PARTE 2: DANIEL NO TENÍA DERECHO.

Mateo llegó cuarenta minutos después acompañado de un abogado.

Daniel ya se había cambiado de ropa.

—¿Ahora también vas a meter a tu hermano en nuestro matrimonio?

Mateo ni siquiera lo miró.

Puso una carpeta sobre la mesa.

—¿Dónde están los restos de mamá?

Daniel guardó silencio.

El abogado habló:

—El derecho de uso del espacio funerario está registrado exclusivamente a nombre de Elena Rivera. Queremos saber con qué autorización se realizó el traslado.

Daniel frunció el ceño.

—Yo firmé.

—Eso ya lo sabemos.

El abogado abrió la carpeta.

—La pregunta es por qué el cementerio aceptó su firma.

Ahí cambió todo.

Regresamos al cementerio esa misma tarde.

El administrador estaba aterrorizado.

Al revisar los documentos apareció algo que no habíamos visto en el video.

Daniel no se había presentado simplemente como mi esposo.

Había entregado una autorización supuestamente firmada por mí.

Miré la firma.

Se parecía a la mía.

Pero no era mía.

Daniel palideció.

—Elena, puedo explicarlo.

—Entonces explícaselo al abogado.

La investigación posterior determinaría quién había preparado aquel documento y quién sabía que era falso.

Yo no necesitaba resolverlo esa noche.

Solo necesitaba recuperar a mamá.

El cementerio localizó sus restos en una instalación temporal adecuada mientras se corregía formalmente el traslado.

Cuando escuché aquello, tuve que sentarme.

Daniel realmente había permitido que sacaran a mi madre de su lugar y la dejaran esperando mientras la madre de Alicia ocupaba la tumba por la que yo había pagado.

Alicia apareció poco después.

Llegó llorando.

—Elena, por favor. Mi mamá no tuvo culpa.

—Lo sé.

Mi respuesta la sorprendió.

—Por eso no voy a descargar esto sobre ella.

Miré a Daniel.

—Los responsables son los vivos.

Alicia intentó decir que Daniel solo había querido ayudarla.

—Había otros espacios disponibles —respondió el administrador.

Silencio.

—Incluso le ofrecimos varios.

Miré a Daniel.

—¿Entonces por qué el de mi madre?

No respondió.

Alicia sí.

—Porque estaba bajo las magnolias.

Y entonces lo entendí.

No había sido una emergencia.

Habían querido exactamente aquel lugar.

Al día siguiente comenzaron los procedimientos para devolver a mi madre a su espacio y revisar cómo se había autorizado el traslado.

Yo inicié también el divorcio.

Daniel apareció varias veces diciendo que había cometido “un error”.

Pero un error era olvidar nuestro aniversario.

Aquello había requerido documentos, firmas y decisiones.

Cuando finalmente volví al cementerio, los crisantemos blancos estaban otra vez frente a la lápida de mamá.

Me senté bajo las magnolias.

—Perdóname por haber tardado —susurré.

El viento movió suavemente las ramas.

Por primera vez desde que descubrí la tumba vacía, pude respirar.

DANIEL CREYÓ QUE PODÍA PRESTAR EL LUGAR DE MI MADRE PORQUE YO SIEMPRE HABÍA CEDIDO; LO QUE NO ENTENDIÓ FUE QUE AQUELLA TUMBA ERA EL ÚNICO LUGAR DEL MUNDO DONDE JAMÁS VOLVERÍA A HACERLO.

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