PARTE 2: EL NOVIO QUE ENTERRÉ

Me puse la placa.

—Terminaré el trabajo.

No iba a montar una escena.

Primero necesitaba saber por qué el hombre que debía estar muerto estaba a punto de casarse.

Volví al salón justo cuando comenzó la música.

Los invitados se levantaron.

Y Adrian apareció al final del pasillo.

Nuestros ojos se encontraron.

Su sonrisa desapareció.

Colleen me vio un segundo después.

Palideció.

Pero la mujer que caminaba hacia Adrian vestida de blanco fue quien terminó de romperme.

Sabrina Cole.

Su exnovia.

La mujer que Adrian juraba no haber visto en años.

Esperé hasta después de la ceremonia.

Adrian me encontró detrás del salón.

—Meredith.

Le di una bofetada.

—Te enterré.

No intentó detenerme.

—Puedo explicarlo.

—Empieza por decirme quién estaba dentro del ataúd.

Adrian bajó la mirada.

—Nadie.

Sentí náuseas.

El accidente había ocurrido de madrugada.

Colleen identificó supuestamente sus pertenencias y la familia insistió en un ataúd cerrado.

Pero el informe oficial decía algo distinto.

No se había recuperado ningún cuerpo identificable.

El funeral había sido simbólico.

A mí jamás me lo dijeron.

—¿Por qué?

Adrian miró hacia el salón.

—Porque alguien necesitaba creer que estaba muerto.

—¿Quién?

—Mi padre.

Me quedé inmóvil.

Su padre, William Parker, había desaparecido de la familia quince años antes.

Según Adrian, meses antes de nuestra boda descubrió que William seguía utilizando empresas creadas a nombre de sus hijos.

Adrian había empezado a reunir pruebas.

Entonces ocurrió el accidente.

—Alguien manipuló mi coche —dijo—. Sobreviví porque salté antes de que cayera por el barranco.

—¿Y decidiste dejarme llorarte durante tres meses?

—Mi madre dijo que si sabías que estaba vivo, podían seguirme hasta ti.

—No culpes a tu madre por una decisión que también tomaste tú.

Adrian guardó silencio.

—Tienes razón.

—¿Y Sabrina?

Su expresión cambió.

—Esta boda tampoco es real.

Solté una risa amarga.

—Qué conveniente.

Entonces Sabrina apareció detrás de él.

Todavía llevaba el vestido de novia.

Pero en lugar de enfadarse, me entregó una carpeta.

—Mira la última página.

Era un acuerdo societario.

Sabrina trabajaba para una firma que investigaba las empresas de William.

La boda había servido para reunir en un mismo lugar a varios socios que creían que Adrian estaba muerto.

No justificaba lo que me habían hecho.

Pero explicaba parte del engaño.

Entonces encontré mi nombre.

Meredith Hayes.

—¿Por qué estoy aquí?

Adrian cerró los ojos.

—Eso es lo que descubrí después del accidente.

Mi padre había invertido años atrás en una de las primeras compañías de William Parker.

Tras su muerte, su participación debía pasarme a mí al cumplir treinta años.

Yo tenía treinta y uno.

Nunca había recibido nada.

—¿Cuánto?

Sabrina respondió:

—Actualmente, unos ocho millones.

Sentí que me faltaba el aire.

Adrian sacó su teléfono.

—Tres semanas antes de nuestro supuesto funeral, alguien presentó una renuncia firmada por ti.

Miré el documento.

La firma era falsa.

Testigo:

Colleen Parker.

Me giré hacia ella.

Colleen estaba detrás de nosotros llorando.

—Yo no firmé eso.

—Entonces ¿quién?

Colleen sacó una llave del bolso.

—Por eso intenté esconderme cuando te vi.

Me la entregó.

—Adrian cree que su padre es quien está detrás de todo.

—¿Y tú no?

Negó lentamente.

—William desapareció hace quince años.

Su voz tembló.

—Pero alguien lleva meses usando su identidad.

Luego señaló el salón.

—Y esa persona está aquí.

Adrian se volvió hacia los invitados.

Colleen susurró:

—Meredith, el hombre que falsificó tu renuncia también fue quien organizó el supuesto funeral de Adrian.

Hizo una pausa.

—Y fue él quien llamó esta mañana para asegurarse de que tú trabajaras precisamente en esta boda.

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