PARTE 2 — El brindis que terminó con un director general

La música seguía sonando al otro lado de las puertas.

Las copas chocaban.

Las risas llenaban el salón.

Sofía permanecía sentada junto a mí, abrazando el teléfono con fuerza.

No estaba jugando.

Miraba la pantalla apagada como si esperara que su padre apareciera dentro de ella y le dijera que todo había sido un error.

Me arrodillé frente a ella.

—Mi amor.

Le acaricié la mejilla.

—Nada de lo que dijo tu papá cambia quién eres.

Ella levantó los ojos, completamente rojos.

—¿De verdad no me conoce?

Sentí que el corazón se rompía otra vez.

—Claro que te conoce.

Hizo una pausa.

—Solo tuvo miedo de decir la verdad.

No añadió nada más.

Se acurrucó contra mí en silencio.

En ese instante vibró mi segundo teléfono.

Era el abogado del consejo.

Solo escribió una frase.

“Protocolo activado. La junta extraordinaria acaba de aprobar la suspensión inmediata.”

Respiré profundamente.

—Gracias.

Respondí.

Un minuto después llegó otro mensaje.

“Las tarjetas corporativas ya fueron bloqueadas.”

Guardé el teléfono.

No tenía que hacer nada más.

El resto ocurriría solo.


Dentro del salón, Daniel levantó su copa.

—¡Que esta noche nadie deje de brindar!

Los invitados aplaudieron.

Melissa sonrió orgullosa.

Daniel hizo una seña al gerente del hotel.

—Traiga las botellas de la cava privada.

Las mejores.

Y cargue todo a la cuenta corporativa de Grupo Horizonte.

El gerente hizo una ligera reverencia.

—Con mucho gusto, señor Zhou.

Cinco minutos después regresó.

Su expresión era completamente distinta.

Se acercó discretamente.

—Señor…

Daniel frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

—La tarjeta fue rechazada.

Daniel soltó una pequeña risa.

—Imposible.

Debe ser un error.

Sacó otra tarjeta negra.

—Pruebe esta.

El gerente obedeció.

Treinta segundos después volvió.

—Lo siento.

También fue rechazada.

Los murmullos comenzaron a extenderse por el salón.

Melissa se acercó.

—¿Qué pasa?

Daniel sonrió con nerviosismo.

—Un problema del banco.

Sacó una tercera tarjeta.

Después una cuarta.

Todas fueron rechazadas.

El gerente ya no sonreía.

—Señor Zhou…

La administración nos solicita otra forma de pago.

La cuenta ya supera los nueve millones de pesos.

Daniel sintió que la sangre abandonaba su rostro.

En ese momento sonó su teléfono.

Contestó sin mirar el número.

—¿Sí?

La voz del director financiero salió tan fuerte que varias personas alcanzaron a escucharla.

—¿Dónde está usted?

—En una reunión.

—No.

Respondió el hombre con frialdad.

—La reunión extraordinaria fue hace veinte minutos.

El consejo acaba de suspenderlo como Director General.

Daniel quedó inmóvil.

—¿Qué…?

—Su acceso fue cancelado.

Las cuentas corporativas quedaron bloqueadas.

Su correo fue desactivado.

Y deberá entregar inmediatamente todos los activos de la empresa.

Melissa dio un paso atrás.

—Daniel…

Él seguía sujetando el teléfono.

—¿Quién autorizó esto?

Hubo unos segundos de silencio.

Después llegó la respuesta.

—La accionista mayoritaria.

La señora Valeria Song.

Daniel sintió que las piernas dejaban de sostenerlo.

—Eso es imposible.

La voz del director financiero fue contundente.

—No.

Lo imposible fue que usted olvidara quién lo nombró Director General.

La llamada terminó.

El salón entero permanecía en absoluto silencio.

Melissa lo observaba sin comprender.

—¿Quién es Valeria Song?

Daniel levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos buscaron desesperadamente la puerta por la que yo había salido.

Entonces lo entendió.

Valeria Garza.

Nunca le había ocultado mi apellido.

Solo jamás se molestó en preguntarme por qué usaba únicamente uno.

Corrió hacia el lobby.

Me encontró sentada junto a Sofía.

Nuestra hija apoyaba la cabeza sobre mi hombro.

Daniel cayó de rodillas frente a nosotras.

Por primera vez en siete años.

—Valeria…

Su voz estaba completamente rota.

—Por favor…

Sofía levantó la vista.

Lo miró durante varios segundos.

Después escondió el rostro otra vez contra mi pecho.

Y pronunció una frase tan pequeña que todo el lobby quedó en silencio.

—Mamá…

¿Quién es ese señor?

Daniel cerró los ojos.

Comprendió que había perdido mucho más que una empresa.

Pero antes de que pudiera decir una sola palabra, el ascensor del lobby se abrió.

Seis miembros del consejo de administración caminaron directamente hacia nosotros.

El presidente del consejo llevaba un sobre color marfil.

Se detuvo frente a Daniel.

Y dijo con absoluta serenidad:

—Señor Zhou, no hemos venido únicamente por su destitución.

Le entregó el sobre.

—También venimos a informarle que la auditoría interna encontró el contrato que usted adjudicó a la empresa de Melissa…

Hizo una breve pausa.

—Y el desfalco es mucho mayor de lo que imaginábamos.

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