PARTE 2: El Correo De Las 5:47

Brandon no respondió de inmediato.

Solo levantó el teléfono con la mano temblorosa.

—El correo…

Papá frunció el ceño.

—¿Qué correo?

Brandon tragó saliva.

—El que enviaron a la universidad… y al banco.

Un silencio espeso llenó el pasillo.

Ava salió de su habitación con la maleta ya cerrada.

Llevaba una sudadera gris, el cabello recogido y una carpeta negra bajo el brazo.

—Sí. Lo envié yo.

Papá soltó una carcajada incrédula.

—¿Qué estupidez hiciste ahora?

Ella lo miró con una calma que nunca antes había tenido.

—No una estupidez. Una copia de seguridad.

Mamá apareció al fondo del pasillo.

—Ava, deja de jugar.

—No estoy jugando.

Sacó el teléfono.

Abrió la bandeja de enviados.

El primer destinatario era la Oficina de Integridad Académica de la Universidad Ellison.

El segundo, la entidad que administraba el fideicomiso de su abuela.

El tercero, el departamento de fraude del banco.

Y el cuarto…

El abogado que había redactado el testamento de la abuela.

Papá dejó de sonreír.

—¿Qué les enviaste?

Ava levantó la carpeta.

—Los documentos que llevo reuniendo desde hace seis meses.

Brandon dio un paso adelante.

—¡Diles que era una broma!

Ella negó con la cabeza.

—Les envié las solicitudes de préstamos abiertas con mi nombre.

Sacó una hoja.

—Las transferencias del fideicomiso.

Otra más.

—Los recibos del empeño de mi computadora y de mi cámara.

Y una última.

—Y las conversaciones donde tú admites que papá iba a “arreglar todo” antes de que yo descubriera el dinero.

Brandon sintió que las piernas le fallaban.

Papá intentó quitarle el teléfono.

—¡Dame eso!

Ava retrocedió.

—Ya es demasiado tarde.

El teléfono vibró.

Una notificación.

“Su denuncia ha sido recibida correctamente.”

Después otra.

“Número de expediente asignado.”

Mamá comenzó a llorar.

—¿Cómo pudiste hacerle esto a tu familia?

Ava la observó durante unos segundos.

—¿Mi familia?

Respiró hondo.

—La primera vez que Brandon robó algo mío tenía doce años.

Nadie hizo nada.

—La segunda vez falsificó mi firma.

Nadie hizo nada.

—La tercera utilizaron el dinero que la abuela dejó para mis estudios.

Y me pidieron que le pidiera perdón.

Papá bajó lentamente la mano.

Por primera vez no encontraba ninguna respuesta.

Ava tomó la maleta.

—Anoche me dijeron que perdería mis estudios.

Sonrió con tristeza.

—Lo que no sabían era que la universidad me concedió una beca completa hace dos semanas.

Los tres levantaron la cabeza al mismo tiempo.

—¿Qué?

Ella sacó una carta con el sello de Ellison.

—Matrícula, alojamiento y manutención.

Todo cubierto.

—No necesitaba su dinero.

Solo necesitaba saber si alguna vez me elegirían a mí antes que a Brandon.

Miró a su padre por última vez.

—Ya tengo la respuesta.

Abrió la puerta principal.

El taxi que había reservado esperaba con el motor encendido.

Subió la maleta al maletero.

Cuando estaba a punto de entrar, el teléfono de papá comenzó a sonar.

En la pantalla apareció un nombre que hizo desaparecer el color de su rostro.

Abogado del Fideicomiso Harper.

Y antes de que pudiera contestar, llegó un segundo mensaje.

“Se ha iniciado una auditoría por posible apropiación indebida de fondos pertenecientes a la beneficiaria Ava Harper.”

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