Samantha perdió la sonrisa.
—¿North Crown Capital?
Mi padre adoptivo seguía mirando a Alexander.
—¿Tú eres… su esposo?
Alexander entrelazó sus dedos con los míos.
—Desde hace siete años.
Ethan bajó lentamente la copa.
—Siete años…
Alexander lo miró.
—Nos casamos poco después de que Nina dejó Ciudad Puerto.
El silencio se volvió incómodo.
Samantha fue la primera en recuperarse.
—Qué coincidencia que precisamente el marido de Nina sea ahora inversor del Grupo Gu.
Entendí inmediatamente lo que insinuaba.
Alexander también.
—No hay ninguna coincidencia empresarial que explicar —dijo con calma—. La inversión fue evaluada por nuestro comité. Yo declaré mi relación familiar y no participé en la decisión final.
Mi padre adoptivo pareció aún más sorprendido.
—¿Nina sabía de la operación?
—Sí —respondí—. Y precisamente por eso Alexander se mantuvo al margen.
Samantha cerró la boca.
No había amenaza.
No había inversión que retirar por haberme insultado.
Mi matrimonio no necesitaba convertirse en un arma.
Alexander dejó los regalos sobre la mesa.
—Son para ustedes. Nina escogió la mayoría.
Mi madre adoptiva me miró.
—¿Todavía pensaste en nosotros?
Aquella pregunta dolió más de lo esperado.
—Nunca dejé de hacerlo.
Ethan se levantó.
—Nina, ¿podemos hablar?
Alexander me miró, esperando mi decisión.
Asentí.
Salimos al jardín.
Ethan permaneció callado durante varios segundos.
—¿Te casaste inmediatamente después de marcharte?
—Meses después.
—¿Lo amabas?
Lo miré.
—Eso ya no te corresponde preguntarlo.
Su mandíbula se tensó.
—Hace siete años no quería que te fueras.
Sentí algo parecido a tristeza.
—Pero tampoco dijiste que me quedara.
Ethan apartó la mirada.
—Pensé que necesitabas tiempo.
—Me expulsaron de casa.
Mi voz permaneció tranquila.
—Y tú estabas allí.
No necesitaba acusarlo más.
Él lo recordaba.
—Nina…
—No te odio, Ethan.
Aquello pareció dolerle todavía más.
—Simplemente dejé de esperar que algún día corrigieras lo que ocurrió.
Desde el comedor llegó la voz de Alexander.
No me llamó.
No vino a buscarme.
Solo esperó.
Esa diferencia resumía siete años de mi vida.
Cuando regresé, Samantha estaba extrañamente callada.
Alexander tomó mi abrigo.
—¿Nos vamos?
Miré a mis padres adoptivos.
—Volveré a visitarlos.
Mi madre abrió la boca, sorprendida.
—¿De verdad?
—Si ustedes quieren conocer a la Nina que soy ahora, sí.
Luego miré a Ethan.
—Felicidades por tu boda.
Esta vez lo dije sin dolor.
Él finalmente comprendió que no había regresado para recuperarlo.
Había regresado porque ya podía entrar en aquella casa sin volver a convertirme en la chica de veinte años que salió de ella llorando.
Alexander abrió la puerta para mí.
Antes de marcharnos, Ethan pronunció mi nombre.
Me giré.
Parecía tener cientos de cosas que decir.
Al final solo dijo:
—Cuídate.

Sonreí.
—Lo hago desde hace siete años.
LA FAMILIA GU CREYÓ QUE MI ANILLO ERA UNA FORMA DE OCULTAR EL PASADO; EN REALIDAD, ERA LA PRUEBA DE QUE HABÍA CONSTRUIDO UNA VIDA EN LA QUE YA NO NECESITABA QUE ELLOS ME ELIGIERAN.