Grace se volvió lentamente.
Ethan se detuvo frente a ella, todavía intentando recuperar el control.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Grace miró una vez a Vanessa.
No a su rostro.
A la mano que todavía rozaba la espalda de Ethan.
Después volvió a mirarlo.
—Trabajando.
Ethan soltó una risa incrédula.
—Estás embarazada de siete meses y apareces en una isla privada con Declan Pierce. ¿Esperas que crea que esto es trabajo?
Declan levantó ligeramente una ceja.
—Curiosa pregunta viniendo de un hombre que dijo estar en una conferencia en Nueva York.
Vanessa bajó la mirada.
Ethan ignoró el comentario.
—Grace, vámonos a nuestra habitación. Hablaremos en privado.
—No tenemos habitación.
—Te conseguiré una.
Grace casi sonrió.
—No entendiste.
Levantó la carpeta negra.
—No vine aquí por ti.
Las puertas del ascensor se abrieron.
Dos hombres con trajes oscuros esperaban dentro.
Declan miró su reloj.
—Tres minutos.
Grace asintió.
Ethan dio un paso adelante.
—¿Tres minutos para qué?
Ella entró en el ascensor.
—Para firmar.
Las puertas comenzaron a cerrarse.
Ethan puso una mano entre ellas.
—¿Firmar qué?
Por primera vez, Grace lo miró con algo parecido a emoción.
No era dolor.
Era lástima.
—Algo que deberías haber leído esta mañana.
Las puertas se cerraron.
Ethan quedó inmóvil.
Entonces sacó su teléfono.
Tenía diecisiete llamadas perdidas.
Nueve del director financiero.
Cinco del abogado corporativo.
Tres del presidente de la junta.
Sintió un vacío en el estómago.
Llamó inmediatamente al director financiero.
El hombre contestó al primer tono.
—¡Ethan! ¿Dónde demonios estás?
—¿Qué ocurre?
Hubo silencio.
—¿No has visto los correos?
—Dímelo.
—Pierce Global presentó una oferta para adquirir Calloway Technologies.
Ethan dejó de respirar.
—Eso es imposible.
—No lo es.
—Yo controlo la empresa.
—Controlas el veintinueve por ciento.
Ethan apretó el teléfono.
—Mi esposa controla otro dieciocho.
Silencio.
Y entonces comprendió.
Miró hacia los ascensores.
—No.
El director financiero respiró lentamente.
—Grace transfirió sus derechos de voto esta mañana.
—¿A quién?
Ethan ya conocía la respuesta.
—Declan Pierce.
Vanessa se acercó.
—Ethan, ¿qué pasa?
Él no respondió.
Corrió hacia los ascensores.
Veinte minutos después irrumpió en una sala privada del último piso.
Una mesa de nogal ocupaba el centro.
Abogados.
Banqueros.
Representantes de la junta.
Y Grace.
Sentada junto a Declan.
Frente a ella había varios documentos.
—¡Detengan esto!
Todos lo miraron.
Grace dejó tranquilamente la pluma sobre la mesa.
—Llegaste tarde.
Ethan se acercó.
—No puedes entregar mis acciones a este hombre.
—No son tus acciones.
—¡Somos marido y mujer!
Grace sostuvo su mirada.
—Eso tampoco durará mucho.
Sacó otro documento.
Lo deslizó sobre la mesa.
Ethan miró el encabezado.
PETICIÓN DE DIVORCIO.
Su rostro cambió.
—Grace…
—Tus abogados recibirán una copia esta tarde.
—¿Por Vanessa?
Grace negó lentamente.
—No.
Aquella respuesta pareció desconcertarlo más.
—Entonces ¿por qué?
—Porque hace seis meses descubrí que estabas desviando dinero de Calloway Technologies.
El rostro de Ethan quedó blanco.
Vanessa, que acababa de entrar detrás de él, se detuvo.
—¿Qué?
Grace abrió la carpeta negra.
—Empresas fantasma.
Pasó una página.
—Facturas falsas.
Otra.
—Pagos ocultos.
Otra más.
—Y once millones de dólares transferidos a cuentas vinculadas con Vanessa Reed.
Vanessa retrocedió.
—¡Yo no sabía nada!
Ethan se volvió hacia ella.
—Cállate.
Grace observó aquella escena sin pestañear.
