La nota decía:
“Entregar después de que Olivia firme.”
Me quedé mirando aquellas palabras.
¿Firmar qué?
Guardé el recibo exactamente donde estaba.
No llamé a Ethan.
Tampoco llamé a Chloe.
Por primera vez, quería que ambos siguieran creyendo que yo no sabía nada.
Esa noche Ethan regresó a casa.
—¿Cómo estuvo tu viaje? —pregunté.
Ni siquiera pestañeó.
—Agotador.
Se inclinó para besarme la frente.
Yo giré ligeramente la cara.
—¿Recogiste el paquete?
Se quedó quieto.
—Se me olvidó.
Casi sonreí.
—No importa. Fui yo.
Su rostro cambió apenas un segundo.
—¿Con la pierna así?
—Sí.
—Olivia, eso fue irresponsable.
Lo miré.
El hombre que había recorrido media ciudad durante semanas por Chloe ahora me reprendía por hacer aquello que él se había negado a hacer por mí.
—Tienes razón —respondí—. No volverá a pasar.
Pareció tranquilizarse.
Dos días después descubrí qué querían que firmara.
Ethan colocó unos documentos sobre la mesa.
—Necesito tu firma.
—¿Qué son?
—Una formalidad relacionada con el apartamento.
Mi apartamento.
Lo había heredado de mi abuela antes de conocerlo.
Ethan explicó que quería refinanciar unas reformas y que mi firma facilitaría el trámite.
Tomé los documentos.
—Los revisaré.
Su sonrisa desapareció.
—No hace falta. Ya los revisó un abogado.
—Entonces no te molestará que los revise el mío.
Aquella noche envié copias a una abogada.
Su llamada llegó temprano a la mañana siguiente.
—Olivia, no firmes absolutamente nada.
Me incorporé.
—¿Por qué?
—Porque esto no es una autorización para reformas.
Era una operación que podía comprometer mi propiedad como garantía de una deuda empresarial.
Y la empresa beneficiada no pertenecía únicamente a Ethan.
Había otro nombre vinculado.
Chloe Bennett.
Todo encajó.
Los paquetes.
El anillo.
La mentira del viaje.
No estaban esperando que yo descubriera su relación.
Estaban esperando mi firma.
Así que fingí no saberlo.
—Firmaré el viernes —le dije a Ethan.
Su alivio fue inmediato.
El viernes llegó con flores.
Chloe también apareció.
—Pasaba por aquí —dijo dulcemente.
Claro.
Me senté frente a ambos.
Sobre la mesa estaban los documentos.
También había una pequeña caja negra sobresaliendo del bolso de Chloe.
La reconocí por el logotipo de la joyería.
Ethan empujó un bolígrafo hacia mí.
—Solo firma aquí.
Lo tomé.
Chloe contuvo la respiración.
Entonces sonó el timbre.
—Yo abro —dije.
Entraron mi abogada y dos representantes de la entidad que figuraba en los documentos.
Ethan se levantó.
—¿Qué significa esto?
Dejé el bolígrafo.
—Que decidí entender qué estaba firmando.
Chloe palideció.
—Olivia…
—Tú no hables todavía.
Saqué el recibo del anillo.
Lo puse junto a la documentación.
Ethan lo miró.
Su rostro perdió el color.
—Puedo explicarlo.
—Perfecto.
Señalé la caja negra.
—Empieza explicándome por qué compraste un anillo para Chloe antes de intentar comprometer mi apartamento.
Ninguno respondió.
Entonces mi abogada colocó otra carpeta sobre la mesa.
—Hay algo más que Olivia debe saber.
Fruncí el ceño.
Eso no estaba planeado.
—¿Qué cosa?
Ella abrió la carpeta.
—Mientras revisábamos la empresa encontramos movimientos realizados durante los últimos dieciocho meses.
Miró directamente a Ethan.
—Dinero transferido desde una cuenta conjunta.
Sentí un escalofrío.
—Yo nunca autoricé esas transferencias.
—Lo sabemos.
Mi abogada giró una página hacia mí.
Allí aparecían varias autorizaciones.
Todas llevaban mi nombre.
Todas llevaban mi supuesta firma.
Pero yo jamás había visto aquellos documentos.
Ethan dejó de hablar.

Chloe retrocedió hacia la puerta.
Y entonces entendí por qué necesitaban desesperadamente una última firma auténtica.
No era solo para conseguir mi apartamento.
Era para hacer parecer legítimo todo lo que habían hecho antes.
Levanté la mirada hacia las dos personas en quienes más había confiado.
—Así que esto nunca empezó con un anillo.
Cerré la carpeta.
—Empezó mucho antes.
Mi abogada respiró hondo.
—Sí. Y hay algo más.
Sacó un último documento.
—La primera transferencia se realizó hace siete años.
Me quedé inmóvil.
Siete años.
Exactamente el tiempo que Ethan y yo llevábamos juntos.
Y el nombre que aparecía como beneficiario original no era el de Chloe.
Era el de alguien de mi propia familia.