PARTE 2: LA CASA QUE NO PODÍAN QUITARNOS

Miré la carpeta. Después miré a Grant. —¿Ibas a comprar una casa? —Estaba intentando hacerlo. Tomé los documentos. La primera propiedad tenía cuatro habitaciones, un jardín enorme…

PARTE 2: EL FAVOR QUE ME DEBÍA

Ethan no apartó los ojos de la pantalla. —Eso es imposible. La funcionaria volvió a comprobar los datos. —No, señor Lu. Elena Jiang presentó una actualización de…

PARTE 2: EL MILLONARIO NUNCA ESTUVO ARRUINADO

Tres semanas después, me desmayé frente a Alexander. Fue completamente culpa suya. Yo salía de una cafetería cuando vi su motocicleta estacionada frente al edificio. Alexander apareció…

PARTE 2: EL DINERO NO ERA LO PEOR

Mi padre llegó cuarenta minutos después. Pero no venía solo. Detrás de su automóvil había otro vehículo. Dentro viajaban dos abogados. Cuando papá me vio sentada junto…

PARTE 2: EL PRECIO DE VOLVER

Adrian cumplió su amenaza antes del amanecer. A las siete de la mañana, mi abogada llamó. —Elena, Adrian Grant presentó una solicitud urgente para impedir que los…

PARTE 2: EL HOMBRE QUE SÍ ESPERÓ

Adrian fue el primero en apartar la mirada. Marcus no. Seguía abrazándome con cuidado, como si hubiera aprendido exactamente cuánta fuerza podía soportar mi cuerpo. —Estás demasiado…

PARTE 2: EL HOMBRE QUE NO PODÍA DEJARME IR

Sienna retiró la mano y miró las carpetas sobre mi escritorio. —¿Todo eso es para Adrian? —Es mi entrega de funciones. Su sonrisa desapareció. —¿Entrega? Adrian habló…

PARTE 2: LA CASA NUNCA FUE SUYA

El abogado se llamaba Gabriel Montes. Pasó casi una hora revisando mis estados de cuenta sin decir demasiado. Finalmente señaló una transferencia. —¿Reconoces esta cuenta? Negué. —Yo…

PARTE 2: CUANDO DEJÉ DE PAGAR POR TODOS

El mensaje de Daniel permaneció en mi pantalla. “Emma, vuelve a casa… ya no tenemos dinero.” Lo leí dos veces. Después bloqueé el teléfono y regresé a…

PARTE 2: LA DEUDA TENÍA OTRO PRECIO

—¿Por qué Darío me dejó aquí? —preguntó Carla. Aarón tardó unos segundos en responder. —Porque debía dinero. Carla apretó el bastón. —¿A usted? —No exactamente. La lluvia…