PARTE 2: CUANDO ÉL DESCUBRIÓ LA VERDAD

No intenté detener a Chloe.

La observé manipular mi expediente desde aquella pequeña computadora, convencida de que yo estaba demasiado débil para comprenderlo.

—Listo —murmuró—. Ahora parecerá que tus complicaciones comenzaron por el accidente.

Cerró la pantalla.

—Incluso si mueres, nadie podrá culpar a Adrian.

La miré.

—¿Tanto me odias?

Chloe sonrió.

—No te odio.

Se inclinó hacia mí.

—Simplemente ocupas un lugar que siempre debió pertenecerme.

Antes de marcharse, borró algo del sistema hospitalario.

Lo que no sabía era que el sistema dentro de mi cabeza había registrado cada modificación.

【Evidencia digital almacenada.】

【Tiempo restante: 61 horas.】

Durante las siguientes horas mi estado empeoró.

Los médicos comenzaron a sospechar que algo no cuadraba.

Una residente revisó mis análisis tres veces.

Finalmente comparó mi historial anterior con la autorización firmada aquella noche.

Su rostro cambió.

—¿Quién escribió que la paciente era tipo A?

La enfermera señaló el formulario.

—El señor Whitmore.

La médica salió inmediatamente.

Yo cerré los ojos.

No necesitaba escuchar más.


Adrian apareció la mañana siguiente.

Estaba furioso.

—¿Por qué los médicos dicen que hubo un error con la transfusión?

No respondí.

Dejó el documento sobre mi cama.

—Elena, estoy preguntándote algo.

Abrí lentamente los ojos.

—Tú firmaste.

Su expresión se congeló.

Miró el formulario.

Después su propia firma.

Por primera vez, vi miedo.

—Yo…

Recordó aquella noche.

El teléfono.

El asistente entrando.

Chloe llorando en un bar.

Él escribiendo sin comprobar nada.

—Fue un accidente —susurró.

Sonreí.

—Exactamente lo que dijiste sobre mis frenos.

Adrian palideció.

Intentó llamar al médico.

—Voy a traer especialistas. Los mejores. Te trasladaremos.

—No.

—Elena, esto no es una discusión.

—Ya no puedes arreglarlo todo con dinero.

Él sujetó mi mano.

La retiré.

Ese pequeño gesto pareció asustarlo más que cualquier grito.

—¿Por qué no me dijiste que estabas tan grave?

Lo miré incrédula.

—Te lo dije.

Adrian abrió la boca.

—Te pregunté qué harías si moría.

Entonces recordó su respuesta.

Otra vez con eso.

Sus dedos comenzaron a temblar.

—Pensé que estabas intentando asustarme.

—Lo sé.

—Elena…

—Vuelve con Chloe.

—No.

Fue la primera vez en ocho años que respondió así al mencionar a su hermana.

Entonces la puerta se abrió.

Dos investigadores del hospital entraron acompañados por un especialista en seguridad informática.

—Señor Whitmore, necesitamos hablar con usted.

Colocaron una tableta frente a él.

—Alguien modificó el expediente de su esposa después de la transfusión.

Adrian frunció el ceño.

—¿Quién?

El técnico mostró los registros.

La conexión provenía de un dispositivo que había accedido a la red desde mi habitación.

Adrian dejó de respirar.

Solo había una persona capaz de hacer algo así.

—Chloe.


La encontró en la mansión.

Esta vez no hubo excusas.

El equipo de seguridad de Adrian confiscó sus ordenadores.

Y descubrieron mucho más.

El programa utilizado para alterar el sistema de mi automóvil.

Registros de acceso.

Pruebas eliminadas.

Incluso mensajes donde Chloe presumía ante un amigo de que Adrian siempre limpiaría cualquier desastre que ella provocara.

Adrian leyó una frase varias veces:

“Mientras mi hermano me elija a mí, Elena nunca podrá hacerme nada.”

Algo dentro de él se rompió.

Chloe intentó llorar.

—Adrian, escucha…

—¿Manipulaste sus frenos?

Silencio.

—Solo quería asustarla.

Las mismas palabras.

Las palabras que él había utilizado para defenderla.

Adrian retrocedió.

—¿Y entraste en su expediente médico?

Chloe comenzó a temblar.

—Porque pensé que si Elena moría, tú…

No terminó.

Adrian llamó a la policía.

Por primera vez, Chloe descubrió que su hermano no iba a apagar el incendio.


Cuando Adrian regresó al hospital, parecía haber envejecido diez años.

Se sentó junto a mi cama.

—La entregué.

Asentí.

—Debí hacerlo desde el principio.

—Sí.

—Debí creerte.

—Sí.

Cada respuesta lo destruía un poco más.

—¿Hay alguna cosa que pueda hacer?

Miré hacia la ventana.

Nueva York brillaba bajo las luces nocturnas.

【Tiempo restante: 3 horas.】

—Sí.

Adrian se inclinó inmediatamente.

—Dime.

—Quiero que firmes el divorcio.

Su rostro se descompuso.

—No.

—Adrian.

—No puedes pedirme esto ahora.

—Precisamente ahora puedo.

Mi abogado ya tenía preparados los documentos.

Adrian los sostuvo durante casi veinte minutos.

Finalmente firmó.

Cuando terminó, dejé escapar un suspiro.

—Gracias.

—No me des las gracias.

Sus ojos estaban rojos.

—Voy a encontrar una solución.

No respondí.

El sistema comenzó la cuenta final.

Adrian sujetó mi mano.

Esta vez no tuve fuerzas para retirarla.

—Elena, mírame.

Lo hice.

—Te quiero.

Durante ocho años había esperado escuchar esas palabras sin Chloe entre nosotros.

Ahora llegaron demasiado tarde.

—Lo sé —susurré.

Adrian cerró los ojos.

—Entonces no te vayas.

Sonreí débilmente.

—Tú elegiste hace mucho tiempo.


Cuando el monitor dejó de registrar mi pulso, Adrian permaneció inmóvil.

Los médicos entraron.

Después todo se volvió ruido para él.

Pero para mí fue silencio.

【Misión completada.】

【La muerte de la anfitriona ha sido causada directamente por una decisión del protagonista masculino.】

【Preparando retorno al mundo original.】

Abrí los ojos.

Ya no había hospital.

No había Adrian.

No había Chloe.

Estaba acostada en mi antigua habitación.

El reloj marcaba exactamente la misma hora del día en que había desaparecido años atrás.

Me incorporé.

Estaba viva.

Libre.

Y, por primera vez, mi vida me pertenecía.

En Nueva York, Adrian nunca supo que yo había despertado en otro mundo.

Solo supo que había firmado el documento equivocado mientras corría a proteger a Chloe.

Y que cuando finalmente decidió elegirme a mí…

ya no quedaba nadie esperando ser elegida.

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