Emily cerró la puerta con manos temblorosas.
Durante cinco segundos ninguno de los dos habló.
Ella me miraba como si estuviera viendo un fantasma.
Y quizá eso era exactamente lo que todos creían que era.
—Señor Vance… ¿desde cuándo está despierto?
Mi garganta estaba seca después de cinco días sin hablar, pero conseguí responder:
—Lo suficiente para saber que mi prometida quiere verme muerto.
Emily bajó la mirada.
No parecía sorprendida.
Parecía triste.
Como si hubiera esperado que algún día descubriera la verdad.
—Yo intenté advertirle.
Me incorporé lentamente en la cama, ignorando el dolor.
—¿Por qué?
Ella miró hacia la puerta.
—Porque alguien tiene que hacerlo.
Esa respuesta me confirmó algo importante.
Emily no era simplemente una empleada silenciosa.
Había estado observando.
Escuchando.
Guardando secretos.
—Dime todo lo que sabes.
Ella respiró profundamente.
—La noche del accidente, escuché a Chloe hablando con un hombre por teléfono.
Sentí que mi mandíbula se tensaba.
—¿Quién?
—No lo sé. Pero ella le dijo algo extraño.
Emily cerró los ojos intentando recordar cada palabra.
—Dijo: “El accidente falló, pero todavía tenemos tiempo antes de que despierte”.
El silencio cayó sobre la habitación.
Cinco días.
Cinco días creyendo que mi mayor enemigo era mi prometida.
Pero ahora entendía algo.
Chloe no había actuado sola.
—¿Quién más estaba aquí? —pregunté.
Emily dudó.
Y esa duda me preocupó más que cualquier respuesta.
—Su primo Anthony vino tres veces.
Mi corazón se endureció.
Anthony.
El hombre que había llorado junto a mi cama.
El hombre que hablaba de proteger mi legado.
—¿Y mi abogado?
Emily asintió lentamente.
—También.
Sentí una presión en el pecho.
No por las heridas.
Por la traición.
Toda mi vida había construido una fortaleza alrededor de mi familia, mi empresa y mi nombre.
Pero los enemigos no estaban afuera.
Estaban sentados en mi habitación esperando que muriera.
De repente, el teléfono de Emily vibró.
Ella palideció.
—No debería haber recibido este mensaje.
—¿Qué dice?
Me entregó el teléfono.
Era una sola frase.
“Sabemos que alguien habló contigo”.
Levanté la mirada.
—¿Quién tiene este número?
Emily tragó saliva.
—Solo tres personas.
—¿Quiénes?
Antes de responder, las luces del pasillo comenzaron a parpadear.
Un segundo después, alguien intentó abrir la puerta.
Emily se quedó congelada.
Yo también.
Porque esa puerta estaba cerrada con llave.
La manija volvió a moverse.
Una vez.
Dos veces.
Luego una voz tranquila atravesó la madera.
—Julian…
Era Chloe.
Mi prometida.
La mujer que me había susurrado que muriera antes del viernes.
—Sé que estás despierto.
Emily me miró aterrorizada.
Pero yo sonreí por primera vez en cinco días.
Porque Chloe acababa de cometer el error que necesitaba.
Había venido a confirmar que todavía estaba vivo.
Y esta vez…
yo estaba preparado.
Continuará en la PARTE 3…