Luke miró la memoria USB como si fuera una bomba.
—Estás mintiendo.
Daniel ni siquiera parpadeó.
—La evidencia ya fue entregada a los profesionales correspondientes. Esa copia es para tus abogados.
Camellia retrocedió.
—Luke, dijiste que el apartamento de Belice salió de tus bonos.
Luke se volvió hacia ella.
—Cállate.
—¡Me dijiste que ese dinero era tuyo!
La fiesta había dejado de parecer una celebración.
Tomé a Daniel del brazo.
—Ya es suficiente.
Luke me señaló.
—¡Hiciste todo esto para vengarte porque te dejé!
—No.
Lo miré con calma.
—Contraté una revisión porque durante el divorcio juraste que ciertas cuentas no existían. Yo quería saber si estabas ocultando patrimonio que también afectaba a nuestro hijo.
Daniel intervino:
—Y para aclararlo: cualquier responsabilidad deberá determinarse mediante los procesos correspondientes. Clover no decide eso.
Luke soltó una risa desesperada.
—¿Y toda esta estupidez del novio?
Ahí sí sonreí.
—Eso fue idea mía.
Daniel giró hacia mí.
—Y técnicamente sí me contrató para acompañarla hoy.
Varias personas contuvieron una risa.
Luke abrió los ojos.
—Entonces sí eres un acompañante pagado.
—Por esta tarde, sí.
Daniel guardó las manos en los bolsillos.
—Pero la investigación es bastante real.
La sonrisa de Luke desapareció otra vez.
Camellia recogió su bolso.
—Me voy.
—Camellia.
—No.
Ella señaló la memoria USB.
—No voy a quedarme aquí mientras descubro qué más me mentiste.
Se marchó.
Luke intentó seguirla, pero antes de irse me miró con odio.
—Vas a arrepentirte.
Miré hacia la piscina donde nuestro hijo jugaba ajeno a la discusión.
—Lo único de lo que me arrepiento es de haber tardado seis meses en revisar las cuentas.
Las semanas siguientes fueron mucho menos dramáticas que aquella fiesta.
Abogados.
Auditorías.
Documentos.
Preguntas.
La empresa abrió una revisión independiente sobre los fondos señalados y mi divorcio volvió a examinarse únicamente donde correspondía por posibles activos no revelados.
Yo no celebré.
Aquello no era una película.
Había empleados cuyos ahorros podían haberse visto afectados.
Personas reales.
Familias reales.
Meses después, Daniel me llamó.
—El asunto principal ya está fuera de nuestras manos.
—Gracias.
—Entonces supongo que mi trabajo terminó.
—Supongo.
Hubo una pausa.
—Clover, hay algo que debería aclarar.
—¿Qué?
—El día de la piscina fingí ser tu novio porque era un servicio profesional.
Me reí.
—Lo sé.
—Pero si algún día aceptaras tomar un café conmigo, preferiría pagarlo yo.
Me quedé callada.
—¿Eso forma parte de Vanguard Litigation Group?
—Definitivamente no.
Sonreí.
—Entonces quizá.
No nos enamoramos inmediatamente.
Primero terminó completamente su participación profesional en mi asunto.
Después hubo café.
Luego cenas.
Y mucho después apareció algo que ya no necesitábamos fingir.
Luke creyó que lo había humillado contratando a un hombre atractivo para provocar sus celos.

Nunca comprendió que Daniel no había llegado a aquella fiesta para demostrar que yo podía conseguir un novio mejor.
Había llegado para recordarme algo mucho más importante:
después de seis meses sintiéndome como la mujer que Luke había descartado, finalmente tenía pruebas de que marcharse había sido el favor más grande que pudo hacerme.