PARTE 2: EL EXTRAÑO QUE FINGIÓ SER MI ESPOSO HIZO QUE MI EXMARIDO DESCUBRIERA A QUIÉN HABÍA HUMILLADO

Giovanni me llevó al centro de la pista.

No me abrazó de manera exagerada ni intentó convertir aquello en un espectáculo. Simplemente apoyó una mano con respeto en mi espalda y comenzó a guiarme.

—No sé bailar así —murmuré.

—Yo sí. Sígueme.

A nuestro alrededor, las conversaciones comenzaron a apagarse.

Tyler ya no sonreía.

Vanessa tampoco.

Entonces un hombre mayor se acercó a mi madre.

—¿Jessica está casada con Giovanni Fierro?

Mi madre parpadeó.

—¿Quién?

El hombre la miró como si acabara de descubrir que alguien había invitado a la boda a un presidente sin reconocerlo.

Giovanni inclinó ligeramente la cabeza hacia mí.

—Ahora viene la parte complicada.

—¿Cuál?

—Mi familia.

Una mujer elegante avanzó hacia nosotros acompañada por la morena que había visto antes.

—Giovanni.

—Tía.

Sus ojos descendieron hacia nuestras manos.

—¿Quieres explicarme esto?

Giovanni no vaciló.

—Jessica es mi esposa.

Escuché una copa caer detrás de nosotros.

Yo esperaba que aquella mentira durara un baile.

Giovanni acababa de anunciarla frente a medio Chicago.

—¿Desde cuándo? —preguntó su tía.

—Desde hace suficiente tiempo para que no necesite tu permiso.

Entonces Tyler apareció.

—Esto es ridículo.

Giovanni lo miró.

—¿Nos conocemos?

La pregunta fue devastadora precisamente porque Tyler sabía perfectamente quién era él.

—Jessica no está casada —dijo Tyler—. Yo fui su esposo.

Giovanni volvió lentamente los ojos hacia mí.

—¿El hombre que abandonó a Lily?

El rostro de Tyler cambió.

—Eso es asunto nuestro.

—Hace cinco minutos estabas hablando de sus problemas económicos delante de otros invitados. Parecía bastante público.

Tyler apretó la mandíbula.

Yo tiré suavemente de la manga de Giovanni.

—No necesito que pelees por mí.

—Lo sé.

Su respuesta me sorprendió.

—Pero tampoco necesitas quedarte aquí mientras alguien intenta convencerte de que sobrevivir sin él fue un fracaso.

Vanessa se acercó.

—Jessica siempre ha sabido hacerse la víctima.

Esta vez fui yo quien respondió.

—No, Vanessa. Durante cinco años hice exactamente lo contrario.

La miré directamente.

—Trabajé. Crié a Lily. Terminé enfermería. Nunca le pedí dinero a Tyler fuera de lo que correspondía legalmente a nuestra hija.

Tyler palideció.

—No metas a Lily en esto.

Me quedé inmóvil.

—Tú la metiste cuando dijiste que desperdicié mi futuro por tenerla.

Mi madre había escuchado.

También Sophia.

También varios familiares.

La expresión de mi hermana cambió por completo.

—¿Dijiste eso de mi sobrina?

Tyler intentó explicarse.

Ya nadie parecía interesado.

Entonces Giovanni hizo algo inesperado.

Me soltó la mano.

—La mentira termina aquí.

Lo miré.

Él se dirigió a todos.

—Jessica no es mi esposa.

Tyler soltó una carcajada triunfal.

Pero Giovanni continuó:

—Le pedí que fingiera porque necesitaba escapar de un compromiso que mi familia intentaba imponerme. Ella aceptó porque acababan de humillarla.

Miró a Tyler.

—Pero después de escuchar cómo hablan de ella, no pienso permitir que mi apellido se convierta en otra herramienta para decidir cuánto vale.

El salón quedó completamente callado.

Luego Giovanni volvió hacia mí.

—Ahora puedes irte cuando quieras.

Por primera vez aquella noche, alguien me estaba dando una elección sin exigir nada a cambio.

Recogí el pastel que había prometido llevarle a Lily.

Y me fui.

Pensé que Giovanni Fierro desaparecería de mi vida aquella misma noche.

Me equivoqué.

A la mañana siguiente, cuando llegué al hospital para comenzar mi turno, la directora médica estaba esperándome.

—Jessica, tenemos un nuevo benefactor para la unidad pediátrica.

Detrás de ella estaba Giovanni.

Sin esmoquin.

Sin baile.

Sin esposa falsa.

Y con una expresión completamente seria.

—Buenos días, enfermera Hale.

Miré la carpeta que sostenía.

En la portada aparecía el nombre de la fundación Fierro.

—¿Esto también forma parte de nuestra actuación?

Giovanni negó.

—No.

Después miró hacia la unidad donde yo había trabajado durante años.

—Esto es precisamente lo contrario.

Aquella noche había fingido ser su esposa durante unos minutos.

Pero por primera vez en mucho tiempo, alguien había visto mi verdadera vida y no la había considerado un fracaso.

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