PARTE 2: EL CONTRATO QUE NADIE PODÍA RECUPERAR

El automóvil apenas había avanzado unos metros cuando escuché un golpe contra la ventana.

Ethan.

Respiraba con dificultad.

Golpeó el cristal una vez más.

—¡Victoria!

Alexander ni siquiera giró la cabeza.

—¿Desea detenerse, señorita Bennett?

Miré por el retrovisor.

Mi ex prometido seguía allí, inmóvil, mientras mi familia salía apresuradamente del hotel.

Mi madre sostenía a Stella.

Mi hermano discutía con mi padre.

Todo era un caos.

Negué con la cabeza.

—No.

El automóvil comenzó a avanzar.

Vi cómo Ethan se hacía cada vez más pequeño hasta desaparecer por completo.

Durante un año imaginé muchas veces ese momento.

Pensé que lloraría.

Que sentiría rabia.

Pero no.

Solo sentía alivio.


Media hora después llegamos al edificio central de Maison Laurent.

Alexander me condujo directamente a la sala de juntas.

Sobre la mesa ya estaban preparados varios contratos.

—Falta una última firma.

Tomé la pluma.

Sin dudar.

Firmé.

Alexander sonrió.

—Bienvenida oficialmente como directora creativa global.

Asentí.

—Gracias por confiar en mí.

Él cerró la carpeta.

—No fui yo quien confió.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces?

—Sus diseños hablan por usted desde hace mucho tiempo.

Antes de que pudiera responder, mi teléfono comenzó a vibrar.

Mi hermano.

Lo ignoré.

Después mi madre.

Luego Ethan.

En menos de diez minutos aparecieron veintisiete llamadas perdidas.

Alexander deslizó una tableta hacia mí.

—Quizá quiera ver esto.

Era una transmisión en directo desde la presentación de la nueva colección de mi familia.

Mi padre acababa de subir al escenario.

Las luces se encendieron.

La primera modelo apareció…

Y el público comenzó a murmurar.

La segunda también.

Después la tercera.

Mi hermano palideció frente a las cámaras.

Las prendas no armonizaban.

Los acabados eran distintos.

Los patrones parecían incompletos.

Aquella colección dependía de los últimos diseños que yo nunca llegué a entregar.

Sin ellos, todo el lanzamiento había quedado roto.

Los periodistas empezaron a hacer preguntas.

Los compradores intercambiaban miradas incómodas.

Las redes sociales comenzaron a llenarse de críticas en cuestión de minutos.

Alexander apagó la pantalla.

—Su padre creyó que los bocetos pertenecían a la empresa.

Abrí lentamente mi carpeta.

En la primera página aparecía el certificado oficial.

Todos los derechos de autor estaban registrados exclusivamente a mi nombre desde tres años atrás.


Al mismo tiempo, en el hotel, Stella sostenía todavía el anillo de compromiso.

Sus manos seguían temblando.

—Mamá… ¿por qué nadie me dijo que Victoria había registrado todo?

Mi madre permanecía en silencio.

No tenía respuesta.

Mi padre acababa de recibir una llamada del consejo de administración.

Su voz sonaba desesperada.

—¿Cómo que los compradores suspendieron los pedidos?

Colgó lentamente.

Miró a toda la familia.

—Acabamos de perder el contrato más importante del año.

Nadie habló.

Entonces Ethan dio un paso hacia él.

—¿Dónde está Victoria?

Mi hermano respondió con amargura.

—¿Ahora te preocupa?

Ethan apretó los puños.

—Siempre me preocupó.

Solo que ninguno de ustedes quiso escucharme.

Stella levantó la cabeza.

—¿Qué quieres decir?

Él la miró con una mezcla de culpa y cansancio.

—Hace un año nunca acepté romper el compromiso.

Toda la habitación quedó inmóvil.

Mi madre abrió mucho los ojos.

—¿Cómo?

Ethan sacó lentamente un sobre del bolsillo interior de su saco.

Lo dejó sobre la mesa.

—Porque el mismo día que Victoria se fue al extranjero, yo rechacé oficialmente la cancelación del compromiso.

Stella sintió que el rostro perdía todo color.

Ethan respiró profundamente antes de continuar.

—El problema es que… alguien falsificó mi respuesta y durante un año me hizo creer que Victoria era quien ya no quería saber nada de mí.

Todos dirigieron la mirada hacia una sola persona.

Stella.

Ella retrocedió un paso.

—Yo… yo no…

Pero antes de que pudiera terminar la frase, sonó el teléfono del padre de Victoria.

Era el jefe de seguridad de la empresa.

Su voz llegó tan fuerte que todos pudieron escucharla.

—Presidente… encontramos las grabaciones originales del despacho del año pasado.

Y muestran exactamente quién cambió las cartas… antes de que Victoria fuera enviada al extranjero.

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