PARTE 2: EL EMBRIÓN QUE DESAPARECIÓ.

Sophia fue la primera en reaccionar.

—David no sabe de qué está hablando.

Mi tío levantó el informe.

—Entonces explícalo tú.

Andrew miró a mi hermana.

—Me dijiste que el embrión de Elena había sido destruido.

Aquella frase cambió todo.

—¿Destruido? —pregunté.

Andrew comprendió demasiado tarde lo que había confesado.

Sophia cerró los ojos.

—Elena necesita entrar al quirófano.

—Primero responde.

El monitor volvió a emitir una alarma.

David apretó mi mano.

—Nos llevamos las respuestas después. Ahora salvamos a Elena y al bebé.

Me trasladaron inmediatamente a la torre norte.

La última imagen que vi antes de que las puertas se cerraran fue Andrew gritándole a Sophia.

Por primera vez, ya no parecían aliados.

Mi hija nació cuarenta minutos después.

Una niña.

Pequeña, furiosa y perfectamente viva.

Cuando escuché su llanto, lloré también.

Era mía.

Siempre había sido mía.

Horas después, David entró en recuperación con otra carpeta.

—Encontramos el registro original del laboratorio.

Respiré hondo.

—Dímelo.

Durante la transferencia, Sophia había cambiado los códigos de dos embriones.

Pero había cometido un error.

El embrión destinado a Claire no había terminado conmigo.

Mi propio embrión había sido implantado correctamente.

—Entonces ¿qué recibió Claire?

David permaneció callado unos segundos.

—Un embrión perteneciente a otra paciente.

Sentí náuseas.

Aquello ya no era solamente sobre mí.

Había otra familia involucrada.

—¿Claire está embarazada?

—De veintisiete semanas.

Cerré los ojos.

Sophia había creado una cadena de vidas robadas.

La investigación comenzó aquella misma noche.

Los servidores del laboratorio fueron asegurados.

Sophia fue suspendida.

Andrew intentó convencer a los investigadores de que él solamente conocía una parte del plan.

Pero los mensajes recuperados de su teléfono demostraron que había pagado para modificar registros.

Dos días después pidió verme.

Acepté únicamente porque había un abogado presente.

Entró destruido.

—Elena, pensé que estabas llevando al hijo de Claire.

Lo miré fijamente.

—¿Y eso debería hacerte parecer mejor?

No respondió.

—Estabas dispuesto a utilizar mi cuerpo sin consentimiento.

—Claire podía morir si quedaba embarazada.

—Entonces debiste aceptar que no podía gestar.

Pausa.

—No ofrecer mi cuerpo como solución.

Andrew bajó la cabeza.

—Lo siento.

—Yo también.

Deslicé los documentos de divorcio hacia él.

—Siento haber tardado tanto en descubrir quién eras.

Firmé primero.

Tres semanas después, llegó el resultado genético del embarazo de Claire.

El bebé no era suyo.

Tampoco de Andrew.

Correspondía a una pareja que llevaba meses demandando al hospital porque su único embrión viable había sido declarado accidentalmente perdido.

Pero todavía faltaba una pieza.

Claire pidió hablar conmigo.

Cuando entró en la habitación, llevaba las manos sobre su vientre.

Estaba llorando.

—Yo sabía que Andrew quería utilizar tu embarazo —confesó—. Pero creí que llevabas mi embrión.

No sentí compasión.

—Entonces también lo permitiste.

Claire bajó la cabeza.

—Sí.

Luego colocó un sobre frente a mí.

—Pero Sophia me mintió sobre algo más.

Dentro había una fotografía del registro del laboratorio tomada meses atrás.

Dos códigos aparecían marcados.

Uno era el mío.

El otro pertenecía a aquella pareja.

Y debajo había una tercera anotación escrita por Sophia:

“Embrión Bennett reservado. No transferir.”

Levanté la mirada.

—¿Bennett?

Claire comenzó a temblar.

—Ese era mi embrión verdadero.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

David investigó durante otras cuarenta y ocho horas.

Cuando finalmente regresó, no se sentó.

—Elena, encontramos dónde fue enviado.

Su expresión me hizo sentir frío.

—¿Dónde?

—A otra clínica.

—¿Para qué?

David dejó una fotografía sobre mi cama.

Mostraba a una mujer embarazada saliendo de una consulta privada.

La reconocí inmediatamente.

Era la esposa de uno de los principales accionistas del hospital.

—Está embarazada de ocho meses —dijo David.

Miré la fotografía.

Nuestro caso ya no era un intercambio de embriones.

Sophia llevaba años moviéndolos entre pacientes.

Y acabábamos de descubrir que mi hermana quizá no había falsificado tres consentimientos.

Había construido todo un negocio con familias que jamás supieron qué hijos estaban llevando a casa.

Related Posts

PARTE 2: ADRIAN DESCUBRIÓ QUE IBA A SER PADRE.

Cerré el resultado y guardé el teléfono. La señora Whitman seguía hablando, pero ya no escuchaba. Estaba embarazada. Y solo podía ser de Adrian. Salí de aquella…

PARTE 2: EL ABUELO HABÍA BORRADO LAS CÁMARAS.

—La residencia de Thomas Whitmore en Brentwood —respondí—. Pero nadie entra hasta que la policía local asegure la escena. No iba a convertir la rabia en una…

PARTE 2: EL TASADOR NO VENÍA SOLO.

Scott cerró la puerta detrás de mí. —Devuélveme esos papeles. —No. Llevé a mi hija directamente a la sala y coloqué el portabebés junto al sofá. —¿Quién…

PARTE 2: MARCUS HABÍA DEJADO DEMASIADAS PRUEBAS.

Las patrullas llegaron antes que la ambulancia. Marcus cambió de personalidad en cuanto escuchó golpes en la puerta. —Oficiales, gracias a Dios —dijo—. Mi esposa tuvo un…

PARTE 2: ETHAN HABÍA FIRMADO SU PROPIA CAÍDA.

Ethan levantó ambas manos cuando los agentes se acercaron. —Esto es absurdo. Miró a Liam. —Su hermana está confundida. Liam ni siquiera pestañeó. —Entonces será ella quien…

PARTE 2: TODOS ESTABAN ESPERANDO SU FIRMA.

No llamé a Emily. Tampoco conduje hacia la casa de Robert. Fuimos directamente a la oficina de Franklin Shaw. Cuando entramos, el abogado no pareció sorprendido. —Gracias…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *