PARTE 2: EL HOMBRE QUE DESPERTÓ AL ESCUCHARME

Durante varios segundos no pude moverme.

Mi mente intentaba encontrar una explicación lógica.

Un reflejo.

Un movimiento involuntario.

Una reacción del cuerpo.

Cualquier cosa menos la verdad que estaba ocurriendo delante de mí.

Ethan Thornton estaba despertando.

—Ethan…

Mi voz salió apenas como un susurro.

Sus ojos se abrieron lentamente.

Al principio parecían perdidos.

Como si estuviera intentando recordar dónde estaba.

Después se fijaron en mí.

En mi rostro.

En mis lágrimas.

En la mujer desconocida que acababa de convertirse en su esposa.

El monitor cardíaco aceleró su ritmo.

La máquina empezó a emitir sonidos más rápidos.

Me levanté de golpe.

—¡Enfermera!

La puerta se abrió casi inmediatamente.

Dos médicos entraron corriendo.

Uno revisó los monitores.

Otro iluminó sus ojos con una pequeña linterna.

—Señor Thornton, ¿puede escucharme?

Ethan parpadeó lentamente.

Sus labios intentaron moverse.

Pero no salió ningún sonido.

Los médicos se miraron entre ellos.

Yo me quedé apartada junto a la pared, completamente confundida.

Nueve meses.

Nueve meses sin una sola reacción.

Y había ocurrido justo después de que yo le hablara.

La noticia se extendió por toda la mansión en minutos.

Vivian llegó primero.

Después Jason.

Todos querían ver con sus propios ojos que el heredero Thornton había abierto los ojos.

Pero nadie parecía más sorprendido que Vivian.

Entró en la habitación y se quedó mirando a Ethan.

—Ethan…

Su voz, por primera vez, no sonaba fría.

Sonaba rota.

Él giró ligeramente la cabeza.

Pero cuando me vio a mí, su mirada cambió.

Como si estuviera intentando reconocerme.

Como si mi voz hubiera quedado grabada en algún lugar de su memoria.

Jason dio un paso adelante.

—Esto es imposible.

El médico lo miró.

—No sabemos todavía cómo explicar la recuperación.

—¿Puede hablar?

—Todavía no.

Jason apretó los labios.

Parecía menos feliz por el despertar de Ethan que preocupado por algo que acababa de cambiar.

Lo noté.

Y no fui la única.

Vivian también lo vio.

Esa noche me quedé en la habitación de Ethan.

Los médicos habían insistido en que necesitaba descansar, pero algo dentro de mí se negaba a irme.

Quizá porque, aunque solo habían pasado unas horas, sentía una extraña responsabilidad.

Él había abierto los ojos mientras me escuchaba.

Y no podía ignorarlo.

Me senté junto a la ventana.

—Supongo que ahora todos pensarán que soy una especie de milagro.

Ethan seguía mirando hacia el techo.

Pero esta vez sus ojos estaban abiertos.

—No sé si me escuchaste antes.

Silencio.

—Pero si lo hiciste… lo siento.

Sus dedos se movieron ligeramente.

Lo miré.

—¿Puedes entenderme?

Parpadeó una vez.

Mi respiración se detuvo.

Una vez.

Sí.

No era imaginación.

Me acerqué lentamente.

—Entonces realmente me escuchabas.

Sus ojos se movieron hacia mí.

No sabía por qué, pero sentí una tristeza enorme en esa mirada.

Como si hubiera estado atrapado durante meses viendo el mundo pasar sin poder hacer nada.

Como si hubiera escuchado conversaciones que nadie pensó que podía oír.

Como si supiera cosas que yo todavía desconocía.

—¿Qué pasó, Ethan?

Por primera vez intenté hablarle no como una esposa obligada.

Sino como una persona.

—¿Por qué terminaste así?

Sus ojos se cerraron lentamente.

Pensé que estaba cansado.

Pero entonces su mano comenzó a moverse.

Con dificultad.

Muy lentamente.

Sus dedos buscaron algo sobre la mesa.

Un bolígrafo.

Lo tomó con esfuerzo.

Yo lo ayudé colocando una libreta frente a él.

Su mano temblaba.

Cada palabra parecía costarle una fuerza enorme.

Pero escribió.

Una frase.

Cuando la leí, sentí que mi cuerpo se quedaba frío.

“No confíes en Jason.”

Levanté la mirada hacia Ethan.

—¿Tu primo?

Sus ojos se cerraron y volvieron a abrirse.

Sí.

Antes de que pudiera preguntar más, la puerta de la habitación se abrió.

Jason apareció.

Su sonrisa era perfecta.

Demasiado perfecta.

—Vine a ver cómo está mi primo.

Ethan dejó caer el bolígrafo inmediatamente.

Su expresión cambió.

Por primera vez desde que despertó, vi miedo en sus ojos.

Jason caminó hacia nosotros.

—¿Interrumpo algo?

No respondí.

Guardé la libreta debajo de la manta.

Jason miró a Ethan.

Luego a mí.

—Qué increíble, ¿verdad?

Sonrió.

—Después de nueve meses dormido, despierta justo cuando llega su nueva esposa.

Una pausa.

—Parece que el destino tiene sentido del humor.

Algo en su tono me hizo desconfiar.

Porque Jason no parecía un hombre viendo regresar a alguien que amaba.

Parecía un hombre que acababa de perder algo.

Cuando salió de la habitación, Ethan volvió a buscar mi mano.

Sus dedos apenas tenían fuerza.

Pero esta vez consiguió escribir otra frase.

La leí.

Y mi corazón empezó a latir más rápido.

“Tu padre no te dijo la verdad sobre este matrimonio.”

Miré hacia la puerta.

Después a Ethan.

Porque de repente entendí algo.

Quizá yo no había sido elegida para salvar a Ethan Thornton.

Quizá yo había sido llevada hasta esa mansión porque alguien necesitaba que descubriera la verdad antes de que fuera demasiado tarde.

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