PARTE 2: EL NIÑO QUE LLEVABA SU MISMO NOMBRE

Cinco años después, Grant Whitmore llegó a Port Townsend por negocios.

No buscaba a Claire.

Al menos eso se repetía.

El divorcio había terminado cuatro años atrás.

Madison había abandonado Whitmore Freight meses después de aquella gala.

Nunca habían sido amantes físicamente.

Grant descubrió demasiado tarde que eso no hacía menos real el abandono emocional que había destruido su matrimonio.

Aquella tarde entró en una pequeña librería para escapar de la lluvia.

Entonces escuchó una voz infantil.

—Mamá, ¿puedo llevarme este?

Grant se quedó inmóvil.

Claire estaba junto a una estantería.

El tiempo apenas parecía haberla tocado.

Pero frente a ella había un niño de unos cinco años, cabello oscuro, ojos grises y una pequeña cicatriz en la ceja izquierda.

La misma que Grant tenía desde niño.

Claire levantó la mirada.

El libro cayó de sus manos.

—Grant.

Él no respondió.

Miraba al niño.

—¿Cómo se llama?

Claire palideció.

—Elliot.

El pequeño sonrió.

—Elliot Whitmore Bennett.

Grant tuvo que apoyarse en una mesa.

—Whitmore.

Claire cerró los ojos.

—No aquí.

Minutos después estaban en el apartamento sobre la librería.

Claire colocó delante de él una carpeta.

Ecografías.

Certificado de nacimiento.

Fotografías de cada cumpleaños que Grant jamás había visto.

—¿Es mío?

—Sí.

Grant dejó de respirar.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Pensaba hacerlo.

Claire sacó el sobre color crema que nunca había entregado aquella noche.

Dentro seguía la ecografía original.

—Pero tres semanas después de irme recibí esto.

Era una carta.

Supuestamente escrita por Grant.

Renuncio a cualquier reclamación sobre el embarazo. No quiero que ese niño interfiera con mi vida ni con Madison.

Grant la leyó dos veces.

—Yo nunca escribí esto.

—Lo sé ahora.

Claire colocó otro documento sobre la mesa.

Un análisis forense realizado recientemente había determinado que la firma era falsa.

Grant levantó la mirada.

—¿Quién la falsificó?

—Eso intentaba descubrir.

La puerta se abrió.

Eleanor entró cargando una bolsa de compras.

Cuando vio a su hijo, se quedó completamente blanca.

—Grant…

Él levantó la carta.

—¿Sabías que Claire estaba embarazada?

Su madre comenzó a temblar.

Claire frunció el ceño.

—Eleanor siempre me dijo que tampoco lo sabía.

Grant vio algo en el rostro de su madre.

—Mamá.

Eleanor se sentó lentamente.

—Descubrí lo del bebé dos meses después de que Claire se marchara.

—¿Y guardaste silencio durante cinco años?

—Porque recibí una amenaza.

Sacó de su bolso una vieja fotografía.

Claire embarazada saliendo de una consulta.

Al reverso había una frase:

“Si Grant descubre que tiene un hijo, terminaremos lo que empezamos con su padre.”

Grant levantó la cabeza.

Su padre había muerto en un accidente de coche doce años atrás.

—¿Quién te envió esto?

—No lo sabía entonces.

Eleanor sacó otra fotografía, recibida apenas tres días antes.

Mostraba a Elliot saliendo de la escuela.

A su lado aparecía un hombre.

Grant dejó caer la carta.

—Eso es imposible.

Claire miró la imagen.

—¿Quién es?

Grant tardó varios segundos en responder.

—Mi padre.

Eleanor comenzó a llorar.

—No murió aquella noche.

Grant volvió la fotografía.

Había una fecha y una dirección de Chicago.

Debajo, una frase escrita a mano:

“Trae a mi nieto. Es hora de que Elliot herede aquello por lo que fingí mi muerte.”

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