Cuando llegué al despacho de mi abogado, Richard Bennett, encontré tres carpetas sobre su escritorio.
Su expresión era tan seria que sentí un escalofrío.
—Siéntate, Daniel.
—No tengo tiempo. Necesito encontrar a Claire y a mi hijo.
Richard cerró la puerta.
—Tu esposa y Noah están a salvo. Su abogada ya se ha puesto en contacto conmigo.
Solté el aire que llevaba horas conteniendo.
—Entonces dime dónde están.
—No puedo darte esa información. Pero puedes solicitar un régimen de visitas por las vías legales correspondientes.
Golpeé el escritorio.
—¡Soy su padre!
Richard me miró fijamente.
—Entonces empieza a comportarte como alguien que comprende lo que significa serlo.
Me quedé inmóvil.
Nunca me había hablado así.
Después deslizó la primera carpeta hacia mí.
—Daniel, ¿recuerdas haber firmado una autorización financiera hace ocho meses?
Fruncí el ceño.
—Firmo cientos de documentos.
—Ese es precisamente el problema.
Abrí la carpeta.
Había transferencias bancarias.
Contratos.
Facturas.
Y el nombre de Vanessa Cole aparecía repetidamente.
—¿Qué es esto?
Richard señaló una cifra.
—Doscientos ochenta mil dólares.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿De dónde salió ese dinero?
—De una cuenta vinculada a Carter Holdings.
Mi empresa.
La compañía que había construido durante doce años.
—Eso es imposible.
Richard negó lentamente.
—Claire descubrió las transferencias hace tres semanas.
Me llevé una mano a la frente.
—Vanessa me dijo que necesitaba dinero para invertir en una empresa de cosméticos.
—¿Y le diste acceso a tus cuentas corporativas?
Recordé una noche en el hotel.
Vanessa me había pedido que firmara varios documentos mientras bebíamos champán.
Me aseguró que eran simples garantías comerciales.
Firmé sin leerlos.
Richard observó mi expresión.
—Ahora entiendes.
—¿Claire sabe todo esto?
—Sabe mucho más.
Abrió la segunda carpeta.
Dentro había fotografías de Vanessa junto a un hombre desconocido.
Ambos entraban en un edificio de oficinas.
—¿Quién es él?
Richard respiró profundamente.
—Michael Lawson.
El nombre me resultaba familiar.
Entonces lo recordé.
Michael había trabajado como director financiero de Carter Holdings hasta que lo despedí por irregularidades contables.
—¿Qué hace Vanessa con él?
Richard me miró con gravedad.
—Parece que mantienen una relación personal y comercial.
Sentí que el estómago se me revolvía.
—No…
—Tenemos motivos para investigar si ambos utilizaron tu relación con Vanessa para acceder a información de la empresa.
Me quedé mirando la fotografía.
La mujer por la que había destruido mi matrimonio quizá nunca me había amado.
—¿Cómo descubrió Claire todo esto?
Richard guardó silencio.
Después respondió:
—Porque tu esposa nunca dejó de trabajar para la empresa.
Solté una risa amarga.
—Claire renunció hace tres años.
—Renunció a su puesto público, Daniel. Pero siguió figurando como accionista y revisando determinados informes financieros.
Recordé entonces algo que había olvidado.
Cuando comenzamos Carter Holdings, Claire había invertido los ahorros que heredó de su padre.
Durante los primeros cinco años, trabajó conmigo hasta la madrugada.
Ella consiguió nuestros primeros clientes.
Ella negoció el contrato que nos salvó de la quiebra.
Y cuando quedó embarazada, fui yo quien le pidió que se quedara en casa.
Después comencé a decirle que todo lo que teníamos era gracias a mí.
Richard colocó un documento frente a mis ojos.
—Claire conserva el cuarenta y cinco por ciento de las acciones.
Me quedé sin palabras.
—¿Y eso qué significa?
—Que tiene derechos importantes sobre la compañía y ha solicitado una auditoría independiente.
Mi teléfono comenzó a sonar.
Vanessa.
La rechacé.
Volvió a llamar.
Richard me observó.
—Contesta. Pero no hagas amenazas ni promesas.
Respondí.
—Daniel, cariño, ¿dónde estás?
Su voz sonaba dulce.
Demasiado dulce.
—En la oficina de mi abogado.
Hubo un silencio.
—¿Por qué?
—Porque Claire descubrió las transferencias.
Vanessa dejó de respirar.
—¿Qué transferencias?
—Las de Carter Holdings.
Su voz cambió inmediatamente.
—Daniel, tienes que confiar en mí.
Cerré los ojos.
Había escuchado esas palabras demasiadas veces.
—¿Conoces a Michael Lawson?
Silencio.
Después escuché una voz masculina al fondo.
—Vanessa, cuelga.
Reconocí aquella voz.
Era Michael.
La llamada terminó.
Richard me entregó la tercera carpeta.
—Todavía no hemos llegado a lo peor.
Mis manos comenzaron a temblar.
Dentro había una solicitud de préstamo por cuatro millones de dólares.
Y una garantía personal.
Mi firma aparecía en todas las páginas.
—Yo nunca solicité esto.
Richard señaló la fecha.
—Hace cinco meses.
Recordé otra noche con Vanessa.
