A las ocho, Daniel levantó su copa frente a los sesenta invitados y anunció el comienzo de su nueva vida.
Fernanda sonreía junto a él, mientras Graciela presumía que su hijo por fin se había librado de una mujer inútil.
El gerente del salón se acercó con una carpeta negra.
—Señor Rivas, necesitamos otra forma de pago.
Daniel extendió la tarjeta.
—Inténtelo de nuevo, porque no tiene límite.
El gerente negó con calma.
—Fue bloqueada hace tres minutos.
Daniel sacó una segunda tarjeta, después una tercera y finalmente pidió las de su madre.
Todas fueron rechazadas.
Los teléfonos comenzaron a sonar.
El florista exigía su pago, la empresa de música suspendía el servicio y el proveedor de champaña amenazaba con retirar las botellas.
—¡Esto es culpa de Verónica! —gritó Graciela—. Debió robar las claves antes de irse.
Entonces entré acompañada por Mauricio y dos auditores del banco.
Daniel caminó hacia mí con el rostro rojo.
—Reactiva mis cuentas ahora mismo.
—No son tus cuentas —respondí.
Mauricio colocó sobre la mesa el contrato original de la línea corporativa.
La titular era Grupo Alcántara y la única propietaria autorizada era yo.
Durante veinte años, Daniel había usado tarjetas adicionales vinculadas a mi patrimonio, mientras yo permitía que creyera que todo provenía de su empleo.
Los invitados dejaron de murmurar.
Fernanda retrocedió.
—Me dijiste que la empresa era tuya.
—Lo será cuando Verónica firme —respondió él.
Saqué la impresión del mensaje donde planeaban falsificar mi firma y solicitar un crédito usando el departamento como garantía.
Después mostré el análisis de embarazo alterado.
Fernanda palideció.
—Ese documento no prueba nada.
Una mujer sentada al fondo se levantó.
Era la paciente cuyo folio aparecía en el informe.
—Prueba que usaste mis resultados —dijo—. Trabajo en la clínica y ya presenté una denuncia.
Daniel miró a Fernanda como si acabara de verla por primera vez.
Pero la peor llamada llegó entonces.
El administrador confirmó que el departamento nunca había pertenecido a Daniel.
También estaba registrado a nombre de Grupo Alcántara.

Y alguien acababa de intentar venderlo usando una firma falsa.
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