PARTE 2: El Fantasma Nunca Murió

No colgué el teléfono.

La voz al otro lado permaneció en silencio durante varios segundos.

Después habló otra vez.

—Entendido.

La llamada terminó.

Miré a Lily.

Su mandíbula estaba inmovilizada.

Tenía tres costillas fracturadas.

El brazo izquierdo enyesado.

Y los nudillos destrozados por intentar defenderse.

El monitor cardíaco marcaba un ritmo estable.

Pero cada respiración me recordaba que había llegado demasiado tarde.

La doctora cerró la puerta de la habitación.

—Señor Walker…

Bajó la voz.

—Su hija despertó unos minutos antes.

Me acerqué inmediatamente.

Lily abrió lentamente los ojos.

Cuando me vio, comenzó a llorar.

—Papá…

Su voz apenas era un susurro.

Le tomé la mano.

—Estoy aquí.

Intentó hablar otra vez.

El dolor la obligó a detenerse.

Saqué una libreta del bolsillo.

Ella escribió con dificultad una sola palabra.

Biblioteca.

Fruncí el ceño.

—¿Todo empezó allí?

Asintió.

Después escribió tres nombres.

Ethan.

Brandon.

Tyler.

Debajo añadió otra frase.

No fui la primera.

Sentí que el aire desaparecía del cuarto.

—¿Qué significa eso?

Sus dedos temblaban.

Escribió lentamente.

Hay otras chicas.

En ese momento mi teléfono vibró.

Era un mensaje cifrado.

Solo tres líneas.

Las cámaras no desaparecieron.

Fueron copiadas antes de ser borradas.

Veinte minutos.

Salí al pasillo.

Llamé inmediatamente.

—Habla.

La voz respondió sin rodeos.

—El sistema de seguridad universitario guarda una copia automática en un servidor externo.

—¿La tienes?

—Sí.

Respiré profundamente.

—¿Qué muestra?

Hubo un largo silencio.

Después respondió.

—No fue una pelea.

Miré la puerta de la habitación de Lily.

—Lo imaginaba.

—La esperaron.

Mi mandíbula se tensó.

—Continúa.

—Tres estudiantes bloquearon las salidas de la biblioteca.

Otros dos grababan con sus teléfonos.

Sentí que la ira volvía lentamente.

—¿Y Lily?

—Intentó escapar.

La persiguieron hasta el estacionamiento.

Mi mano se cerró alrededor del teléfono.

—¿Quién dio el primer golpe?

—Ethan Cole.

—¿Los otros?

—Brandon Hale le sujetó los brazos.

Tyler Whitmore la golpeó cuando ya estaba en el suelo.

Cerré los ojos apenas un instante.

—¿Hay testigos?

—Doce.

—¿Entonces por qué todos mintieron?

La respuesta llegó inmediatamente.

—Porque al día siguiente los abogados de las tres familias visitaron el campus.

No me sorprendió.

Era exactamente lo que esperaba.

La voz continuó.

—Hay algo peor.

Esperé.

—No fue la primera vez que atacaron a alguien.

Mi respiración se volvió más lenta.

—Explícate.

—Encontramos seis denuncias archivadas.

Todas contra los mismos tres estudiantes.

Todas desaparecieron.

Fotografías perdidas.

Videos eliminados.

Víctimas que retiraron la acusación.

Era un patrón.

No un accidente.

Volví a entrar en la habitación.

Lily seguía despierta.

Le mostré la libreta.

Escribí una pregunta.

¿Te amenazaron?

Ella negó.

Después escribió lentamente otra frase.

Amenazaron a las demás.

La puerta volvió a abrirse.

Entró un detective.

Traía una carpeta bajo el brazo.

—Señor Walker.

Asentí.

—Soy el detective Collins.

Miró a Lily.

Después a mí.

—Necesito hacerle unas preguntas.

Antes de que pudiera empezar, sonó su teléfono.

Contestó.

Escuchó menos de treinta segundos.

Su expresión cambió por completo.

Colgó lentamente.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Respiró hondo.

—Acabamos de recibir una orden.

—¿De quién?

—Del fiscal del estado.

Hizo una pausa.

—El caso queda oficialmente suspendido por falta de pruebas.

Miré el rostro de mi hija.

Después al detective.

Finalmente saqué del bolsillo una vieja moneda plateada.

La dejé sobre la mesa.

El detective la observó apenas un segundo.

Todo el color desapareció de su rostro.

Reconocía aquel símbolo.

Muy pocas personas seguían vivas para hacerlo.

Levantó lentamente la vista hacia mí.

—Usted no es solo Daniel Walker…

Guardé la moneda otra vez.

—No.

Mi voz salió completamente tranquila.

—Daniel Walker murió hace diecinueve años.

Hice una breve pausa.

—Y acaba de regresar el hombre al que ustedes llamaban… el Fantasma.

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