El salón quedó completamente en silencio.
Natalie dejó de respirar por un instante.
—Estás mintiendo.
Su voz ya no tenía la seguridad de unos segundos antes.
Levanté lentamente el informe del laboratorio.
—No.
Grant dio un paso adelante.
—La prueba fue realizada hace nueve días en un laboratorio independiente.
Eric soltó una risa nerviosa.
—Eso no prueba nada.
Lo miré por primera vez en toda la noche.
—Tienes razón.
Hice una pausa.
—Por eso hay algo más.
Grant abrió nuevamente la carpeta roja.
Sacó varias fotografías.
Luego estados de cuenta.
Y finalmente un registro de acceso a un edificio de apartamentos.
Todo fue colocándolo sobre la mesa del pastel.
Los invitados comenzaron a levantarse de sus sillas para intentar ver.
Natalie retrocedió un paso.
—¿Qué hiciste?
—Lo mismo que ustedes hicieron durante meses.
Respondí con calma.
—Buscar la verdad.
Mi madre seguía llorando en silencio.
Mi padre no apartaba la vista de Eric.
Grant habló por primera vez.
—Mientras seguíamos al señor Eric Bennett, descubrimos algo inesperado.
Se volvió hacia Natalie.
—Él no era el único hombre que la visitaba.
Ella sintió que las piernas comenzaban a fallarle.
—No…
Grant colocó la última fotografía sobre la mesa.
En ella aparecía Natalie entrando a un edificio residencial.
No iba sola.
La acompañaba otro hombre.
Alto.
Cabello oscuro.
Chaqueta de cuero.
La fotografía estaba fechada apenas seis semanas antes.
Eric quedó inmóvil.
—¿Quién demonios es ese?
Natalie comenzó a negar desesperadamente.
—No significa nada.
Grant sacó otra imagen.
Después otra.
Y otra.
Todas mostraban al mismo hombre entrando y saliendo del mismo apartamento.
Siempre con Natalie.
Siempre cuando Eric decía estar trabajando.
Levanté entonces el informe del laboratorio.
—Eric sí se hizo una prueba de ADN.
Él frunció el ceño.
—¿Qué?
—Mientras dormías.
Toda la sala volvió a guardar silencio.
—Con un simple hisopo bucal.
Grant asintió.
—Legalmente no sirve para un juicio.
Miró a los invitados.
—Pero sí permitió hacer una comparación preliminar.
Natalie respiraba cada vez más rápido.
Yo pronuncié la frase que llevaba cuatro meses esperando decir.
—Eric no es compatible genéticamente con el embarazo de Natalie.
Eric dio un paso atrás.
Miró a Natalie.
—¿Qué está diciendo?
Ella comenzó a llorar.
—Yo…
No encontraba palabras.
En ese momento señalé discretamente hacia la tercera mesa.
Un hombre de unos cuarenta años, traje azul oscuro y corbata plateada, permanecía sentado desde el comienzo de la fiesta.
No había dicho una sola palabra.
Se puso lentamente de pie.
Natalie abrió los ojos con horror.
—No…
El hombre caminó hasta el frente.
Eric lo observó confundido.
—¿Quién es usted?
El desconocido no respondió de inmediato.
Solo miró a Natalie con una mezcla de tristeza y decepción.
Luego habló.
—Mi nombre es Daniel Ross.
Se hizo un largo silencio.
—Soy socio del mismo despacho donde trabaja Natalie.
Ella comenzó a temblar.
—Por favor…
Daniel cerró los ojos un instante.
—Nunca me dijiste que seguías saliendo con tu cuñado.
Los murmullos recorrieron todo el salón.
Eric sintió que el rostro se le vaciaba de color.
—¿Qué?
Daniel continuó.
—Cuando me dijiste que estabas embarazada… aseguraste que el bebé era mío.
Nadie respiraba.
Natalie rompió a llorar.
—Yo…
Daniel sacó lentamente un sobre del bolsillo interior de su saco.
Lo dejó sobre la mesa.
—Por eso acepté hacerme una prueba prenatal de paternidad hace dos semanas.
Miró directamente a Eric.
—Y el resultado confirmó que soy el padre.
El informe llevaba el mismo logotipo del laboratorio que el documento que yo sostenía.
Eric dio un paso hacia Natalie.
—¿Me engañabas a mí también?
Ella ya no podía sostenerle la mirada.
Mi madre comenzó a llorar con más fuerza.
Mi padre se dejó caer lentamente en una silla.
Durante meses habían creído que el peor engaño era el que habían hecho contra mí.
Acababan de descubrir que también se habían engañado entre ellos.
Pensé que todo había terminado.
Pero Grant levantó la mano.
—Todavía queda un documento.
Sacó el último sobre de la carpeta roja.
Era mucho más grueso que los anteriores.

Lo colocó frente a Eric.
—La infidelidad fue solo el principio.
Respiré profundamente antes de pronunciar las palabras que terminarían de destruir la noche.
—Lo que realmente va a cambiar sus vidas… es descubrir quién estuvo robando dinero de la empresa familiar durante los últimos tres años usando las firmas de ambos.