PARTE 2: EL APELLIDO OCULTO

—Entendido.

Solo dijo una palabra.

Nada más.

Victor colgó.

No preguntó qué había pasado.

No pidió explicaciones.

Porque conocía mi voz.

Y sabía que yo jamás habría hecho una llamada así sin un motivo muy serio.


Chloe soltó una carcajada.

—Qué actuación tan dramática.

¿Quién era? ¿Tu abogado?

Guardé el teléfono.

—No.

Mi hermano.

Ella rodó los ojos.

—Claro.

Y yo soy la presidenta de Estados Unidos.

No respondí.

Solo tomé nuevamente la mano de Sofía.

—Vamos a esperar aquí un momento.

Mi hija levantó la vista.

—¿Papá está ocupado?

Me agaché hasta quedar a su altura.

—Sí, cariño.

Muy ocupado.

No iba a romperle el corazón allí mismo.

No delante de desconocidos.


En ese mismo instante, en el salón principal del piso cuarenta y dos, Dominic levantaba una copa de champaña.

A su lado estaba una mujer elegante con vestido color marfil.

Ella sostenía de la mano a un niño de unos siete años.

Los fotógrafos no dejaban de tomar imágenes.

—Señor Hale.

Una foto con su familia, por favor.

Dominic sonrió.

Abrazó a la mujer por la cintura.

El niño lo llamó:

—Papá.

Los aplausos llenaron el salón.

Nadie imaginaba que, treinta y dos pisos más abajo…

…su verdadera esposa acababa de descubrir toda la mentira.


Cinco minutos después comenzaron las llamadas.

El director financiero se acercó apresuradamente al escenario.

—Señor Hale…

Necesitamos hablar.

Dominic frunció el ceño.

—Ahora no.

El hombre insistió.

—Es urgente.

Muy urgente.

Salieron hacia un salón privado.

En cuanto cerraron la puerta, el director dejó una tableta sobre la mesa.

—Acaban de cancelar nuestra principal línea de crédito.

Dominic sonrió con tranquilidad.

—Hablaré con el banco.

No será un problema.

—Ya hablamos.

No fue el banco.

Fueron los inversionistas.

Todos.

Al mismo tiempo.

La sonrisa desapareció lentamente del rostro de Dominic.


Mientras tanto, en la recepción, el teléfono de Chloe comenzó a sonar sin descanso.

Contestó.

Su expresión cambió en cuestión de segundos.

—¿Qué?

¿Todos?

¿Ahora mismo?

Colgó.

Volvió a sonar.

Luego otro.

Y otro más.

En menos de diez minutos, cuatro patrocinadores acababan de retirarse del evento.

Tres miembros del consejo abandonaban la gala.

Y las acciones de la empresa comenzaban a desplomarse.


Las puertas del ascensor se abrieron.

Un hombre de traje gris salió acompañado por dos asistentes.

Todos los empleados lo reconocieron inmediatamente.

Victor Sterling.

El silencio fue absoluto.

Chloe perdió el color.

—S… señor Sterling…

Victor ni siquiera la miró.

Caminó directamente hacia mí.

Después se arrodilló frente a Sofía.

—Hola, princesa.

Hace mucho que no te veía.

Sofía sonrió sorprendida.

—¿Tío Victor?

Él le acarició suavemente el cabello.

—Llegué un poco tarde.

Perdóname.

Después se puso de pie.

Su mirada recorrió lentamente el vestíbulo.

Finalmente se detuvo sobre Chloe.

—¿Fue usted quien le dijo a mi hermana que el señor Hale estaba arriba con su esposa?

La joven tragó saliva.

—Yo…

Solo repetí lo que todos saben.

Victor asintió lentamente.

—Perfecto.

Entonces supongo que todos podrán repetirlo delante de un juez.


En ese momento se abrieron nuevamente los ascensores.

Dominic apareció corriendo.

Al verme, se quedó inmóvil.

Después observó a Victor.

Su rostro se volvió completamente blanco.

—V… Victor Sterling…

Victor dio un paso adelante.

—Señor Hale.

Tengo una sola pregunta.

¿Cuántas esposas cree que puede tener un hombre al mismo tiempo?

El salón quedó completamente en silencio.

Dominic intentó acercarse.

—Vivienne…

Déjame explicarte.

Lo interrumpí levantando una mano.

—No.

Durante seis años oculté mi apellido para asegurarme de que me amaras por quien era.

Hoy descubrí que ni siquiera respetabas a la mujer que ya tenías.

Victor entregó una carpeta a Dominic.

—Aquí están las notificaciones oficiales.

Todos los contratos de inversión vinculados al Grupo Sterling quedan cancelados de manera inmediata.

Los créditos preferenciales también.

Las garantías financieras.

Las cartas de respaldo.

Todo.

Dominic hojeó los documentos con manos temblorosas.

—Esto destruirá la empresa.

Victor respondió con absoluta calma.

—No.

La empresa ya estaba destruida.

Lo único que hicimos fue dejar de sostenerla.

Solo entonces Dominic comprendió la verdad.

Durante años creyó que había construido un imperio por sí solo.

Nunca imaginó que el verdadero cimiento de toda su fortuna… siempre había sido la familia de la mujer a la que acababa de traicionar.

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