PARTE 2: EL BOLETO DE IDA

Fu Jian aceptó mudarse sin sospechar nada.

Durante los siguientes cuatro días empaqué mi vida delante de él.

Mis libros.

Mis uniformes.

Las fotografías.

Las pequeñas cosas que había acumulado durante dos años.

Él creyó que todo iría al nuevo apartamento.

Yo sabía que cada caja viajaría conmigo a la capital.

La quinta noche llegó tarde.

—Yun, necesito pedirte un favor.

—Dime.

—La próxima semana debo asistir a una ceremonia familiar.

Comprendí inmediatamente.

Su boda.

—¿Cuántos días?

—Tres.

—¿Quieres que vaya contigo?

Su expresión cambió apenas.

—No sería apropiado.

Sonreí.

—Entiendo.

Fu Jian pareció aliviado.

Entonces aproveché.

—En ese caso, cómprame un boleto de avión.

—¿A dónde?

Le mostré la ciudad donde estaba el cuartel general de mi padre.

—Quiero visitar a una amiga mientras estás fuera.

Ni siquiera dudó.

Sacó el teléfono.

—Primera clase.

—Solo ida.

Levantó la vista.

—¿Solo ida?

—Mi amiga todavía no sabe cuándo podrá acompañarme de regreso.

Aceptó.

Diez minutos después recibí el boleto.

Pagado por Fu Jian.

Salida: viernes, 08:30.

Exactamente dos horas antes de su registro matrimonial con Shen Lili.

Casi parecía un regalo de despedida.

El viernes, Fu Jian me llevó personalmente al aeropuerto.

Me abrazó frente al control de seguridad.

—Compórtate.

Lo miré durante unos segundos.

—Tú también.

Besó mi frente.

—Cuando vuelvas, tengo una sorpresa para ti.

—Yo también.

Fue la última mentira que le permití contarme.

Subí al avión.

Al aterrizar, un vehículo militar ya me esperaba.

Cuando entré en el cuartel general, nadie vio a Yun, la oficial común de una unidad fronteriza.

Vieron a la mayor general Yun.

Dos días después asumí oficialmente mi nuevo puesto.

Y entonces llegó a mi escritorio el expediente de promociones del siguiente trimestre.

Había un nombre que conocía demasiado bien.

Fu Jian.

Recomendado para un ascenso extraordinario.

Su futuro superior debía firmar la evaluación definitiva.

Yo.

No rechacé nada.

Tampoco aprobé nada.

Ordené revisar su expediente exactamente como cualquier otro.

Y apareció una irregularidad.

Una recomendación confidencial proveniente de la familia Shen.

Fu Jian no solo se casaba con Shen Lili.

Su familia había negociado aquel matrimonio para impulsar su carrera.

Entonces comprendí por qué nunca podía presentarme ante sus padres.

Yo no era una novia.

Era la mujer que debía permanecer escondida mientras él esperaba una esposa más útil.

Esa tarde mi teléfono comenzó a vibrar.

Veintiséis llamadas.

Fu Jian.

Finalmente contesté.

—¿Dónde estás?

—Trabajando.

—Fui al apartamento. Está vacío.

Silencio.

—¿Dónde están tus cosas?

—Conmigo.

Su respiración cambió.

—Yun, deja de bromear.

—No estoy bromeando.

—Regresa.

—No.

Entonces escuché una voz femenina detrás de él.

—Jian, tus padres están esperando.

Shen Lili.

Sonreí.

—Felicidades por tu matrimonio.

Fu Jian dejó de respirar.

—¿Cómo lo sabes?

—Adiós.

Colgué.

Pensé que aquello era suficiente.

Pero el lunes ocurrió algo que ninguno de los dos esperaba.

La familia Shen llegó al cuartel general para una recepción oficial.

Fu Jian venía con ellos.

Llevaba su uniforme de gala.

Shen Lili caminaba a su lado.

Yo estaba en el estrado junto al comandante general.

Mi padre.

Cuando Fu Jian entró, todavía no me había visto.

El oficial de protocolo anunció:

—Recibamos a la recién nombrada mayor general Yun, responsable de supervisar los próximos ascensos regionales.

Fu Jian levantó la cabeza.

Nuestros ojos se encontraron.

Su rostro perdió todo el color.

Shen Lili miró primero hacia mí.

Después hacia él.

—¿La conoces?

Fu Jian no pudo responder.

Mi padre se acercó y colocó una mano sobre mi hombro.

—Permítanme presentarles también a mi hija.

El silencio fue brutal.

Pero entonces ocurrió algo todavía más extraño.

El padre de Shen Lili me observó fijamente.

No parecía sorprendido por mi rango.

Parecía asustado.

Se acercó a mi padre y susurró algo.

Mi padre endureció el rostro.

—¿Estás seguro?

El hombre asintió.

Entonces papá me entregó una carpeta que acababan de traer.

Dentro estaba el formulario rojo de matrimonio que yo había encontrado días atrás.

Solo que no figuraba el nombre de Shen Lili.

La mujer registrada como futura esposa de Fu Jian era otra.

Yo.

Y junto a mi nombre aparecía una firma que jamás había hecho.

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