PARTE 2: CLARA NO VOLVIÓ POR ETHAN

Me quedé inmóvil en la acera.

—¿Qué quieres?

Clara guardó silencio unos segundos.

—Primero, que no vuelvas con Ethan.

Casi me reí.

—No pensaba hacerlo.

—Bien. Porque yo tampoco volví por él.

Eso me desconcertó.

Clara me pidió reunirnos en una cafetería cercana. Una hora después entré con Oliver y los gemelos dormidos en el cochecito.

Ella ya estaba esperando.

Cuando vio a los niños, su expresión cambió.

—Dios… tuvo tres hijos contigo y aun así siguió culpándote de nuestro pasado.

Me senté frente a ella.

—Habla.

Clara deslizó una carpeta sobre la mesa.

—Hace cinco años, Ethan te dijo que nuestro matrimonio era por conveniencia, ¿verdad?

Sentí un escalofrío.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque el matrimonio nunca fue idea suya.

Abrí la carpeta.

Dentro había documentos de una empresa que reconocí inmediatamente: Walker Industries.

Clara señaló una cláusula.

—El abuelo de Ethan dejó una parte importante de sus acciones condicionada a que se casara antes de cumplir treinta años y mantuviera el matrimonio durante cinco años.

Mi respiración se detuvo.

Cinco años.

Exactamente lo que había durado nuestro matrimonio.

—Entonces me utilizó.

—Sí.

Clara bajó la mirada hacia mis hijos.

—Pero cometió un error.

Sacó otro documento.

—La cláusula también establece que, si existen descendientes nacidos durante ese matrimonio, una parte de esas acciones pasa a un fideicomiso irrevocable para los hijos.

La miré.

—¿Cuánto?

Clara respondió:

—El treinta por ciento de Walker Industries.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Ethan acababa de divorciarse creyendo que finalmente sería libre para recuperar a Clara.

En realidad, acababa de entregar una parte de su imperio a los tres niños que prácticamente había ignorado.

Mi teléfono comenzó a sonar.

ETHAN.

Contesté.

Su voz ya no era fría.

—Amelia, ¿dónde estás?

Miré a Clara.

Ella sonrió.

—¿Por qué?

Hubo un silencio.

Después Ethan preguntó:

—¿Clara está contigo?

—Sí.

Su respiración se volvió pesada.

—No firmes nada de lo que te dé.

Miré la carpeta frente a mí.

Por primera vez aquella noche, sonreí.

—Demasiado tarde, Ethan.

Y colgué.

Related Posts

PARTE 2: El heredero que David celebró demasiado pronto

El doctor Aris retiró lentamente el transductor. —Señor Coleman, necesito aclarar algo antes de continuar. David perdió la sonrisa. —¿Qué cosa? El médico miró a Allison. —La…

PARTE 2: Lily dejó una última acusación para su propio funeral

Daniel Hayes bajó la mirada hacia el documento. Jason dejó de tocar la mano de Rachel. —“Si estas palabras están siendo leídas” —comenzó el abogado—, “significa que…

PARTE 2: La mano que solté en el divorcio fue la misma que sostuve al nacer nuestra hija

Apreté la mano de Adrian con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Él no se quejó. —Estoy aquí —repitió—. Mírame, Elena. Durante los minutos siguientes…

PARTE 2: La maleta rosa escondía una verdad peor que una amante

Me quedé frente a la habitación de invitados mirando aquella maleta abierta. Había vestidos. Cosméticos. Un par de zapatillas. Medicamentos. Y, sobre la mesa de noche, una…

PARTE 2: Las rosas llegaron a una casa que ya no era mía

Adrián tardó exactamente siete minutos en llamarme. No contesté. Volvió a llamar. Luego otra vez. A la décima llamada dejó de intentarlo y empezó con los mensajes….

PARTE 2: La carpeta azul que Rodrigo jamás pensó que su madre abriría

Mercedes puso la carpeta sobre mi mesa y no la abrió inmediatamente. Primero miró a Valeria, dormida en su moisés. —Lo que voy a enseñarte no cambia…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *