PARTE 2: EL HERMANO QUE ADRIAN NUNCA IMAGINÓ QUE PODÍA PERDER

Adrian se quedó inmóvil.

Nathan caminó hacia nosotros con el mismo traje oscuro que había llevado durante toda la recepción.

Pero ahora no sonreía.

Se detuvo a mi lado y extendió una mano.

—¿Nos vamos, Elena?

Adrian miró su mano.

Después me miró a mí.

—¿Qué significa esto?

No respondí.

Nathan lo hizo por mí.

—Significa exactamente lo que escuchaste.

Adrian soltó una risa incrédula.

—No puede ser.

—¿Por qué no?

—Porque Elena era mi prometida.

Nathan lo miró fijamente.

—Hace cuatro años.

Adrian dio un paso hacia mí.

—Elena, dime que esto es una broma.

Lo observé durante unos segundos.

—No.

Su rostro perdió color.

—¿Cuándo?

—Hace dos años.

—¿Dos años?

—Sí.

Adrian parecía incapaz de procesarlo.

—¿Y tú sabías?

Nathan respondió:

—Desde el principio.

Adrian apretó la mandíbula.

—¿Te casaste con ella solo para vengarte de mí?

Nathan negó lentamente.

—No.

Entonces tomó mi mano.

—Me casé con ella porque la amaba.

Adrian dejó de respirar por un instante.

Yo bajé la mirada hacia nuestras manos.

Había pasado cuatro años creyendo que el abandono de Adrian había destruido mi vida.

No sabía que, mientras él estaba lejos construyendo una nueva vida con Lily, alguien más había estado a mi lado sin pedirme que olvidara nada.

Adrian dio otro paso.

—Elena…

Nathan se interpuso.

—No vuelvas a pronunciar su nombre como si todavía tuvieras algún derecho sobre ella.

Adrian lo miró con furia.

—Es mi hermano.

—Y tú eres mi hermano.

Nathan hizo una pausa.

—Pero ella es mi esposa.

El silencio fue brutal.

Adrian bajó la mirada hacia mi mano.

Entonces vio el anillo.

El que llevaba dos años.

El que nunca había visto.

Su expresión cambió por completo.

—¿Estás embarazada?

Mi corazón se detuvo.

Nathan no respondió.

Yo tampoco.

Adrian levantó lentamente la mirada.

Y en ese momento apareció Lily detrás de él.

Había escuchado todo.

Pero lo peor no fue su expresión.

Fue la carpeta que llevaba en las manos.

—Adrian…

Ella tragó saliva.

—Tenemos que hablar.

Nathan me apretó la mano.

Yo miré la carpeta.

Y comprendí que el regreso de Adrian no era lo único que aquella noche iba a destruirse.

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