Daniel se quedó mirando la mano de Adrian sobre mi hombro.
—¿Tu… esposa?
Yo también giré hacia Adrian.
Hasta aquella mañana seguía siendo oficialmente la cuidadora de su hijo.
Adrian ni siquiera pestañeó.
—¿Hay algún problema?
Daniel soltó una risa incrédula.
—Claire, ¿ahora finges estar casada con tu jefe para impresionarme?
El pequeño Leo apretó mi pierna.
—¡No está fingiendo! ¡Ella es mi mamá!
—Leo —murmuré.
—¡Es verdad!
Adrian se inclinó y lo tomó en brazos.
Después miró a Daniel con una frialdad que nunca le había visto.
—Mi familia no necesita explicarte nada.
Daniel palideció al reconocerlo finalmente.
—Espere… ¿Adrian Blake?
Adrian no respondió.
No necesitaba hacerlo.
La arrogancia desapareció del rostro de mi exmarido.
Daniel llevaba años intentando conseguir contratos con Blake Holdings.
Y ahora acababa de descubrir que la mujer a la que había echado de casa vivía bajo el techo del hombre cuya firma podía cambiar su carrera.
—Claire, necesitamos hablar en privado.
—No tenemos nada que hablar.
—Cometí algunos errores.
Casi me reí.
—Me quitaste mis ahorros y me echaste de casa el mismo día del divorcio. Eso no fue un error.
Daniel bajó la voz.
—Puedo devolverte la casa.
—No la quiero.
—Entonces dinero.
—Tampoco.
Su expresión se endureció.
—¿Qué quieres?
Lo miré directamente.
—Que te vayas.
Daniel se marchó humillado.
Cuando su coche desapareció, me volví hacia Adrian.
—¿Por qué dijiste que soy tu esposa?
—Porque estaba molestándote.
—Podías decir que trabajo aquí.
Adrian guardó silencio.
Leo levantó la mano emocionado.
—¡Tengo una idea! ¡Cásate de verdad con papá!
—Leo.
—Así puedes quedarte para siempre.
Mi sonrisa desapareció.
Durante los últimos meses, aquel niño había comenzado a dormir sin pesadillas. Me esperaba cada mañana frente a mi habitación y había dejado de preguntar cuándo iba a abandonarlo.
Pero yo sabía que algún día tendría que marcharme.
Adrian pareció leerme el pensamiento.
—Leo, ve con el abuelo Thomas.
Cuando estuvimos solos, habló:
—Claire, necesito proponerte algo.
—¿Otro trabajo?
—Un matrimonio.
Lo miré pensando que bromeaba.
No lo hacía.
—Un año —continuó—. Matrimonio contractual. Tendrás independencia económica y podrás irte cuando quieras. A cambio, Leo tendrá estabilidad.
—¿Y después de un año?
Por primera vez, Adrian apartó la mirada.
—Después decidiremos.
Antes de que pudiera responder, el mayordomo salió apresuradamente de la mansión.
—Señor Blake, tenemos un problema.
Le entregó una tableta.
Adrian leyó la pantalla y su rostro cambió.
Me la pasó.
Había una noticia recién publicada:
“EXESPOSA DE EMPRESARIO SEDUCE AL MULTIMILLONARIO ADRIAN BLAKE TRAS DIVORCIO.”
Debajo aparecía una fotografía mía abrazando a Leo.
Y otra de Adrian con la mano sobre mi hombro.
Pero lo que me heló la sangre fue el nombre de la persona citada como fuente.
Daniel Morgan.
Adrian tomó su teléfono.
—Haré retirar el artículo.
—Espera.
Me miró.
—¿Qué ocurre?
Volví a leer las acusaciones.
Daniel quería avergonzarme públicamente.
Durante cuatro años había permitido que decidiera cuánto valía yo.

Esta vez no.
Le devolví la tableta a Adrian.
—No retires nada.
—Claire…
—¿La propuesta de matrimonio sigue disponible?
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Sí.
Respiré profundamente.
—Entonces prepara el contrato.
Adrian permaneció inmóvil.
—¿Estás segura?
Miré otra vez la fotografía publicada por Daniel.
—Completamente.
Lo que ninguno de nosotros sabía era que Daniel no había publicado aquella noticia solo por celos.
Horas después, un abogado llegaría a la mansión con un documento de mi antiguo matrimonio.
Y ese documento demostraría que Daniel me había ocultado algo durante cuatro años que podía convertir nuestro divorcio en un escándalo mucho mayor.