Ethan tardó varios segundos en reaccionar.
—¿Northstar Global… es tuya?
—En un 61% —respondí—. ¿Empezamos la reunión?
La seguridad con la que había hablado en el aeropuerto desapareció.
Subimos al piso dieciocho. Ethan se sentó frente a mí acompañado por su director financiero. Sobre la pantalla aparecieron las cifras de Lu Technologies.
Deudas.
Contratos perdidos.
Problemas de liquidez.
Necesitaban nuestra inversión para sobrevivir.
Ethan intentó recuperar su tono profesional.
—Nuestro problema es temporal. Con cuarenta millones podemos estabilizar operaciones.
Revisé el informe.
—¿Y por qué debería invertir Northstar?
—Porque seguimos teniendo tecnología, clientes y—
—No pregunté qué tienen. Pregunté por qué debería arriesgar el dinero de mis accionistas.
Ethan guardó silencio.
Cinco años atrás, ese hombre podía hacerme sentir pequeña con una mirada.
Ahora tenía que convencerme de que su empresa merecía seguir existiendo.
Al terminar la reunión cerré la carpeta.
—Mi equipo revisará la propuesta.
Ethan esperó hasta que los demás salieron.
—Clara.
—Señor Lu.
Su mandíbula se tensó.
—No mezcles nuestra historia con los negocios.
Casi sonreí.
—Precisamente por eso todavía estás sentado aquí.
Dos días después, Olivia apareció en el hospital.
Esta vez venía con Ethan.
Mi madre se puso nerviosa.
—Clara, quizá deberían hablar.
Ethan dejó una bolsa de fruta sobre la mesa.
—No vine por la inversión.
—Entonces puedes irte.
Olivia comenzó a llorar.
—¿Cuánto tiempo vas a castigarnos?
La miré.
—Yo no los estoy castigando.
—¡Han pasado cinco años!
—Y durante esos cinco años jamás recibí una disculpa sincera.
Olivia bajó la cabeza.
Entonces dijo:
—Tú ya te habías divorciado de Ethan cuando empezamos.
Aquello me hizo reír.
—¿Eso es lo que te cuentas?
Ethan intervino inmediatamente.
—Clara, basta.
Lo miré.
—¿Quieres contarle tú o lo hago yo?
Su rostro cambió.
Olivia levantó la cabeza.
—¿Contarme qué?
Saqué el teléfono.
Cinco años antes había descubierto mensajes entre Ethan y Olivia fechados cuatro meses antes de nuestro divorcio.
Nunca los utilicé.
No los necesitaba.
Simplemente me marché.
Le mostré las capturas.
Olivia dejó de respirar por un instante.
—Ethan me dijo que ustedes ya estaban separados.
—Dormía conmigo todas las noches —respondí.
Ella miró a Ethan.
—¿Es verdad?
Él no contestó.
Aquella fue su respuesta.
Olivia salió llorando.
Ethan intentó seguirla, pero antes de llegar a la puerta me miró.
—¿Estás satisfecha?
Negué.
—Hace cinco años habría dado cualquier cosa por verte perderlo todo.
Guardé el teléfono.
—Hoy ya no me importa lo suficiente.
Una semana después llegó el día de decidir la inversión.
Mi comité rechazó la propuesta.
No por Ethan.
Los números simplemente no justificaban el riesgo.
Cuando se lo comuniqué, permaneció sentado frente a mí durante mucho tiempo.
—Entonces se acabó.
—Probablemente.
Me levanté.
Ethan observó la ciudad desde la ventana.
—Cuando te fuiste pensé que regresarías en unos meses.
No respondí.
—Creí que no podrías vivir sin mí.
Finalmente lo miré.
—Ese fue siempre tu problema, Ethan. Pensabas que eras la parte más importante de mi vida.
Tomé mi carpeta.
—Solo eras la parte que más me costó dejar atrás.
Tres meses después, Lu Technologies entró en reestructuración.
Olivia terminó separándose de Ethan cuando descubrió que aquella no había sido la única mentira de su relación.
Yo no celebré ninguna de las dos cosas.
Mi madre se recuperó.
Northstar abrió oficialmente su nueva sede.
Y la mañana de la inauguración, mientras observaba mi nombre sobre las puertas del edificio, recordé las palabras que Ethan había pronunciado en el aeropuerto:
“¿Por fin has decidido admitir que perdiste?”

Cinco años antes me fui creyendo que había perdido un matrimonio, una familia y una vida entera.
Solo después entendí la verdad.
No había regresado para demostrarle a Ethan quién era.
Había regresado sabiendo, por fin, que ya no necesitaba que él lo supiera.