El vestíbulo quedó completamente en silencio.
Adrian fue el primero en reaccionar.
—¿Sinclair?
Mi padre colocó frente a mí la carpeta de adquisición.
—El consejo de nuestra división médica aprobó la compra esta mañana.
Claire palideció.
Su padre, el director Whitmore, apareció desde el ascensor.
Al ver a mi padre, casi tropezó.
—Señor Sinclair… no sabíamos que la doctora Reed…
—Victoria Sinclair —lo corrigió mi padre.
Todas las miradas se volvieron hacia mí.
Durante cinco años habían dicho que Adrian me había dado mi carrera.
Ahora descubrían que yo pertenecía a la familia capaz de comprar el hospital entero.
Adrian se acercó.
—Victoria, necesitamos hablar.
—No.
—Lo de Claire fue una decisión familiar.
—Entonces disfrútala.
Firmé la última página.
Mi padre cerró la carpeta.
—Adquisición autorizada.
Claire apretó el brazo de Adrian.
—Papá, esto no cambia nuestro compromiso.
Pero su padre ya no la escuchaba.
Miraba los documentos con verdadero miedo.
La auditoría comenzaría inmediatamente.
Y Saint Matthew tenía problemas que su familia llevaba años ocultando.
Contratos inflados.
Fondos desviados.
Favores internos.
Entre ellos aparecía también el nombre de Adrian.
Él vio la primera página y perdió el color.
—Victoria… puedo explicarlo.
Sonreí.
—Qué curioso.
Guardé el anillo de los Sinclair en mi dedo.
—Durante cinco años nunca quisiste explicarme por qué yo no era suficiente para tu familia.
Caminé hacia mi padre.
—Ahora tendrás mucho tiempo para explicar tus decisiones al nuevo consejo.
Adrian intentó seguirme.
—¿Todo lo nuestro no significó nada?
Me detuve.
—Sí significó algo.
Lo miré por última vez.
—Me enseñó que un hombre puede dormir junto a una mujer durante cinco años y aun así no conocerla en absoluto.
Salí del hospital con mi familia.
Detrás de mí, Claire seguía aferrada al hombre por quien había creído ganar.
Yo no necesitaba quitárselo.

Adrian Cole ya no era mi premio.
Era simplemente uno de los nombres que aparecerían en la auditoría del hospital que acababa de comprar.