Una cena.
Una botella de vino.
Varios papeles que ella insistió en que firmara.
Sentí náuseas.
—¿Pueden quitarme la empresa?
—Existe un riesgo financiero importante, pero primero debemos verificar la validez de esos documentos.
Entonces Richard añadió:
—Claire ya había advertido a la entidad financiera de posibles irregularidades.
Levanté la mirada.
—¿Ella intentó protegerme?
—Intentó proteger su patrimonio, la empresa y el futuro de Noah.
Aquellas palabras me atravesaron.
Mientras yo gastaba dinero en hoteles, mi esposa estaba intentando impedir que nuestro hijo perdiera su seguridad económica.
Salí del despacho al anochecer.
Por primera vez en meses, no llamé a Vanessa.
Llamé a Claire.
No respondió.
Así que envié un mensaje.
«Sé que te hice daño. Noah merece un padre presente y responsable. No voy a exigirte que regreses. Solo quiero saber cómo está y cumplir con mis obligaciones».
Pasaron veinte minutos.
Finalmente llegó una respuesta.
«Noah está bien. Mi abogada organizará el contacto contigo. Por favor, respeta ese proceso».
Miré aquellas palabras durante mucho tiempo.
No había cariño.
No había insultos.
Solo una distancia que yo mismo había construido.
A la mañana siguiente, Richard volvió a llamarme.
—Daniel, encontramos algo extraño.
—¿Qué?
—La empresa que recibió parte del dinero de Carter Holdings está vinculada a un fideicomiso.
—¿De quién?
Richard vaciló.
—De la familia de Vanessa.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué familia?
—Su padre es Charles Cole.
Sentí un escalofrío.
Conocía ese nombre.
Charles Cole había sido socio de mi suegro, Thomas Bennett, antes de que este falleciera.
Ambos habían terminado enfrentados por un negocio inmobiliario.
—¿Qué tiene que ver eso con Claire?
Richard respiró profundamente.
—Parece que Charles intentó adquirir parte de los activos familiares de los Bennett hace años.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—¿Y Vanessa?
—Estamos investigando si se acercó a ti deliberadamente.
Entonces recibí un correo electrónico de una dirección desconocida.
El asunto decía:
«CLAIRE NO SE FUE SOLO POR TU INFIDELIDAD».
Lo abrí.
Había una fotografía tomada seis meses antes.
Mostraba a Vanessa reunida con Michael Lawson.
Y junto a ellos estaba una tercera persona.
Una mujer rubia.
La reconocí inmediatamente.
Era Linda.
La madre de Claire.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Debajo de la fotografía había una frase:
«Pregúntale a tu suegra por qué contrató a Vanessa».
Me quedé sin respiración.
Llamé inmediatamente a Richard.
—Necesito que veas algo.
Le envié la imagen.
Hubo un largo silencio.
Después dijo:
—Daniel, no saques conclusiones todavía. Esa fotografía no demuestra quién contrató a quién.
—Pero Linda estaba allí.
—Lo sé.
Escuché cómo revisaba documentos.
Entonces su voz cambió.
—Espera…
—¿Qué ocurre?
—Acabo de encontrar una transferencia realizada desde una sociedad vinculada a Linda.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿A quién?
Richard respondió lentamente:
—A Michael Lawson.
Aquella noche no pude dormir.
A las dos de la madrugada llegó otro mensaje.
Esta vez procedía del número de Claire.
«Daniel, tenemos que hablar. Hay algo sobre mi madre que necesitas saber».
Me incorporé inmediatamente.
—¿Claire?
Su respuesta apareció segundos después.
«Nunca te pedí que me fueras fiel para salvar la empresa. Te lo pedí porque todavía te amaba».
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
Después llegó un segundo mensaje.
«Pero cuando descubrí quién estaba detrás de Vanessa, comprendí que Noah y yo corríamos un riesgo que no podía ignorar».
Mis manos comenzaron a temblar.
Escribí:
«¿Quién estaba detrás de ella?»
Claire tardó casi un minuto en responder.
Finalmente apareció una fotografía.
Mostraba a Linda firmando un contrato con Charles Cole.
La fecha era de hacía cuatro años.
Y debajo había un documento que jamás había visto.
UN ACUERDO PARA OBTENER EL CONTROL DE CARTER HOLDINGS.
Me quedé paralizado.
Entonces Claire envió una última frase.
«Daniel, mi madre no contrató a Vanessa para separarnos. La contrató para acercarse a ti porque sabía que alguien estaba robando dinero de nuestra empresa».
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
Antes de que pudiera responder, llegó otro mensaje.
«Y lo que descubrió Vanessa es mucho peor que una infidelidad. Hay una cuenta secreta abierta a nombre de Noah antes de que naciera».
Miré fijamente la pantalla.
Nuestro hijo tenía apenas tres meses.
¿Cómo podía existir una cuenta a su nombre desde antes de su nacimiento?
Entonces Claire escribió:
«Daniel, necesito que recuerdes algo. ¿Quién te pidió que cambiaras el testamento la semana en que supimos que estaba embarazada?»
La sangre se me heló.
Porque recordé perfectamente aquella conversación.
Y la persona que me había convencido de hacerlo no era Vanessa.
Era mi propio padre.
CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…
