PARTE 2: EL HOMBRE QUE NUNCA MURIÓ

Daniel sintió que el mundo se detenía.

Miró la fotografía.

Luego a Raquel.

Volvió a mirar la imagen.

—No… eso es imposible.

Raquel respiró con dificultad.

—Estoy segura.

La fotografía mostraba a un hombre sonriente junto a un lago.

Era la última imagen que Daniel conservaba de su padre, Eduardo Salazar.

Según toda la familia, había muerto en un accidente automovilístico cuando Daniel tenía ocho años.

La cicatriz sobre la ceja izquierda era inconfundible.

—Lo vi caer por las escaleras ese día —continuó Raquel con voz temblorosa—. Tu madre le gritó “Tom”. Él intentó sujetarme cuando perdí el equilibrio, pero no alcanzó.

Daniel sintió un escalofrío.

—¿Estás diciendo que mi padre sigue vivo?

Ella asintió lentamente.

—Y que tu madre ya lo sabía.

En ese momento entró la doctora.

—Señor Salazar, necesitamos hacer otra revisión a su esposa.

Daniel besó la frente de Raquel.

—Voy a averiguar toda la verdad.

No fue al trabajo.

Condujo directamente hasta la antigua casa familiar.

Margarita abrió la puerta.

Al verlo, comprendió inmediatamente que algo había cambiado.

—¿Cómo está Raquel?

Daniel levantó la fotografía.

—Quiero saber por qué mi padre está vivo.

El color abandonó el rostro de Margarita.

—¿Quién te dijo esa barbaridad?

—Raquel lo vio.

Silencio.

—Habla.

Ella comenzó a negar con la cabeza.

—No entiendes…

Daniel dio un paso adelante.

—Durante seis días ocultaste las heridas de mi esposa.

Le hiciste creer que yo desconfiaba de ella.

La dejaste con una infección mientras esperaba a nuestro hijo.

Y ahora descubro que también mentiste durante veintisiete años sobre mi padre.

Margarita rompió a llorar.

—Lo hice para protegerte.

—¿Protegerme de qué?

Ella se dejó caer sobre una silla.

—Tu padre nunca murió.

—Entonces…

—Nos abandonó.

La habitación quedó completamente en silencio.

—Conoció a otra mujer.

Quería empezar una nueva vida.

Pero no quería pagar pensión ni dividir los bienes.

Aceptó desaparecer.

Todos creyeron que había muerto.

Incluso tú.

Daniel sintió que le faltaba el aire.

—¿Y por qué volvió?

Margarita cerró los ojos.

—Porque descubrió que ibas a ser padre.

—Quería conocerte.

—También conocer a su nieto.

Daniel recordó las palabras de Raquel.

La caída.

Las escaleras.

El hombre intentando sujetarla.

—¿Qué pasó realmente ese día?

Margarita tardó varios segundos en responder.

—Discutimos.

—Él insistía en entrar a la casa.

—Raquel salió para ver qué ocurría.

—Yo intenté echarlo.

Su voz comenzó a quebrarse.

—Ella quedó entre los dos.

—Perdió el equilibrio.

Daniel sintió un nudo en el estómago.

—¿La empujaste?

Margarita rompió definitivamente a llorar.

—No quise hacerlo.

—Solo quería apartarla.

—Pero cayó por las escaleras.

Daniel permaneció inmóvil.

Su propia madre había provocado las lesiones que casi terminaron con la vida de su esposa y de su hijo.

Y después…

La dejó sufrir durante seis días para ocultar la verdad.

En ese instante sonó el teléfono de Daniel.

Era el hospital.

Contestó de inmediato.

La voz de la doctora sonaba urgente.

—Señor Salazar…

Necesitamos que venga ahora mismo.

Su esposa acaba de despertar gritando un nombre.

No deja de repetir que…

Tom está desaparecido y alguien intentó matarlo antes de que pudiera hablar con usted.

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