PART 2 — LO QUE GRABÓ LA CÁMARA

El oficial Reyes abrió la puerta de la sala y llamó a otro agente.

—Traigan el equipo para revisar la copia.

Nathan no se apartó.

—Esa grabación es propiedad privada.

—Y puede ser evidencia de un delito —respondió Reyes—. Hágase a un lado.

Clara se aferró a su bolso.

—Emma, por favor. Si el video se hace público, mi fundación perderá el proyecto.

La miré.

—¿Y Lily? ¿Qué habría perdido ella?

Clara no contestó.

El agente conectó la memoria a una computadora aislada.

La pantalla mostró la fecha del accidente y una imagen nocturna, granulada, pero nítida en lo esencial.

Primero apareció Clara al volante del Bentley.

Nathan iba en el asiento del copiloto.

Ninguno de los dos parecía herido.

Después, Clara miró el teléfono y aceleró.

—No puedo dejar que ese hombre entregue los documentos —dijo.

Nathan se inclinó hacia ella.

—Solo asústalo. No pares aquí.

Entonces llegó el impacto.

El hombre cayó fuera del cuadro.

Clara frenó unos metros adelante y empezó a llorar.

—Nathan, ¿qué hago?

Él miró hacia atrás, abrió la puerta y bajó.

—Cámbiate de asiento. Ahora.

El oficial Reyes detuvo el video.

Nadie habló.

El agente conectó la memoria a una computadora aislada.

—¡Está editado! —gritó—. ¡Emma lo preparó!

Reyes señaló la pantalla.

—El archivo conserva su sello digital y el registro de intentos de borrado. Tenemos también la copia del taller.

Clara se tapó la boca.

Yo no podía apartar los ojos de la imagen congelada: Nathan en el asiento del conductor, cambiando de lugar con ella mientras el hombre seguía tendido en la carretera.

Entonces el video continuó.

Clara regresó al auto.

Nathan le entregó algo pequeño.

—La memoria del hombre —dijo él—. Si la policía la encuentra, nos hundimos los dos.

El agente pausó la grabación otra vez.

—¿Qué memoria? —preguntó.

Nathan dejó de forcejear.

Clara empezó a llorar.

Y, por primera vez, comprendí que el accidente no había sido el único delito que intentaban ocultar.

Reyes miró a Nathan.

—¿Dónde está ese dispositivo?

Nathan me sostuvo la mirada, pálido.

—Emma, si dices una palabra más, Lily no estará a salvo.

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