A las cuatro de la tarde, Mia me llamó desde un número desconocido.
—El señor Caldwell está buscando los documentos del proyecto. Vanessa le dijo que usted los entregaría antes de irse.
—No los tengo en la empresa —respondí—. Los originales están bajo custodia del consorcio.
Al otro lado hubo una pausa.
—Claire… ¿qué significa eso?
Antes de que pudiera explicarlo, oí la voz de Ethan de fondo:
—Pregúntale dónde están. No podemos presentarnos mañana sin ellos.
Colgué.
El proyecto de seis mil millones llevaba dieciocho meses en negociación. No era solo una obra de infraestructura: incluía financiación, licencias y acuerdos con tres socios internacionales. Yo había construido la propuesta, conseguido que confiaran en Caldwell Group y negociado cada cláusula.
Pero había incluido una condición que Ethan nunca se molestó en leer.
El consorcio solo seguiría adelante si yo permanecía como directora ejecutiva del proyecto hasta la firma final. Si la empresa me apartaba sin causa documentada, ellos podían suspender el acuerdo y renegociar con el equipo que yo eligiera.
No había pensado que tendría que usar esa cláusula.
A las cinco, un abogado del consorcio me llamó.
—Señora Sullivan, recibimos la notificación de su despido. El comité quiere saber si confirma que ya no representa a Caldwell Group.
Miré la lluvia detrás del cristal.
—Lo confirmo.
—Entonces se activa la cláusula de continuidad. La reunión de mañana queda cancelada.
Mi teléfono empezó a vibrar. Ethan. Vanessa. El departamento legal. No contesté.
A las seis, Mia volvió a llamar.
—Vanessa dice que usted está saboteando la empresa.
—No. Solo ya no estoy trabajando para ella.
—Ethan quiere hablar contigo. Dice que es una emergencia.
—Que revise los documentos que firmó.
Hubo un silencio incómodo.
—Hay algo más —dijo Mia—. El abogado encontró una copia del contrato en el despacho del señor Caldwell. La cláusula estaba marcada en amarillo. Alguien la había subrayado hace meses.
Se me heló la espalda.
—¿Quién?
Mia bajó la voz.
—La firma al margen es de Vanessa.
Entonces entró un mensaje del abogado del consorcio:
«La señora Lane acaba de llamar a nuestro presidente. Asegura que usted falsificó las condiciones del acuerdo. El comité solicita que se presente mañana con los originales».
Antes de que pudiera responder, llegó otro mensaje.
«El presidente quiere advertirle algo: Vanessa no llamó sola».