El capitán Warren leyó el mensaje dos veces.
—No responda.
—No pensaba hacerlo.
—¿Quién sabía que estaba en Pattaya?
La pregunta me heló.
—Mi hermana. Mi abogado. Y Ethan.
Warren levantó la mirada.
—¿Su exmarido conocía este hotel?
Negué.
—Solo sabía que viajaría después del divorcio.
El agente joven examinó el número.
—Es desechable.
Entonces llegó otro mensaje.
Una fotografía.
Ethan estaba inconsciente sobre una cama.
Tenía una vía intravenosa en el brazo.
Junto a él aparecía el periódico de aquella mañana.
Debajo escribieron:
“Pregúntale a Martha por qué necesitaba que firmaras el divorcio ayer.”
Sentí un escalofrío.
—El divorcio fue idea de Ethan.
—¿Quién preparó el acuerdo? —preguntó Warren.
—El abogado de su familia.
Los policías volvieron a mirarse.
Abrí inmediatamente la copia digital.
Había leído cada página antes de firmarla.
O eso creía.
Warren señaló un anexo incorporado al final.
Acuerdo de renuncia patrimonial complementaria.
Mi firma aparecía debajo.
—Yo nunca firmé esto.
El documento afirmaba que renunciaba a cualquier derecho presente o futuro relacionado con Lewis Development Group.
Me reí, confundida.
—Nunca tuve acciones de esa empresa.
Entonces Warren recibió una llamada.
Escuchó durante veinte segundos.
Su expresión cambió.
—Señorita Grant, ¿cómo murió su padre?
La pregunta me golpeó.
—Accidente de coche. Hace ocho años.
—¿Su nombre?
—Robert Grant.
El capitán giró lentamente su teléfono hacia mí.
En la pantalla aparecía un antiguo registro mercantil.
Robert Grant había invertido en Lewis Development antes de que Ethan y yo nos conociéramos.
Después de su muerte, aquellas acciones pasaron a un fideicomiso.
Beneficiaria:
Amelia Grant.
El porcentaje era del treinta y dos por ciento.
—Eso es imposible.
—¿Quién administraba el fideicomiso? —preguntó Warren.
Leí el nombre.
Se me revolvió el estómago.
Martha Lewis.
Mi exsuegra.
El teléfono volvió a sonar.
Esta vez era Claire.
La mujer que debía estar casándose con Ethan.
Contesté.
Estaba llorando.
—Amelia, escúchame. Ethan descubrió algo anoche.
—¿Dónde está?
—No lo sé. Pero no estaba huyendo de la boda.
Claire respiró con dificultad.
—Estaba huyendo de su madre.
Silencio.
—Encontró documentos que demostraban que Martha utilizó tu fideicomiso durante años para sostener la empresa familiar.
—¿Y por qué divorciarse de mí?
—Porque alguien le hizo creer que el divorcio activaría una cláusula que devolvería tus acciones a la familia Lewis.
Miré el anexo falsificado.
Todo encajaba demasiado bien.
Entonces Claire añadió:
—Pero Ethan descubrió ayer que la cláusula decía exactamente lo contrario.
Si nuestro matrimonio terminaba mediante fraude o coacción, el control total del fideicomiso regresaba inmediatamente a mí.
Y cualquier administrador que hubiera ocultado los activos quedaba expuesto a una auditoría completa.
Mi teléfono vibró otra vez.
Martha.
Warren activó la grabación antes de que contestara.
—Amelia —dijo mi exsuegra, sorprendentemente tranquila—. Necesito que regreses.
—¿Dónde está Ethan?
Silencio.
—Está vivo.
—¿Dónde?
—Primero tienes que arreglar lo que hiciste ayer.
Miré al capitán.
—¿Mi divorcio?
Martha soltó una respiración.
—No debiste firmarlo.
Aquello no tenía sentido.
Ella misma había impulsado nuestra separación durante meses.
Entonces comprendí.
—Usted no quería que me divorciara.
—Queríamos que firmaras determinados documentos.
Warren escribió rápidamente algo.
—¿Y Ethan?
La voz de Martha se endureció.
—Mi hijo cometió el error de leer el testamento de tu padre.
La llamada terminó.
Treinta segundos después llegó un archivo desde el teléfono de Ethan.
Era un vídeo programado.
Ethan aparecía sentado en su despacho la noche anterior.
—Amelia, si estás viendo esto, probablemente ya me encontraron.
Tragué saliva.
—Lo siento. Descubrí demasiado tarde por qué mi madre insistió tanto en que me casara contigo.
Levantó un documento.
—Nuestro matrimonio nunca empezó por amor para ella.
Hizo una pausa.
—Pero tampoco empezó cuando tú crees.
Acercó el papel a la cámara.
Era nuestro certificado matrimonial.
Solo que llevaba una fecha de siete años antes de nuestra boda.
El mismo año en que murió mi padre.
Ethan miró directamente a la cámara.
—Amelia, legalmente aparecías vinculada a la familia Lewis antes de conocerme.
Y la persona que autorizó aquel primer matrimonio fue tu padre.
