PARTE 2: CUATRO HORAS LE COSTARON TODO

Ethan seguía sosteniendo el teléfono cuando me di la vuelta.

—Clara, espera.

No lo hice.

Detrás de mí, su ejecutivo financiero seguía gritando por el altavoz:

—¡Sin East Harbor no podemos cubrir los vencimientos del próximo trimestre!

Ethan corrió y me sujetó del brazo.

—¿Estás haciendo todo esto por cuatro horas?

Lo miré.

—No.

Aparté lentamente su mano.

—Lo hago por siete años.

Su expresión cambió.

Durante siete años había tolerado las cenas canceladas por Victoria.

Las llamadas que él abandonaba cuando ella lo necesitaba.

Los cumpleaños en los que llegaba tarde porque “surgió algo”.

Siempre había una explicación.

Siempre debía comprender.

Y aquella mañana finalmente entendí que Ethan nunca había estado confundido.

Simplemente estaba seguro de que yo jamás me marcharía.

Victoria se acercó.

—Clara, creo que estás reaccionando emocionalmente.

La miré.

—Tienes razón.

Sonreí.

—Durante siete años fui demasiado emocional. Por eso permanecí con él.

Varias personas alrededor soltaron risas contenidas.

Victoria palideció.

Ethan apretó la mandíbula.

—East Harbor no es un juego. Nuestras familias llevan años trabajando juntas.

—Precisamente.

Sophie me entregó otra carpeta.

La abrí.

—Bennett Group aportaba el cuarenta y uno por ciento del capital del proyecto. También garantizábamos parte de vuestra financiación.

Los ojos de Ethan se endurecieron.

—No puedes retirar eso unilateralmente.

—Yo sí.

Le mostré la última página.

Representante autorizada de Bennett Group: Clara Bennett.

Ethan se quedó inmóvil.

Aquello era lo que nunca había entendido.

Pensaba que yo era simplemente la hija protegida del presidente Bennett.

No sabía que durante los últimos tres años mi padre me había entregado progresivamente el control de nuestras inversiones estratégicas.

—¿Tu padre sabe esto? —preguntó.

—Fue la primera persona a quien llamé esta mañana.

—¿A qué hora?

Miré mi reloj.

—A las diez y cinco.

Su rostro se congeló.

Yo había decidido el destino de East Harbor tres minutos después de recibir aquel primer mensaje.

Las cuatro horas siguientes no habían sido para darle una oportunidad al proyecto.

Habían sido para darle una última oportunidad a él.

Entonces apareció el padre de Ethan.

Charles Crawford atravesó la multitud acompañado por varios ejecutivos.

—¡Ethan!

Su hijo se volvió.

—Papá…

Charles levantó la mano.

Por un instante pensé que iba a abofetearlo.

No lo hizo.

Simplemente señaló las cámaras.

—¿Humillaste públicamente a la representante de nuestro principal inversor mientras aparecías del brazo de otra mujer?

Victoria retrocedió.

—Señor Crawford, yo no…

—No estoy hablando contigo.

El rostro de Ethan ardió.

—Clara está exagerando.

Charles lo miró como si acabara de descubrir que su heredero era un desconocido.

—East Harbor vale miles de millones.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué llegaste cuatro horas tarde?

Silencio.

Charles volvió lentamente la mirada hacia Victoria.

La respuesta estaba frente a todos.

Mi teléfono vibró.

Sophie leyó el mensaje y se acercó.

—Señorita Bennett, los sesenta y seis vehículos están listos.

Asentí.

Uno tras otro, los autos que transportaban nuestros regalos comenzaron a abandonar la avenida.

La escena era imposible de ignorar.

Durante cuatro horas habían llegado como símbolo de una alianza.

Ahora se marchaban como una procesión fúnebre.

Ethan observó los vehículos desaparecer.

Finalmente comprendió que aquello era real.

—Clara.

Su voz ya no tenía arrogancia.

—Hablemos en privado.

—No.

—Siete años no pueden terminar así.

Lo miré directamente.

—Tienes razón.

Sus ojos recuperaron esperanza.

Entonces terminé:

—Terminaron a la una cincuenta y nueve. Solo esperé hasta las dos para hacerlo oficial.

Me marché.


Tres semanas después, East Harbor suspendió operaciones.

Dos socios siguieron a Bennett Group y retiraron su participación.

Crawford Holdings tuvo que vender activos para cubrir deuda.

Victoria desapareció de los eventos de la familia Crawford casi inmediatamente.

Pero Ethan empezó a aparecer en los míos.

Primero envió flores.

Las devolví.

Después joyas.

También regresaron.

Finalmente llegó personalmente a Bennett Group.

Esperó casi tres horas en recepción.

Cuando terminé mi reunión, lo encontré sentado allí.

Parecía agotado.

—Clara.

Seguí caminando.

Él se levantó.

—Esperé tres horas.

Me detuve.

Ethan pareció creer que aquello significaba algo.

Sonreí.

—Entonces todavía te falta una.

Su rostro se volvió blanco.

Entré en el ascensor.

Antes de que las puertas se cerraran, me quité algo del bolsillo.

Era la pequeña caja donde había guardado durante años el anillo que él me regaló cuando empezamos a salir.

La dejé sobre la mesa de recepción.

—Devuélveselo.

Las puertas comenzaron a cerrarse.

Ethan dio un paso hacia mí.

—Clara, ¿de verdad ya no significo nada?

Lo miré por última vez.

—Significaste siete años.

Las puertas casi se habían cerrado cuando añadí:

—Precisamente por eso tardé cuatro horas en aprender a dejarte atrás.

Y esta vez, quien se quedó esperando fue él.

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