—Seguí el dinero durante meses.
—¿Me estabas investigando?
—Estaba protegiendo la empresa que mi padre ayudó a construir.
Ethan golpeó la mesa.
—¡Yo construí Calloway Technologies!
Grace se levantó.
A pesar de su embarazo, su presencia pareció llenar la habitación.
—Mi padre puso los primeros ocho millones.
Silencio.
—Mi familia presentó a tus primeros inversores.
Otro paso.
—Y cuando tu empresa estuvo a tres semanas de la bancarrota, fui yo quien hipotecó mis activos personales para mantenerla viva.
Ethan no pudo responder.
Declan cerró una carpeta.
—La reunión ha terminado.
Ethan lo señaló.
—Tú no te metas.
Declan levantó los ojos.
—Acabo de convertirme en el mayor accionista con derecho a voto de tu empresa.
Hizo una pausa.
—Así que, técnicamente, meterme es exactamente mi trabajo.
Ethan palideció.
—Grace, piensa en nuestro hijo.
Ella se quedó inmóvil.
La habitación cambió.
Por primera vez, una grieta apareció en su serenidad.
Su mano descansó sobre su vientre.
Ethan lo vio.
Y creyó haber encontrado la única arma que todavía podía utilizar.
Se acercó.
—Nuestro hijo necesita a su padre.
Grace levantó lentamente la mirada.
—Sí.
Ethan respiró aliviado.
Hasta que ella terminó.
—Por eso no permitiré que crezca creyendo que un hombre como tú es un ejemplo.
La expresión de Ethan se endureció.
—Puedes odiarme todo lo que quieras, pero ese bebé también es mío.
Grace no respondió.
Declan sí.
—Ethan.
Había algo extraño en su voz.
Ethan lo miró.
Declan empujó otro sobre hacia él.
—Deberías abrirlo.
Grace giró inmediatamente.
—Declan.
—Tiene derecho a saberlo.
—Todavía no.
Aquellas dos palabras hicieron que Ethan sintiera un escalofrío.
Tomó el sobre.
—¿Qué demonios es esto?
Grace cerró los ojos durante un instante.
—Ethan, no lo hagas aquí.
Eso fue suficiente.
Rompió el sello.
Dentro había un informe médico.
Leyó la primera página.
Después la segunda.
Su rostro perdió todo el color.
Vanessa se acercó.
—¿Qué dice?
Ethan no contestó.
Sus ojos permanecieron clavados en una sola línea.
Fecha del procedimiento.
Treinta y dos semanas antes.
Levantó lentamente la cabeza.
—Grace…
Su voz apenas salió.
—¿Qué procedimiento?
Ella no respondió.
Ethan volvió al informe.
Entonces encontró un nombre.
El nombre del médico.
La clínica.
Y una anotación sobre material genético preservado.
Sus manos comenzaron a temblar.
—Esto fue antes de que yo regresara de Londres.
Grace sostuvo su mirada.
—Sí.
—Pero tú dijiste que nuestro bebé fue concebido después.
Silencio.
Ethan miró su vientre.
Después miró a Declan.
Algo terrible comenzó a formarse en su cabeza.
—¿De quién es este bebé?
Declan se puso de pie.
Grace lo detuvo con una mirada.
Luego caminó lentamente hacia Ethan.
—Durante siete meses nunca preguntaste por mis citas médicas.
Ethan tragó saliva.
—Grace…
—Nunca fuiste a una ecografía.
Otro paso.
—Ni siquiera recordabas el nombre de mi obstetra.
Sus ojos se llenaron de lágrimas por primera vez.
Pero no cayó ninguna.
—Y ahora que estás perdiendo tu empresa, de repente quieres saber quién es el padre.
Ethan apretó el informe.
—¡Dime la verdad!
Grace abrió la boca.
Pero antes de que pudiera responder, la puerta se abrió.
Un hombre mayor entró acompañado por dos abogados.
Ethan lo reconoció inmediatamente.
Y el documento cayó de sus manos.
—No…
Grace se quedó completamente quieta.
El recién llegado miró primero su vientre.
Después a Ethan.
Finalmente, a Declan.
—Parece que llegué justo a tiempo.
Ethan retrocedió.
Porque aquel hombre llevaba diecisiete años oficialmente muerto.
Y según todos los registros públicos…
Era el padre de Grace.