PARTE 2 — LLEGASTE TARDE

Del otro lado del teléfono hubo un silencio tan largo que pensé que Duan Yujing había colgado.

Entonces explotó.

—¿Quién demonios eres?

Shang Ye se acomodó tranquilamente en el sofá y miró nuestro certificado de matrimonio.

—El esposo de Su Ran.

—¡Dale el teléfono!

—No.

—¡Su Ran es mi novia!

Shang Ye soltó una pequeña risa.

—Corrección.

Hizo una pausa deliberada.

—Era tu novia.

Le quité el teléfono antes de que aquello terminara en una guerra.

—Yujing, fui muy clara. Se acabó.

—¿Te casaste con otro hombre solo para castigarme?

Su incredulidad casi me hizo reír.

Incluso ahora creía que todas mis decisiones tenían que girar alrededor de él.

—No eres tan importante.

—¡Estuvimos juntos cuatro años!

—Precisamente.

Respiré profundamente.

—Necesité cuatro años para entender quién eras realmente.

Colgué.

La sonrisa desapareció del rostro de Shang Ye.

—¿Te arrepientes?

Miré el sencillo anillo de platino en mi dedo.

Casarme con él había sido probablemente la decisión más impulsiva de toda mi vida.

Pero también era la primera decisión en mucho tiempo que había tomado únicamente por mí.

—Todavía no.

Shang Ye sonrió.

—Con eso me basta.

Aquella noche me llevó a la residencia de la familia Shang.

Esperaba interrogatorios.

Tal vez rechazo.

Quizá incluso que me echaran.

En cambio, apenas crucé la puerta, un anciano de cabello blanco apareció apoyado en un bastón.

Me examinó durante tres segundos.

Después levantó el bastón y golpeó a Shang Ye en la pierna.

—¡Idiota!

—Abuelo…

—¡Esperaste tantos años y cuando finalmente te casas ni siquiera me avisas!

Me quedé inmóvil.

—¿Esperó tantos años?

Shang Ye tosió con fuerza.

—Abuelo.

El anciano comprendió inmediatamente su error.

—Ah…

Me dedicó una sonrisa inocente.

—Quise decir que lleva muchos años siendo idiota.

Entrecerré los ojos.

Aquello no sonaba convincente.

Estaba a punto de preguntar cuando escuchamos gritos en la entrada.

Duan Yujing había llegado.

Y no venía solo.

Su madre y su hermana embarazada estaban con él.

Nada más verme, la muchacha corrió hacia mí con los ojos hinchados.

—¡Hermana Su!

Shang Ye se interpuso inmediatamente.

—Desde ahí puedes hablar perfectamente.

Ella frenó en seco.

La madre de Yujing me señaló.

—¡Su Ran! ¿Cómo pudiste casarte con otro hombre el mismo día?

La miré sin emoción.

—Su hijo decidió no casarse conmigo porque me negué a registrar como mío el bebé de su hija.

Su expresión cambió.

—¡Solo era temporal!

—Un hijo no es un paraguas que pueda prestarse temporalmente.

Yujing dio un paso adelante.

—Todavía podemos arreglarlo.

—¿Cómo?

—Divórciate.

La sonrisa de Shang Ye desapareció.

—Repítelo.

Yujing lo miró con furia.

—Esto no tiene nada que ver contigo.

Shang Ye pasó un brazo alrededor de mi cintura.

—Estás delante de mi casa pidiéndole a mi esposa que se divorcie de mí.

Sonrió.

—Diría que tiene bastante que ver conmigo.

La hermana de Yujing comenzó a llorar.

—¡Todo es culpa mía!

Después me miró suplicante.

—Hermana Su, necesito tu ayuda. Si la universidad descubre que estoy embarazada, mi vida estará acabada.

—Entonces dime quién es el padre.

El silencio fue inmediato.

Yujing apartó la mirada.

Su madre hizo exactamente lo mismo.

Mi corazón dio un vuelco.

Ellos lo sabían.

—¿Quién es? —repetí.

La muchacha comenzó a temblar.

—No puedo decirlo.

—Yo sí.

La voz de Shang Ye hizo que todos se volvieran.

Sacó su teléfono.

Ya no estaba sonriendo.

—Cuando Su Ran publicó que necesitaba un marido, quise saber qué había ocurrido.

Deslizó el dedo sobre la pantalla.

—Y encontré algo bastante interesante.

Yujing avanzó hacia él.

—¿Qué investigaste?

—Lo que tú debiste investigar antes de intentar convertir a Su Ran en el escudo de tu familia.

Shang Ye mostró una fotografía.

La hermana de Yujing aparecía entrando en un hotel junto a un hombre.

Lo reconocí inmediatamente.

—No puede ser…

Era casado.

Tenía casi el doble de nuestra edad.

Y ocupaba un cargo importante en la universidad donde yo acababa de obtener mi plaza de posgrado.

Yujing intentó arrebatarle el teléfono.

Shang Ye lo apartó fácilmente.

—Ahora lo entiendo.

Sus ojos se volvieron fríos.

—Querían que el bebé apareciera legalmente como hijo de Su Ran para ocultar quién era el verdadero padre.

Nadie respondió.

Eso ya era una respuesta.

La madre de Yujing me miró fijamente.

—Su Ran, una joven inteligente debería saber cuándo dejar de hacer preguntas.

La amenaza era evidente.

Shang Ye entrelazó sus dedos con los míos.

—Llegaron demasiado tarde para amenazarla.

En aquel momento, unos faros iluminaron la entrada.

Un automóvil negro se detuvo frente a la residencia.

El hombre de la fotografía descendió apresuradamente.

