PARTE 2: EL CASILLERO 24

El automóvil permaneció detenido frente al cementerio.

Nadie bajó.

Los vidrios completamente negros impedían ver el interior.

Tomás me sujetó con fuerza el brazo.

—No mire hacia allá.

Guarde la llave.

Ahora.

Obedecí sin hacer preguntas.

Metí el sobre dentro de mi chaqueta.

La pequeña llave de latón quedó oculta en el bolsillo interior.

Un segundo después, la puerta del automóvil se abrió.

Descendieron dos hombres con traje oscuro.

No llevaban flores.

Tampoco parecían familiares de ningún difunto.

Uno de ellos se acercó directamente a Tomás.

—Buenas tardes.

¿Ha visto pasar a un hombre llamado Daniel Salgado?

El anciano negó con absoluta tranquilidad.

—Aquí entra mucha gente todos los días.

Los hombres me observaron apenas un instante.

Yo llevaba una barba descuidada, ropa barata y una bolsa de plástico en la mano.

No parecía el antiguo heredero de una empresa.

Parecía cualquier exconvicto intentando empezar de nuevo.

Finalmente regresaron al automóvil.

Esperamos varios minutos hasta que desaparecieron por la carretera.

Solo entonces Tomás volvió a respirar.

—Ya empezaron a buscarlo.

Eso significa que la carta sigue siendo importante.


La antigua terminal de autobuses llevaba años abandonada.

Los locales estaban cubiertos de polvo.

La mayoría de los casilleros tenían los candados oxidados.

Encontré el número 24 al fondo del pasillo.

Introduje la llave.

El mecanismo giró sin dificultad.

Dentro solo había tres cosas.

Un libro azul.

Una memoria USB.

Y un sobre sellado con mi nombre.

Abrí primero el sobre.

La letra de mi padre seguía siendo inconfundible.

“Daniel.”

“Si llegaste hasta aquí, significa que todavía no han encontrado este lugar.”

“No busques demostrar primero tu inocencia.”

“Antes debes descubrir quién dirigía todo.”

“El libro azul contiene las reuniones privadas del consejo durante los últimos cinco años.”

“La memoria tiene copias de seguridad que nunca estuvieron en los servidores de la empresa.”

“Y si aún dudas de que sigo vivo…”

La siguiente línea hizo que mi corazón dejara de latir durante un instante.

“Mira la última página del libro.”

Abrí el libro azul.

Las primeras hojas contenían fechas.

Nombres.

Reuniones.

Transferencias.

Sobornos.

Todo escrito a mano.

Llegué a la última página.

Solo había una fotografía.

Era reciente.

Mi padre aparecía sentado frente a una cabaña de madera.

Sostenía el periódico del día.

En el margen inferior había escrito una fecha.

Tres semanas atrás.

Debajo, una única frase.

“No estoy muerto.”

Sentí que las piernas me fallaban.

Tres semanas.

No un año.

Tres semanas.

Mi padre había estado vivo todo ese tiempo.

Entonces conecté la memoria USB al viejo ordenador que aún funcionaba en la terminal.

Solo había una carpeta.

“PRIMER TRAIDOR”.

La abrí.

Esperaba encontrar el nombre de Lorena.

O de mi hermanastro Octavio.

Pero el archivo mostraba otra cosa.

Era un video grabado dentro de mi antigua oficina.

La fecha correspondía a dos días antes de mi arresto.

En la pantalla aparecía Rebeca.

Mi prometida.

Entró usando su propia tarjeta de acceso.

Encendió mi computadora.

Conectó una memoria USB.

Y copió decenas de archivos financieros.

Después tomó mi sello personal.

Firmó varios documentos.

Finalmente levantó el teléfono.

—Ya está hecho.

Pueden llamar a auditoría.

Cuando Daniel caiga…

…Ernesto se quedará completamente solo.

La pantalla quedó en negro.

Me quedé inmóvil.

No había sido la primera víctima.

Yo nunca fui el objetivo principal.

Solo era el camino más rápido para destruir a mi padre.

En ese momento sonó un teléfono dentro del casillero.

No estaba allí unos segundos antes.

Una pantalla vieja comenzó a iluminarse.

Solo aparecía un número desconocido.

Contesté.

Al otro lado hubo unos segundos de silencio.

Después escuché una voz que llevaba tres años soñando volver a oír.

—Hijo…

No hagas preguntas.

Solo escucha.

Porque ya saben que abriste el casillero…

…y tienen menos de una hora para encontrarte.

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