PARTE 2: El hombre que reconoció el pergamino

El veterano se acercó lentamente.

—Victoria Hayes.

Mi nombre hizo que Carlos levantara la cabeza.

—¿La conoce?

El anciano soltó una breve risa.

—Conocí a su padre.

Luego señaló el pergamino.

—Y sé exactamente lo que significa eso.

Ethan recuperó parte de su arrogancia.

—Es un parche. Yo llevo ocho años entrenando.

—Entonces deberías saber cuándo dejar de hablar —respondió el veterano.

La multitud quedó en silencio.

Yo pisé la colchoneta.

—Carlos, seguimos con las reglas acordadas.

Él asintió.

—Control absoluto.

Ethan entró frente a mí.

—No esperes que te trate diferente.

—Eso espero.

Carlos dio la señal.

Ethan avanzó inmediatamente, intentando cerrar distancia.

No competí con su fuerza.

Cambié el ángulo, mantuve el equilibrio y neutralicé su primer intento.

Volvió a entrar más agresivo.

Esta vez aproveché su impulso.

Segundos después estaba en el suelo.

No hubo golpes.

No hubo espectáculo.

Solo control.

Ethan intentó girar.

Detuve el movimiento sin lastimarlo.

Carlos levantó la mano.

—¡Se acabó!

Me aparté inmediatamente.

Durante varios segundos nadie habló.

Entonces Walt comenzó a aplaudir.

Otros lo siguieron.

Ethan se levantó rojo de vergüenza.

—Tuvo suerte.

Carlos lo miró con decepción.

—No. Tuviste una oportunidad de aprender y elegiste presumir.

Tomé el sobre de diez mil dólares y se lo entregué al organizador.

—Fondo de veteranos.

Richard Caldwell apareció entonces.

—Un momento.

Su tono hizo callar nuevamente a todos.

Pero no estaba mirando a su hijo.

Me miraba a mí.

—Hayes… ¿Victoria Hayes?

El veterano mayor se volvió hacia Richard.

—Ahora la reconoces.

Richard palideció.

Aquello me llamó la atención.

—¿Nos conocemos?

—No personalmente.

Miró mi uniforme.

—Pero conozco su apellido.

Sacó rápidamente el teléfono.

—Papá, déjalo —murmuró Ethan.

Richard ignoró a su hijo.

—Hace doce años, Caldwell Defense recibió un contrato militar que salvó nuestra empresa.

Sentí que mi expresión cambiaba.

—¿Y?

—El equipo que recomendó cancelar ese contrato estaba dirigido por una capitana llamada Victoria Hayes.

La multitud desapareció de mi conciencia.

Yo recordaba aquel expediente.

Equipamiento defectuoso.

Informes modificados.

Una investigación que desapareció antes de llegar a audiencia.

—Ese contrato debía ser suspendido —dije.

Richard tragó saliva.

—Lo sé.

El veterano dio un paso adelante.

—¿Quién es usted? —pregunté.

Me tendió la mano.

—Coronel retirado Samuel Griffin.

Walt se quedó inmóvil.

—¿Griffin?

Samuel asintió.

—Yo firmé la orden original para investigar Caldwell Defense.

Richard retrocedió.

Entonces Samuel sacó un sobre viejo de su chaqueta.

—Victoria, llevo once años intentando encontrarte.

Dentro había copias de documentos que yo había escrito durante mi servicio.

En la última página aparecía mi firma.

Pero no era mía.

—¿Quién falsificó esto?

Samuel miró directamente a Richard.

—Eso es precisamente lo que vine a descubrir.

Richard negó desesperadamente.

—Yo no falsifiqué nada.

—Entonces dinos quién lo hizo.

Su mirada recorrió la multitud antes de detenerse en alguien detrás de mí.

Me giré.

Denise seguía allí.

Ya no sonreía.

Richard susurró:

—Pregúntale a tu querida vecina por qué trabajaba en Caldwell Defense la misma semana en que desapareció tu investigación.

Y por primera vez desde que comenzó el desafío, Denise soltó mi brazo y dio un paso atrás.

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