PARTE 2: AHORA ÉL ME MIRABA

Noah soltó a Emily.

—¿Qué acabas de decir?

Gabriel ni siquiera lo miró.

Extendió la mano hacia mí.

—¿Quieres salir de aquí?

Miré aquella mano.

Luego miré a Noah.

Por primera vez en tres años, ya no estaba intentando adivinar qué quería él.

Tomé la mano de Gabriel.

—Sí.

Noah avanzó.

—Clara, espera.

Me detuve.

La sala entera permanecía en silencio.

—¿Qué?

Noah abrió la boca, pero pareció darse cuenta de que no podía reclamarme sin revelar aquello que llevaba tres años ocultando.

—Tú y Stone… ¿desde cuándo?

Casi me reí.

—Desde hace treinta segundos.

Alguien soltó una carcajada nerviosa.

El rostro de Noah se endureció.

—Entonces estás haciendo esto para vengarte.

—Noah.

Gabriel habló finalmente.

—Acabas de pedirle a otra chica que sea tu novia. ¿Por qué te importa con quién sale Clara?

Noah se quedó sin respuesta.

Emily bajó lentamente la mirada hacia el anillo.

Y entonces vio las letras grabadas en el interior.

N + C.

—Noah…

Su voz cambió.

—¿Qué significa la C?

Él palideció.

Yo no esperé la respuesta.

Salí con Gabriel.

Cuando llegamos al estacionamiento, solté su mano.

—Gracias.

—No tienes que agradecerme.

—Y tampoco tienes que fingir que somos pareja después de esta noche.

Gabriel me observó.

—No estaba fingiendo.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Me gustas desde segundo año.

Pensé que estaba bromeando.

Gabriel Stone no bromeaba.

—¿Por qué nunca dijiste nada?

—Porque pensé que estabas enamorada de Lancaster.

Sentí vergüenza.

—¿Lo sabías?

—Los demás quizá no.

Se encogió de hombros.

—Pero yo sí.

Había visto cómo Noah me buscaba cuando nadie miraba.

Cómo yo revisaba sus trabajos.

Cómo desaparecíamos durante los descansos.

Y también había visto algo que yo tardé tres años en comprender.

—Él quería tenerte —dijo Gabriel—. Solo no quería que los demás supieran que te tenía.

Aquella frase me acompañó durante todo el verano.

Gabriel no me presionó.

No convirtió mi sí impulsivo en una deuda.

Empezamos lentamente.

Café.

Bibliotecas.

Caminatas.

Videollamadas mientras preparábamos solicitudes universitarias.

Y descubrí algo extraño.

Con él no necesitaba competir.

Cuando hablaba, escuchaba.

Cuando estaba ocupado, lo decía.

Cuando me presentaba a alguien, jamás dudaba:

—Ella es Clara.

No “una amiga”.

No “una compañera”.

Clara.

Noah, mientras tanto, empezó a aparecer otra vez.

Primero fueron mensajes.

“Tenemos que hablar.”

Después:

“Lo de Emily fue una estupidez.”

Luego:

“Ese anillo era tuyo.”

Ese último sí lo respondí.

“Entonces no debiste ponérselo a otra.”

Me llamó inmediatamente.

—Clara, fue el ambiente. Todos estaban mirando.

—Yo también.

Silencio.

—Pensé que siempre estarías ahí.

Cerré los ojos.

Al menos aquella vez había dicho la verdad.

—Ese fue tu error.

Lo bloqueé.

Emily terminó con él antes de comenzar la universidad.

No por mí.

Por el anillo.

Cuando descubrió nuestras iniciales, empezó a hacer preguntas.

Y Noah terminó confesando que había tenido una relación secreta conmigo durante tres años.

Emily devolvió el anillo.

Noah intentó entregármelo semanas después.

No lo acepté.

—Era nuestro.

—No.

Miré la pequeña caja.

—Era lo que prometiste que seríamos. Ya no existe.

Me marché.

Tres años después, Gabriel y yo regresamos a nuestra provincia para una ceremonia académica.

Él acababa de recibir un importante reconocimiento universitario.

Yo había obtenido una beca de investigación y estaba preparando mi primer proyecto propio.

Nuestro antiguo instituto nos invitó a hablar con los estudiantes.

Noah estaba allí.

Trabajaba para la empresa de su padre y había acudido como patrocinador.

Nos encontramos después del evento.

Sus ojos bajaron hacia mi mano.

Había un anillo sencillo.

Gabriel me lo había regalado semanas antes.

Sin fiesta.

Sin público.

Sin reto.

Solo nosotros dos.

Noah tragó saliva.

—¿Se van a casar?

—Todavía no.

—Pero…

Sonreí.

—Es un anillo de promesa.

La ironía debió dolerle.

—Clara, si aquella noche pudiera volver atrás…

—No puedes.

—Yo te quería.

—Lo sé.

Y eso era quizá lo más triste.

Noah sí me había querido.

Simplemente había querido más su imagen, la aprobación de los demás y la emoción de tenerme escondida.

Gabriel apareció detrás de mí.

—¿Nos vamos?

—Sí.

Noah me llamó antes de que pudiera alejarme.

—¿Por qué él?

Me giré.

Durante años quizá habría pensado en una respuesta complicada.

Pero ahora era sencilla.

—Porque cuando Gabriel me eligió, no miró alrededor para comprobar quién estaba mirando.

Tomé su mano.

Y salimos juntos.

Entonces Noah dijo algo que me hizo detenerme.

—Clara, espera. Hay algo sobre aquella fiesta que nunca supiste.

Gabriel también se volvió.

Noah sacó su teléfono.

—El reto no fue aleatorio.

Mi sonrisa desapareció.

—¿Qué quieres decir?

—Emily sabía lo nuestro.

Sentí un escalofrío.

—Eso es imposible.

—Encontró mensajes tuyos meses antes.

Noah bajó la mirada.

—Y fue ella quien organizó el juego para obligarme a elegir delante de todos.

—Pero tú elegiste.

—Sí.

Su voz se quebró.

—Y eso fue culpa mía.

Después levantó el teléfono.

—Pero hay otra cosa.

En la pantalla aparecía una conversación antigua.

Emily no estaba hablando con Noah.

Estaba hablando con alguien que yo conocía perfectamente.

Alguien que le había contado dónde compramos el anillo.

Alguien que sabía nuestras iniciales.

Alguien que conocía nuestra relación secreta desde el principio.

Mi mejor amiga de entonces.

Rachel.

Y el último mensaje enviado antes de aquella fiesta decía:

“Hazlo esta noche. Clara necesita aprender que Noah jamás la elegirá cuando todos estén mirando.”

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