Pero al ver a Shang Ye, se quedó petrificado.

—Joven maestro Shang…

Yujing frunció el ceño.

—¿Por qué viniste?

El hombre abrió la boca.

No tuvo oportunidad de responder.

La puerta trasera del automóvil se abrió.

Una mujer elegantemente vestida descendió.

Era su esposa.

Llevaba una gruesa carpeta entre las manos.

La hermana de Yujing palideció.

—Señora…

La mujer ni siquiera la miró.

Caminó directamente hacia mí.

—Señorita Su, tenemos que hablar.

—¿Sobre qué?

Abrió la carpeta.

Había fotografías.

Informes médicos.

Transferencias bancarias.

Y varios documentos con mi nombre.

Sentí que algo no encajaba.

—Sobre ese bebé —respondió.

La hermana de Yujing comenzó a llorar.

—Yo puedo explicarlo…

—No hace falta.

La mujer la miró finalmente.

—Sé que mi marido es el padre.

El rostro del hombre se volvió ceniza.

Pero la mujer todavía no había terminado.

Sacó otro documento.

—También sé por qué la familia Duan quería registrar al bebé como hijo de Su Ran.

Yujing reaccionó.

—¡No se lo dé!

Demasiado tarde.

La mujer puso el documento en mis manos.

Leí la primera página.

Después la segunda.

Sentí que los dedos se me enfriaban.

Mi nombre aparecía repetidamente.

Pero aquello no tenía nada que ver con proteger la reputación de una muchacha embarazada.

Había una póliza.

Un fideicomiso.

Y una cláusula vinculada directamente conmigo.

—¿Qué significa esto? —pregunté.

La mujer miró a Yujing.

—Pregúntale a él.

Me volví lentamente.

—Yujing.

Él retrocedió.

Por primera vez desde que lo conocía, parecía realmente asustado.

—Su Ran, puedo explicarlo.

—Entonces hazlo.

Shang Ye tomó el documento y leyó rápidamente.

Su expresión se endureció.

—Hijo de puta.

—¿Qué dice? —pregunté.

Él levantó la mirada.

—Si te hubieras casado hoy con Duan Yujing y ese bebé hubiera sido registrado legalmente como hijo de ambos…

Hizo una pausa.

—La familia Duan habría podido reclamar, a través del niño, parte del fideicomiso que tus padres dejaron a tu nombre.

Mi mente quedó en blanco.

Mis padres habían muerto cuando yo era pequeña.

Siempre me dijeron que apenas habían dejado dinero.

Miré a Yujing.

—¿Tú sabías que existía ese fideicomiso?

No contestó.

La mujer respondió por él.

—Lo sabe desde hace tres años.

Tres años.

Durante tres años aquel hombre había dormido a mi lado.

Había hablado de nuestra boda.

De nuestro futuro.

De nuestra familia.

Y todo aquel tiempo sabía que yo tenía una herencia que ni siquiera yo conocía.

Entonces comprendí algo todavía peor.

Miré a la hermana embarazada.

—Por eso nunca quisieron decir quién era el padre.

Nadie habló.

—No estaban intentando salvarla.

Mi voz tembló de rabia.

—Estaban intentando usar al bebé para entrar legalmente en mi patrimonio.

La madre de Yujing perdió finalmente la paciencia.

—¡¿Y qué?! ¡Ibas a casarte con mi hijo! ¡Tu dinero también habría pertenecido a esta familia!

Shang Ye dio un paso adelante.

Su rostro se volvió peligrosamente tranquilo.

Pero yo levanté una mano.

No necesitaba que nadie peleara por mí.

Miré a la mujer que había traído los documentos.

—¿Cuánto dinero hay en ese fideicomiso?

Ella respiró profundamente.

—Con las inversiones acumuladas…

Pronunció una cifra.

La madre de Yujing quedó blanca.

Yo también.

Era suficiente dinero para explicar cuatro años de paciencia.

Cuatro años de favores.

Cuatro años llamándome “buena nuera”.

Y quizá hasta aquella absurda petición de registrar un bebé ajeno.

Solté una carcajada.

Yujing se acercó.

—Ran, escúchame. Al principio no sabía nada. Después lo descubrí, pero mis sentimientos por ti eran reales.

—¿Reales?

Lo miré.

—Entonces dime algo.

Se quedó callado.

—Si esta mañana hubiera aceptado registrar al bebé…

Di un paso hacia él.

—¿Alguna vez habrías contado la verdad?

No respondió.

Eso bastó.

Me quité del bolso la libreta roja de matrimonio.

La levanté frente a él.

—Hace unas horas pensé que casarme con Shang Ye había sido la decisión más impulsiva de mi vida.

Miré al hombre que permanecía a mi lado.

Por primera vez, comprendí que quizá aquel matrimonio de diez minutos me había salvado de una trampa preparada durante años.

—Ahora creo que fue la decisión más inteligente.

Yujing cerró los puños.

—¡Él tampoco es quien crees!

Shang Ye arqueó una ceja.

—Finalmente dices algo interesante.

Yujing me señaló.

—¿Crees que apareció en diez minutos por casualidad?

Me quedé quieta.

—¿Qué quieres decir?

Yujing soltó una risa amarga.

—Pregúntale por qué sabía lo de tu fideicomiso antes que yo.

Giré lentamente hacia Shang Ye.

Su expresión cambió.

Y entonces recordé las palabras de su abuelo.

“Esperaste tantos años.”

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

—Shang Ye…

Él guardó silencio.

—¿Desde cuándo sabías lo de mi herencia?

Por primera vez desde que aquel convertible amarillo apareció frente a la oficina civil…

Shang Ye no tuvo una respuesta inmediata.

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