Desperté diecisiete horas después.
Lo primero que vi fue el techo blanco del hospital.
Lo segundo fue a Marcus.
Estaba sentado junto a mi cama, todavía con la bata quirúrgica puesta y los ojos rojos por el cansancio.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí? —pregunté.
—Desde que saliste del quirófano.
Intenté mover la pierna.
El dolor me hizo cerrar los ojos.
Marcus inmediatamente tomó mi mano.
—No la muevas todavía. La cirugía salió bien.
—¿La salvaron?
Él sonrió.
—Sí.
Por primera vez en tres años lloré.
No por Adrián.
No por Clara.
Lloré porque todavía podía caminar.
Marcus me dejó llorar en silencio.
Entonces abrió una carpeta.
—Hay algo que necesitas saber.
—¿Qué?
—El proyectil que te hirió no pertenecía al grupo que inicialmente informaron.
Fruncí el ceño.
—¿Qué significa eso?
Marcus sacó varias fotografías.
—Revisamos los fragmentos. La munición procedía de un depósito militar restringido.
Mi corazón se aceleró.
—¿Cómo llegó allí?
—Eso estamos investigándolo.
Pasó otra página.
Había una lista de nombres.
Y entonces vi uno.
Clara Snow.
Me quedé inmóvil.
—No puede ser.
Marcus sostuvo mi mirada.
—Todavía no sabemos qué papel tuvo. Pero alguien utilizó credenciales vinculadas a ella para retirar material del depósito seis semanas antes del ataque.
Sentí un frío recorrerme el cuerpo.
Tres años atrás, Clara había sido la razón por la que me enviaron a la frontera.
Ahora su nombre aparecía relacionado con el ataque que casi me costó la vida.
Pero había algo todavía peor.
Marcus deslizó la última fotografía hacia mí.
Era una captura de una cámara de seguridad.
Un hombre entrando al depósito.
La imagen estaba borrosa, pero llevaba una insignia que reconocí inmediatamente.
La misma unidad especial de Adrián.
Levanté la vista.
—Marcus…
Él asintió lentamente.
—Exactamente.
Antes de que pudiera decir otra palabra, la puerta se abrió.
Un oficial entró con expresión seria.
—Mayor Bennett, necesitamos hablar con usted.
—¿Sobre qué?
El hombre dejó un teléfono sobre la mesa.
En la pantalla aparecía un mensaje recibido esa misma mañana.
ADRIÁN BLACKWOOD REGRESÓ DE SU VIAJE.
Debajo había otra línea.
Y ESTÁ PREGUNTANDO POR USTED.
Sentí que algo dentro de mí se apagaba.
Marcus tomó mi mano.
—Esta vez no tendrás que enfrentarlo sola.
Miré hacia la ventana.
Tres años atrás, Adrián decidió enviarme lejos porque creyó una mentira.
Ahora alguien había intentado matarme usando información de su propia unidad.
Y por primera vez comprendí que mi expulsión a la frontera quizá nunca había sido un castigo.

Quizá había sido parte de un plan.
Y yo acababa de sobrevivir lo suficiente para descubrirlo.