieza.

Pero justo cuando iba a salir, Martin me llamó.

—Elena.

Me detuve.

El abogado parecía preocupado.

—Hay algo que todavía no has visto.

—¿Qué?

Martin señaló el USB.

—El archivo protegido.

Me acerqué.

La pantalla seguía mostrando la contraseña.

Victor me observó en silencio.

—Ábrelo —dijo.

Introduje la contraseña que había recibido aquella mañana.

La carpeta se abrió.

Había un solo archivo.

Una grabación de audio.

La reproducción comenzó.

Y entonces escuché la voz de mi propia madre.

—Si algún día Elena descubre quién es realmente su padre, todo lo que construimos desaparecerá.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

Julian me miró.

Victor bajó la cabeza.

Y Martin cerró lentamente la puerta de la sala.

Porque todos acabábamos de descubrir que el secreto de HelixCare era mucho más antiguo que mi matrimonio.

Y que mi verdadera historia apenas estaba comenzando.

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