Adrian dejó el teléfono sobre la mesa.
—Estás destruyendo una empresa por celos.
Deslicé una carpeta hacia él.
—Entonces explícame por qué aprobaste tres anticipos por servicios que nadie ha recibido.
No la abrió.
—Son decisiones operativas.
—Y por eso mañana las revisará una auditoría independiente.
Su mirada cambió.
—Victoria, podemos hablar sin convertir esto en un espectáculo.
Me quité el anillo y lo dejé junto a la carpeta.
—Nuestra relación termina aquí. Lo que ocurra en la empresa dependerá de los documentos.
Por primera vez, no encontró una respuesta preparada.
A la mañana siguiente suspendí las llamadas que había ordenado a bancos y proveedores. Quería hechos comprobados antes de arrastrar a empleados ajenos a nuestra disputa.
La auditoría encontró algo peor que un puesto para Sophie.
El nuevo proveedor estaba controlado por una sociedad vinculada a Adrian. Los anticipos habían financiado el alquiler de un apartamento, un coche y gastos personales presentados como costes comerciales.
También aparecieron correos.
“No uses mi nombre”.
“Victoria no revisará un contrato tan pequeño”.
“Cuando esté asegurado el próximo pago, te incorporamos oficialmente”.
Leí esas frases despacio.
No habían contado únicamente con mi confianza. Habían contado con mi ausencia.
El consejo se reunió esa tarde. Adrian intentó explicar que los pagos eran inversiones estratégicas, pero el responsable financiero confirmó que se habían eludido los controles internos.
Fue apartado de sus funciones mientras nuestros abogados iniciaban las acciones correspondientes.
Sophie pidió verme dos días después.
Llegó sin aquella sonrisa de la cena.
—Me dijo que ustedes solo estaban juntos por la empresa.
—¿Y qué te dijo sobre las facturas?
Bajó los ojos.
—Que nadie saldría perjudicado.
—Había empleados cuyos salarios dependían del dinero que ustedes gastaban.
Le indiqué que cualquier explicación debía entregarla a los investigadores. No necesitaba otra promesa.
Un mes después, entré en la sala del consejo. La silla de Adrian estaba ocupada por una directora interina elegida por su experiencia.
Rachel dejó el primer informe frente a mí.
—¿Está lista?
Miré mi mano sin anillo.
Había pasado semanas intentando apartar a Sophie del lugar que creía mío.
Ahora comprendía que el asiento equivocado era el de Adrian.
—Sí —respondí—. Empecemos.